Hoy, 8 de diciembre, el mundo conmemora 45 años de la muerte de John Lennon. Aquel lunes de 1980 amaneció lleno de promesas para el músico de 40 años, quien vivía un renacer artístico y personal en Nueva York junto a Yoko Ono y su hijo Sean.
Lennon estaba promocionando su álbum Double Fantasy, su regreso a la industria tras años de silencio. La jornada comenzó con optimismo: una sesión de fotos con Annie Leibovitz para la revista Rolling Stone —donde posó abrazado a Yoko— y una entrevista radial en la que habló con entusiasmo sobre el futuro.

Al regresar a su casa en el edificio Dakota, John Lennon se encontró nuevamente con Mark David Chapman, quien lo había esperado todo el día.
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La tarde transcurrió en el Record Plant Studio, trabajando en nuevas grabaciones. Testigos recuerdan a un Lennon feliz, bromista y productivo. Nadie imaginaba que su asesino ya estaba acechando.
Horas antes, al salir del edificio Dakota, Lennon le había firmado un disco a un fanático que esperaba en la acera: Mark David Chapman. El encuentro fue breve y cordial.
Alrededor de las 10:50 p.m., la pareja regresó a casa. Chapman seguía allí. Cuando Lennon caminó hacia la entrada, el atacante se acercó por la espalda y disparó cinco veces. Cuatro balas impactaron al músico, quien logró dar unos pasos antes de desplomarse en el vestíbulo.

Lennon fue llevado de inmediato al hospital, donde los médicos no pudieron salvarlo.
El final en el Roosevelt
La gravedad de las heridas obligó a la policía a no esperar una ambulancia; cargaron a Lennon en una patrulla y corrieron hacia el Hospital Roosevelt. A pesar de los esfuerzos desesperados de los médicos y las maniobras de emergencia, el daño en los órganos vitales y la pérdida de sangre fueron irreversibles.
A las 11:15 p.m., el mundo recibió la noticia: John Lennon había muerto.
El asesino y su condena
Mientras el caos se desataba, Chapman permaneció en la escena del crimen, tranquilo, leyendo The Catcher in the Rye (El cazador oculto) hasta que fue arrestado.
Condenado en 1981 a una pena de 20 años a cadena perpetua, Chapman confesó que lo hizo movido por un oscuro deseo de fama y notoriedad.

Chapman aseguró que actuó por motivos egoístas relacionados con la fama y no por razones políticas o personales.
Hoy, más de cuatro décadas después, Chapman permanece tras las rejas. Desde el año 2000 es elegible para libertad condicional, pero sus solicitudes han sido rechazadas repetidamente por las juntas de revisión, al considerar que no muestra un remordimiento genuino y que su liberación socavaría la gravedad del crimen que cambió la historia de la música.
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