Alemania rompe el tabú: el avance de la extrema derecha fractura la estabilidad europea

El histórico triunfo de Afd en el Este y el vuelco de Berlín hacia la izquierda radical, consolidan el voto castigo frente a la crisis industrial, energética y migratoria

por Dennys Bracho

Este domingo marca un antes y un después en Europa: el electorado alemán está rompiendo 81 años de tabú y la extrema derecha —que formalmente niega cualquier lazo con el nacionalsocialismo, pero lo imita en sus discursos y programas electorales— avanza en las elecciones regionales.

La última hazaña se ha dado hace escasas horas, cuando el partido Alternative für Deutschland (Afd) alcanzó el 38 por ciento de los votos en la región de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, antiguamente situada en la Alemania del Este y bajo hegemonía socialdemócrata desde la reunificación del país en 1990.

Esta vez, el Partido Socialdemócrata (Spd) ha quedado en segundo lugar y el peor revés lo ha registrado la Cdu, formación demócrata cristiana que apenas alcanzó el 4,9%, un dato que pondría en riesgo su presencia en el parlamento regional al no superar el umbral mínimo legal. Si bien el 38 por ciento no basta a Afd para gobernar por sí solo y tampoco tiene aliados, el Spd (29 escaños), Die Linke (5 escaños) y los Verdes (otros 5) podrían formar un gobierno de coalición, dejando a Afd aislado por el «cordón sanitario». Sin embargo, aquí no estamos hablando únicamente de un período de gobierno, sino de una tendencia al voto castigo que se confirmó hace pocos días en Sajonia-Anhalt —región donde Afd obtuvo el 43,8 por ciento de los votos— y que se extiende con rapidez por todo el viejo continente.

El partido de extrema derecha ha experimentado una evolución constante desde su fundación en 2013, y en 2025 ya se consagró como la segunda fuerza nacional y líder de la oposición en el Bundestag. El impulso se ha debido a una serie de factores que van desde la crisis migratoria de 2015 hasta la polarización geográfica en la que pierden las regiones orientales del país, en parte por la vertiginosa caída del sector automotriz, que en su momento fue orgullo nacional y motor económico de la nación.

La situación alemana es, sin embargo, más compleja: mientras el Este vira a la extrema derecha, Berlín se vuelca hacia la izquierda radical que obtiene entre el 24 por ciento y el 25 por ciento de los consensos. Allí también se registra la caída de los partidos tradicionales (el Spd con un 19-20 por ciento y la Cdu con un 14-16 por ciento).

En ambas regiones, además, pudieron votar los jóvenes de entre 16 y 18 años, continuando con la tendencia iniciada en las elecciones europeas de 2024. Sobre el resultado influye también la crisis de materias primas. Alemania ya no recibe el gas barato de Rusia —como ocurría antes de la guerra en Ucrania, cuando el país mantenía una relación comercial privilegiada—, a lo que se suma el miedo a nuevas presiones migratorias desde un Oriente Medio en guerra y la pérdida de competitividad ante potencias como EE.UU. y China.

Expertos como el sociólogo Matthias Quent explican que la fractura entre el Este y el Oeste de Alemania «nunca se desvaneció del todo, sino que hoy se transforma en una división ideológica total». De tal forma, el Este «ve en la Afd un voto de autodefensa cultural, mientras el Oeste urbano se refugia en el progresismo, fragmentando la identidad política de la nación».

Es un problema estructural que los alemanes arrastran consigo desde la caída del Muro de Berlín (1989) y que ahora, en tiempos de crisis, surge nuevamente pasando factura en las urnas.

NotiPrimicia/ Especial: Estefano Tamburrini

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