Es una creencia popular que casi tiene rango de ley: «Me enfermé porque estaba muy estresado». Pero, ¿qué tan cierto es esto desde el punto de vista médico? Según nuevas explicaciones de expertos del Imperial College London, la respuesta es un rotundo sí, pero con un matiz crucial: no todo el estrés es igual.
Daniel M. Davis, jefe de ciencias de la vida en dicha institución y autor del libro Self Defence, explica que el impacto en nuestra salud depende de la duración de la angustia.
El mito del «susto» momentáneo
Davis aclara que el estrés a corto plazo —como el que sentimos al ver una película de terror o antes de una presentación— tiene un efecto insignificante en nuestra salud global. «El número de células inmunes en la sangre cambia, pero vuelve a la normalidad en aproximadamente una hora, por lo que es poco probable que tenga un impacto mayor«, señala el experto.
El verdadero asesino: El estrés crónico
La historia cambia radicalmente cuando la preocupación se instala por semanas o meses (como durante un divorcio, problemas financieros o presión laboral constante). Cuando el cuerpo percibe una amenaza continua, las glándulas suprarrenales inundan el sistema con hormonas como la adrenalina y el cortisol.
El mecanismo es biológicamente perverso para el mundo moderno:
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Reacción de lucha o huida: El cuerpo se prepara para una emergencia física, subiendo la presión arterial y el ritmo cardíaco.
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Supresión de defensas: Para ahorrar energía, el cuerpo «apaga» temporalmente el sistema inmunológico.
«Podemos ver esto incluso a nivel molecular», advierte Davis. «Si tomamos células inmunes y las exponemos a células enfermas, como el cáncer, generalmente las destruyen. Pero si añadimos cortisol, se vuelven mucho menos efectivas».
¿Qué hacer?
Aunque probar científicamente qué tanto ayuda la relajación es difícil (por cuestiones éticas no se puede enfermar a gente a propósito para estudiarla), la evidencia sugiere que prácticas como el mindfulness o el tai chi pueden reducir los niveles de cortisol, beneficiando teóricamente la inmunidad.
El consejo final del experto es pragmático: «No se puede evitar el estrés; cada cambio en la vida trae estrés asociado«. Sin embargo, si sientes que vives en un estado de alerta permanente, la recomendación es clara: acude a tu médico. Tu sistema inmune te lo agradecerá.
Agencias / NotiPrimicia
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