Entre el 8 y el 10 de enero, distintas ciudades de Irán vivieron una de las jornadas represivas más graves de los últimos años, marcada por un apagón casi total de internet y comunicaciones, lo que ha dificultado conocer con precisión la magnitud de lo ocurrido. Aun así, videos y testimonios lograron salir del país a través de internet satelital, revelando un escenario de violencia extrema contra manifestantes y civiles.
De acuerdo con relatos recopilados por el servicio persa de la BBC, las fuerzas de seguridad habrían empleado munición real, francotiradores, drones y unidades de la Guardia Revolucionaria, actuando incluso desde azoteas y vehículos particulares. Los testimonios coinciden en describir disparos directos, uso indiscriminado de la fuerza y calles convertidas en auténticos campos de batalla, donde no se distinguía entre manifestantes y transeúntes.
Aunque las cifras oficiales siguen sin publicarse, organizaciones de derechos humanos y fuentes locales hablan de cientos o incluso miles de fallecidos, además de morgues colapsadas y cuerpos retirados de manera acelerada. La falta de información transparente y la censura impuesta por las autoridades mantienen a la población en un clima de miedo generalizado, mientras continúan las protestas desde casas y azoteas, en un país prácticamente incomunicado con el exterior.
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