Cena en medio de los escombros: Gaza vive su primer Ramadán tras el frágil alto el fuego

por Dennys Bracho

La ciudad más grande del sur de Gaza celebra su tercer Ramadán desde el inicio de la guerra en octubre de 2023, pero esta vez bajo un frágil alto el fuego que permite a los palestinos reunirse y compartir comidas, aunque la vida cotidiana sigue marcada por la devastación y la pérdida.

Historias de resiliencia

Reema, profesora y madre de tres hijos, perdió a uno de ellos durante un bombardeo israelí que derrumbó parcialmente su vivienda. Tras ser desplazada en tres ocasiones, vive ahora en una tienda improvisada junto a su familia. Esta semana montó una mesa con vecinos para romper el ayuno diario, una práctica que para muchos simboliza unidad, caridad y continuidad de la vida en medio de la guerra.

«Antes era un festivo que movilizaba a todo el barrio, ahora lo celebramos sobre todo por los niños, porque hay que seguir adelante», explica Reema. Pese a que hay más alimentos en el mercado, asegura que los precios siguen siendo prohibitivos y cocinar se ha convertido en un esfuerzo colectivo.

La tregua y sus limitaciones

David Noguera, médico de Médicos Sin Fronteras (MSF) que acaba de regresar de Gaza, advierte que la tregua ha dado cierto respiro, pero no implica mejoras estructurales: «El territorio está como en pausa, no hay avances reales. La población sigue viviendo en condiciones extremadamente precarias».

Con 83% de los edificios destruidos o inhabitables, miles de personas conviven en plásticos y maderas que cubren escombros, compartiendo baños y haciendo largas colas para adquirir alimentos. Desde el inicio de la tregua, 600 palestinos han muerto en ataques israelíes, y la amenaza de violencia persiste a lo largo de la denominada ‘Línea amarilla’, frontera apenas marcada donde los civiles han sido disparados por error.

Desafíos para la asistencia humanitaria

MSF y otras ONG enfrentan restricciones crecientes: desde enero, no pueden ingresar medicinas ni materiales esenciales para hospitales, y el personal especializado ha tenido que duplicar turnos ante la falta de reemplazos. Michail Fotiadis, coordinador de emergencias de MSF, denuncia que algunos productos básicos solo están disponibles en el mercado negro debido a las prohibiciones, afectando tratamientos de pacientes crónicos y mujeres embarazadas.

«Todas las cremas que llevan glicerina están prohibidas porque creen que se puede destilar para hacer bombas. Tampoco nos dejan entrar sillas de ruedas. Este tipo de cosas son sin sentido», explica Noguera.

A pesar de los avances limitados, la tregua permite restablecer programas sanitarios y dar un respiro emocional a los civiles, aunque la reconstrucción y la normalización de la vida diaria parecen aún muy lejanas.

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