Cena navideña: Tradición vs. Economía

Cuando las fechas decembrinas se acercan y las alegrías de las tradiciones invaden los hogares venezolanos, muchos se preguntan cómo podrán costear este año las típicas cenas familiares del 24 y 31 de diciembre

por Evelis Borjes

La cena navideña de las familias venezolanas son tan ricas, variadas y llenas de diferentes matices, con características muy particulares, que cada venezolano, sin importar la distancia, es capaz de descifrar esos olores, sonidos y sensaciones distintivos de las fechas decembrinas que pintan e invaden el ambiente de cada hogare incluso llenan ciudades completas.

Gaitas zulianas en cada estación de radio, dentro de los locales comerciales y en las casas; niños con instrumentos que animan las calles y brindan una sensación festiva en cada esquina. La frescura de las brisas decembrinas cada mañana y tarde, que anuncian la llegada de los últimos meses del año. Los particulares olores del pan de jamón en cada panadería le dan forma a las tradiciones de fin de año.

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La tocineta, las alcaparras, las aceitunas y cada ingrediente que perfuma las cocinas con el típico relleno de las hallacas cocinándose a fuego lento durante horas; el sabor del vino. Los primeros restaurantes que comienzan a ofrecer el tradicional plato navideño, compuesto por la emblemática hallaca de pollo, cerdo o res, el pan de jamón, la ensalada de gallina y el pernil, conforman ese abanico de sabores venezolanos que marcan la llegada de diciembre.

Compartir familiar

Cada una de estas sensaciones se convierte en una experiencia completa cuando las familias se reúnen a compartir y cocinar durante días seguidos estos grandes y emblemáticos platos. No solo crean un momento, sino memorias vivas que despiertan en las mentes y corazones de cada persona, llenando los espacios de nostalgia y, al mismo tiempo, de una preocupación que crece con los años.

La pregunta que surge es: ¿cómo se hará para poder costear la cena navideña de este año? Con una inflación que incrementa a diario y el constante aumento del precio de la divisa, muchos ingredientes necesarios para llevar a cabo cada receta se convierten en un reto para la mayoría de los venezolanos. La incertidumbre de saber si se podrá costear cada componente se ha convertido en un sentimiento general dentro de la población.

A medida que la inflación avanza, muchas tradiciones o la posibilidad de mantenerlas disminuyen debido al aumento de los precios y del costo de vida. «Cena navideña solo el 24 y el 31 porque la masa no está pa’ bollo», compartió Marianela Prieto, una marabina de la tercera edad, cuando se le preguntó sobre sus planes y preparativos para estas fechas.

«Ahorita nos estamos beneficiando es con Cashea», comentó. La aplicación móvil en Venezuela permite comprar productos y servicios en cuotas sin intereses.

Cena navideña

Prieto recalcó las diferencias entre las navidades de antes y las actuales: «Antes, con mi mamá, ella empezaba a hacer hallacas desde el espíritu de la Navidad (21 de diciembre) y era hasta el día de la Divina Pastora (14 de enero), y eso era comida y comida seguida, y ni pelotas le paraban al dólar en ese momento».

En 2025, el precio de una hallaca puede rondar los cuatro dólares, y los platos navideños individuales que muchos restaurantes ofrecen cuestan entre Bs. 2.415,57 y Bs. 3.865,12 (aproximadamente entre 10 y 16 dólares, según la cotización del BCV),
aunque estos valores cambian rápidamente. El precio de un pan de jamón mediano de 25 cm es de unos $10 , y uno de mayor tamaño, de alrededor de 50 cm, puede costar hasta $16.

¿Qué expectativas aguardan a los venezolanos, especialmente a las madres, quienes tradicionalmente son las directoras detrás de las orquestas culinarias de cada cena familiar? «Poder hacerla», dijo con un tono suave y lleno de esperanza Maybelyn Prieto, madre soltera de tres hijos con edades entre 6 y 15 años, quien al igual que muchas mujeres espera lograrlo.

«La situación actual está difícil y en mi casa tratamos de hacer hallacas, pasticho o macarronada; o se hace un arroz negro. Cuando no tenemos para costear el pernil, hacemos pollo relleno, porque no siempre tenemos pa’ pernil. Entonces, este año la expectativa es que se pueda hacer la cena. Al final siempre buscamos la vuelta para hacerla y recibir a mi hermana que viene desde Coro, y a mi hermano; siempre buscamos la manera», señaló la madre de familia.

Sabores

Así como los sabores de cada plato se quedan no solo en el paladar sino también en el corazón, la nostalgia por quienes ya no están en la mesa es un sentimiento imposible de ocultar en estas fechas.

Aybelyn Prieto recordó: «Las hallacas, desde que se murió mi mamá, tratamos de hacerlas solo el 31, porque ella las hacía desde octubre para vender y para la casa. Pero desde que falleció, solo las hacemos para fin de año».

Tradición

Para muchas familias, la preparación de la cena navideña se ha convertido en un acto de resistencia emocional y cultural. Aunque los precios aumentan y los ingresos no siempre alcanzan, el deseo de mantener viva la tradición se impone.

Cocinar una hallaca o compartir un pan de jamón se transforma en un símbolo de unión, una manera de recordar que, pese a las dificultades, aún existe un espacio para celebrar.

Menú tradicional

Sin embargo, esa resistencia también implica sacrificios. Algunas familias deben priorizar qué plato hacer y cuál dejar fuera del menú; otras optan por versiones más económicas o por dividir los gastos entre varios miembros. Aun así, la cena navideña venezolana sigue siendo más que un conjunto de recetas: es un ritual que conecta a generaciones, una herencia que se resiste a desaparecer.

Entre familias y vecinos existe una red de apoyo que se vuelve más visible en diciembre. La madre de tres hijos comentó que en su sector siempre intercambian ingredientes o comparten algún plato para que nadie se quede sin su hallaca. «Si a la vecina le falta la hoja, yo le doy. Si a mí me falta la alcaparra, ella me pasa. Para muchos, la cena navideña es un esfuerzo colectivo que se construye entre manos amigas.

A diferencia de épocas anteriores, como los años de fuerte escasez, hoy los anaqueles están llenos y los productos abundan. Sin embargo, la situación es paradójica. Ya no es la falta de ingredientes lo que limita las tradiciones, sino el dinero para adquirirlos. Maybelyn lo resumió con su experiencia: «Ahorita sí hay de todo… pero una sola persona no puede comprarlo todo, ya no toca caminar tanto para conseguir las cosas. Toca decidir qué se hace y qué no». Esta nueva realidad ha redefinido el significado de “poder celebrar”.

Para ella, lo más importante sigue siendo compartir. «Lo principal es estar juntos, así sea con una hallaca y ya. La cena no se trata solo de la comida, sino de la compañía», comentó mientras recordaba las cenas con su mamá y el calor de una casa llena. La mesa puede cambiar, los ingredientes pueden ajustarse, pero el acto de reunirse continúa siendo el verdadero centro de la celebración.

Marianela también insistió en el valor de la unión familiar. Aunque reconoce que todo está más costoso, asegura que en su hogar siempre encuentran la manera de celebrar. «Hasta ahora hemos sido bendecidos. Siempre comemos lo que queremos y estamos juntos, que es lo que más vale», relató. Su voz refleja la mezcla de gratitud y nostalgia que acompaña al venezolano cada diciembre.

Sustituir ingredientes

La resiliencia del venezolano se hace evidente en estos pequeños actos: Sustituir ingredientes, acortar porciones, preparar versiones más económicas, pedir colaboración a los vecinos o comenzar las compras con meses de anticipación. La intención de mantener intactas las tradiciones navideñas es, en sí misma, un gesto de resistencia cultural que une generaciones.

A pesar de los desafíos económicos, la esperanza de compartir la cena en familia sigue viva en el corazón de cada persona. Es una emoción que se repite año tras año, como una promesa silenciosa de que, sin importar lo que pase, diciembre siempre tendrá un espacio para la celebración.

Sin embargo, para muchos venezolanos las tradiciones también se han vuelto más solitarias. La migración masiva ha dejado sillas vacías en incontables hogares donde antes sobraban risas y conversaciones. Viajar de un país a otro se ha vuelto costoso y complicado, por lo que la distancia pesa más fuerte en estas fechas. «Uno siempre extraña a los que están afuera», agregó Prieto.

Por eso, la oración de cada familia venezolana se parece mucho: celebrar juntos, en paz, compartir y crear nuevas memorias que perduren. Es un anhelo que se extiende más allá de la mesa, más allá de la hallaca o del pan de jamón; es un deseo profundo de reencontrarse y sanar un año más.

En un país donde las dificultades económicas marcan el ritmo diario, la cena navideña se convierte en un acto de fe y resistencia. Cada hallaca preparada, cada pan de jamón compartido y cada familia que se sienta junta a comer representan mucho más que una tradición culinaria: es la manifestación viva de la identidad venezolana que se niega a desaparecer.

Aunque cambien los tiempos, los precios o incluso los integrantes que ahora celebran desde lejos, diciembre sigue siendo un recordatorio de lo que une al país. En cada mesa, humilde o abundante, se renueva la esperanza de que el próximo año permita reencontrarse, celebrar y mantener vivo ese espíritu que, pese a todo, el venezolano nunca pierde ni perderá.

Texto: Arianna Rosales estudiante de la cátedra de Redacción y Estilo Periodísticos I de la URBE

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