Con Estados Unidos ausente de la cumbre climática anual de la ONU (COP30) por primera vez en tres décadas, China está ocupando el centro del escenario como el nuevo líder en la lucha contra el calentamiento global en la ciudad amazónica de Belém, Brasil.
La administración del presidente Donald Trump, escéptico del cambio climático, retiró nuevamente a Estados Unidos del Acuerdo de París y este año, por primera vez, se negó a enviar una delegación oficial de alto nivel para representar los intereses del país.

Asistentes frente al Pabellón de China durante el COP30 en Belém, Brasil. REUTERS/Adriano Machado
El vacío dejado por Washington es evidente. El pabellón de China domina el salón de entrada del recinto. Ejecutivos de sus gigantes de energía limpia, como CATL (el mayor fabricante de baterías del mundo) y BYD (gigante de autos eléctricos), presentan sus visiones de un futuro verde a grandes audiencias en inglés.
Este rol protagónico, que solía pertenecer a Washington, ahora reside en Pekín. La delegación china ofrece café de origen único y obsequios, mientras sus diplomáticos trabajan «tras bastidores» para asegurar conversaciones constructivas.

Asistentes caminan frente al Pabellón de China durante la COP30 en Belém, Brasil. REUTERS/Adriano Machado
«EEUU está frito competitivamente»
La Casa Blanca defendió la ausencia, afirmando que el presidente Trump «no pondrá en peligro la seguridad económica y nacional de nuestro país para perseguir vagos objetivos climáticos».
Sin embargo, los críticos advierten que esta retirada cede un terreno invaluable. Gavin Newsom, gobernador de California, presente en la cumbre, lanzó una dura advertencia: «Estados Unidos está frito competitivamente si no despertamos a lo que hacen[China] en este espacio, en las cadenas de suministro, cómo están dominando la manufactura».

Asistentes caminan frente al Pabellón de China durante la COP30 en Belém, Brasil. REUTERS/Adriano Machado
El poder real
Expertos y diplomáticos en la COP30 coinciden en que el nuevo liderazgo de China no es solo discursivo, sino que se basa en su indiscutible dominio industrial.
Ana de Toni, directora ejecutiva de la COP30, elogió el papel de China, señalando que gracias a su «capacidad de escala, ahora también podemos comprar [tecnología] baja en carbono a precios competitivos».
Un analista de Asia Society Policy Institute resumió el cambio de poder: «El país más poderoso no es el que tiene el micrófono más ruidoso en la COP, sino el que realmente produce e invierte en tecnologías bajas en carbono».
Reuters / NotiPrimicia
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