Cuando la violencia se vuelve cotidiana

Estas cifras pueden tener varias causas, siendo una de estas la insensibilización que pueden sufrir las personas hacia la violencia

por Evelis Borjes

El homicidio es la causa principal de la muerte de jóvenes en el continente americano, con un porcentaje de entre un 60% y 70% de estos teniendo relación con armas de fuego, según la Organización Panamericana de la Salud.

Estas cifras pueden tener varias causas, siendo una de estas la insensibilización que pueden sufrir las personas hacia la violencia. Se demostró que estar expuestos a ambientes violentos puede generar que las personas. Especialmente aquellos en situaciones vulnerables o parte de minorías marginadas ya que, tienden a sufrirlo más, pueden generar una normalización hacia estas conductas.

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Dicha exposición puede presentarse de diferentes maneras según el contexto de cada persona, desde estar directamente envueltos en este tipo de situaciones, que comúnmente en las edades tempranas se observa en los hogares, hasta el consumo constante de contenido agresivo e incluso está presente en los patrones culturales arraigados en la sociedad desde tiempos históricos.

No es algo nuevo ni exclusivo de las nuevas generaciones, pero es importante detallar las diferentes maneras en que se presentaba la violencia hace unas décadas atrás y la forma en que se atraviesa y normaliza hoy en día. Especialmente entre las nuevas generaciones.

La mente acostumbrada al daño

La psicóloga Elvis Villalobos, quien tiene experiencia trabajando en casos de violencia, explica que la insensibilización hacia esta sucede cuando una persona no es capaz de reconocerla como tal y estas conductas que ciertamente son violentas, se le atribuyen a la cotidianidad. Ella comenta que sucede especialmente entre mujeres.

Existe un término empleado por especialistas para esto, un mecanismo de defensa llamado “indefensión aprendida” o en términos coloquiales “hacerse la loca”. Esto se refiere a un estado psicológico en el que una persona siente que no tiene control sobre algo, en este caso la violencia, esto lleva a que se acostumbre y no se le otorgue importancia, aunque la situación la amerite.

Sin importar qué tan presente está dicho mecanismo de defensa, internamente y de forma indefinida, su mente se va debilitando poco a poco producto de esas agresiones.

Sobre el tema cerebral, la psicóloga Luz Urrutia explicó que una estructura clave es la amígdala, ya que esta es clave en el procesamiento de las emociones, especialmente el miedo y la ansiedad, que son dos respuestas comunes a la violencia. Esta parte del cerebro puede llegar a disminuir su actividad al estar expuesta a estímulos violentos, es decir, provoca menor respuesta emocional.

Diferentes perspectivas

Al preguntarle al educador Mario Vargas, de 70 años, qué considera él como violencia, su primera respuesta fue que esta tiene varios matices, lo que es cierto, se puede presentar entre parejas, hermanos, padres a hijos, de género. Todas estas afectan y son normalizadas de formas diferentes.

Vargas comenta que, durante sus años de juventud, si bien se observaba casos de flagelo, había respeto entre las personas, y eso, según él, es el factor que hoy en día hace falta ya que, bajo sus palabras, la violencia “ahora es como un deporte mundial”.

Mientras que al plantearle al joven estudiante Manuel Medina un escenario violento y preguntarle si le sorprendería, respondió que no, al contrario, emociona. A pesar de esto, comenta que, en casos de violencia extrema o escenarios desagradables, se disgustaría. También comentó que la violencia no está muy presente en su cotidianidad, pero está consciente que sucede.

Medina también comentó con tono de preocupación que, si llegara a presenciar una situación de agresión física en la que la víctima sea de un sector vulnerable, niños, ancianos, embarazadas o mujeres en general. Él intervendría sin pensarlo, pero si se tratara de adultos masculinos no sería el mismo caso.

Según la socióloga y educadora Eleida Villalobos, otro factor que le falta a la sociedad de hoy es la tolerancia. En su experiencia, las personas actualmente no saben manejar situaciones de alto estrés, su forma de resolverlo es con violencia. Es por esto, comenta ella, que actualmente se vive la agresión como una reacción normal, mientras hace años, esta era casi exclusiva de bandas criminales y delincuentes.

Del hecho al trecho

La insensibilización no solo se refiere a replicar esos actos que se aprenden y normalizan ya que no siempre es el caso, pero también es peligrosa cuando provoca que se le retire importancia a este tipo de delitos. Una persona puede no repetir estos patrones, pero sí ignorar cuando estos le suceden a alguien más o tomarlo como burla y eso también es parte de la normalización.

Como es el caso de Medina, aunque no participa directamente en episodios de violencia, piensa que esta está justificada cuando se tiene un motivo válido para hacerlo.

El papel de las nuevas tecnologías

Se han realizado múltiples estudios al respecto, aunque no suficientes para dar una respuesta concreta a esta problemática y polémica situación. Una de estas investigaciones fue publicada por el diario español “El mundo”. La realizaron un grupo de neurocientíficos, quienes mediante un estudio llamado resonancia magnética lograron comprobar que la exposición constante a fragmentos de películas y videojuegos violentos atenuaba la respuesta de dichas zonas cerebrales.

Además de esta técnica, se conoce que la sudoración es una señal común del estado emocional, por lo que mediante electrodos colocados en sus dedos lograron medir este factor y la respuesta fue la misma. A medida que más veían este contenido, menos reacción emocional había.

Sin embargo, estos estudios suelen ser realizados con pocos participantes, esos en específico con 22 hombres jóvenes, por lo tanto, no se puede tomar como respuesta absoluta al respecto, pero estos sirven para realizar investigaciones más detalladas y como antecedente.

Normalización

Un ejemplo reciente de lo aceptada y normalizada que está la violencia hoy en día es la famosa serie del asesino en serie estadounidense Jeffrey Dahmer, que obtuvo gran popularidad, fue tomado como un ícono en gran parte del mundo. Este caso no obtuvo su fama solo por las plataformas digitales, mucho antes de esto ya la tenía, pero al retratar de esta forma asesinos seriales logran que las personas generen una simpatía con ellos, insensibilizando ante los actos que cometieron.

Sin contar los principales factores sobre la tecnología y su mal manejo, Vargas cuenta que, en base a su experiencia, un gran problema es que sirve como herramienta para individualizarse, ignorando los problemas que no nos afectan directamente. Un ejemplo de esto es cuando sucede algún caso de agresión pública y el primer instinto de muchas personas es grabar el suceso para posteriormente publicarlo en alguna plataforma digital.

O dando ejemplos más graves en los que las redes han sido el instrumento de eventos trágicos: el famoso caso de “La ballena azul” que comenzó en Rusia y se extendió a diferentes partes del mundo, esto consistía en diferentes “retos” que incluían ver contenido de violencia, autolesiones, terminando en algunos casos con el suicidio. Esto conmovió al mundo entero.

Este problema no recae directamente en la tecnología, sino en la forma de utilizarla, como comentó el Vargas “no es el arma, es quien la dispara”. Con esto respondiendo a esta problemática. Los aparatos tecnológicos como las redes sociales son solo el medio para propagar de forma instantánea y universal este contenido, pero detrás de eso, se encuentran seres humanos.

Violencia como arma de supervivencia

Una respuesta particular de Medina sobre la forma en la que el bullying afecta y normaliza la violencia, él comentó que esas conductas que normalmente son tomadas con gracia, en ocasiones puede escalar a peores escenarios, pero que eso dependía de la mentalidad de la persona, si esta era “fuerte” o “frágil”. Este tipo de pensamientos forman parte de una cultura que premia las expresiones violentas.

No se premian todas ni todo tipo de conductas agresivas, pero sí como forma de defensa. Se tiene normalizado que la violencia es un derecho que se puede ejercer si otra persona lo hace y cuando no se utiliza. Se culpabiliza a la víctima por no replicar esas acciones.

Ese tipo de violencia como supervivencia no recae totalmente en la sociedad, sino en sistemas de justicia que no brindan seguridad a las personas, por lo tanto, estas deciden buscarla por mano propia creándose así una cadena interminable. Además, Medina expresa que la situación crítica que se vive actualmente hace propensas a las personas a estar molestas.

Crianza y vivencia venezolana

Poniéndolo en contexto venezolano, las vivencias diarias de la mayoría ponen en evidencia que la población venezolana tiene muy normalizada la mayoría de tipos de violencia y tienden a escandalizarse cuando esos actos ya naturalizados se llaman por su nombre.

Cuando se trata de flagelo conyugal se hace presente la individualidad, las personas no intervienen porque consideran que no le compete; cuando se trata de hermanos, amigos o simplemente personas contemporáneas en edad, se toma como broma o algún juego pesado, por otro lado, la violencia de género, esta aún se considera un término nuevo entre la sociedad venezolana.

La crianza es la fase en la que aprendemos la mayoría de conductas, por eso es tan esencial que los niños crezcan en ambientes y con personas que no fomenten ningún tipo de comportamiento violento y mucho menos lo alienten.

La socióloga Villalobos comparte opinión con el educador Vargas, ella comenta que a la sociedad actual le falta poner en práctica el respeto y esto surge completamente de la crianza, ya que muchos padres, en su opinión, son muy cerrados a la hora de recibir consejos sobre la crianza de los niños, llegando a ser demasiado permisivos con ellos en ocasiones.

Clases sociales

En Venezuela, esto toma un rumbo distinto. Villalobos señala que las clases sociales básicamente no existen, en sus palabras “la que es baja, es baja, y la que es alta, es altísima” y gran parte del país pertenece a la clase trabajadora, esas familias que deben levantarse todos los días a tempranas horas, algunas con múltiples trabajos, todo por conseguir los sustentos básicos para las familias, llevando a que los niños se eduquen ellos mismos o sean cuidados por sus abuelas o abuelos, quienes ya no están en condiciones de proteger a otras personas.

En otros casos, los padres y madres se encuentran aún más lejos, en países extranjeros, intentando darles los mejores recursos a sus familias en Venezuela, pero sin contar o poder ayudar con la soledad y falta de atención adecuada que necesitan los infantes para un crecimiento adecuado.

Además, la situación económica del país y el estrés que esta provoca, orilla a muchos jóvenes a tomar conductas de alto riesgo como medio de desahogo, entre estas fumar, abuso de alcohol y drogas, relaciones sexuales poco seguras, que están estrechamente ligadas a conductas agresivas. En casos peores, lleva a los jóvenes a delinquir para obtener lo que no pueden conseguir por medios legales.

Reversión desde la ayuda de profesionales

Villalobos explica varios procesos y tratamientos psicológicos efectivos para ayudar a personas que han sufrido violencia y generaron un mecanismo de defensa contra esta.

Al ser el miedo una emoción recurrente en casos de violencia, la exposición gradual y controlada a este objeto temido puede ayudar en algunos casos. Esto acompañado de la asociación de estímulos, se trata de relacionar aquellos estímulos que causan estrés o terror con aquellos que provocan lo contrario, como la calma.

A nivel terapéutico, la relajación progresiva de Jacobson es recomendable en estos casos, esta consiste en varias fases que van desde la relajación muscular progresiva, ejercicios de respiración y finalmente la relajación mental.

Esto debe ser guiado por profesionales con conocimiento sobre este tema y para que sean aplicables es necesario conocer el tiempo que las personas han sido expuestas a esta situación, ya que pueden haber casos extremos en los que sea más dificultoso brindar ayuda.

Rol de la sociedad

La normalización de la violencia es un problema que nos compete a todos, abarca varios factores como el psicológico y el legal, pero como sociedad ¿qué podemos hacer para prevenirla o revertirla?

Vargas plantea que una gran ayuda sería el control, él está consciente que gran parte de la sociedad lo ve como algo negativo, pero lo recomienda específicamente desde un área familiar y dirigido con mayor fuerza hacia los infantes. Explica que sus padres lo controlaron dando buenos ejemplos y enseñanzas, ya sea desde un punto de vista religioso, social, político e incluso psicológico, y fue eso lo que le enseñó a distinguir estas conductas y sus consecuencias.

Responsabilidad

Entonces, en la sociedad recae la responsabilidad de darle buenas referencias a los más pequeños, como gran parte de los problemas sociales, esta problemática puede disminuir si se brinda una educación sana y desde la empatía, corrigiendo aquellos comportamientos que puedan herir a alguien más o a sí mismos; y por supuesto, tener un control sobre los dispositivos tecnológicos cuando se trata de menores, no dejar que el internet los eduque.

Esto debe ir acompañado de un sistema de justicia y atención psicológica de calidad, que esté disponible para todos, sin importar etnia, clase social, religión, sexualidad ni ningún tipo de discriminación.

Se recomienda hacer una introspección mental y cuestionar todo lo que se siente o se consume, ya sea mediante noticias, libros, redes sociales o cualquier otro tipo de contenido. Es importante reconocer el problema para poder resolverlo.

Texto: Kenyerli Hernández, estuadiante de la cátedra de Redacción y Estilo Periodístico II

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