¿El 4F desvió o no su objetivo original después de 34 años?

por Dennys Bracho

Llega otro año, otro aniversario del primer intento de golpe de Estado del 4 de febrero de 1992 contra el expresidente Carlos Andrés Pérez. El país sintió una tremenda sacudida política y remezón violento que llevó a mediano plazo —ocho años después— a un cambio en la estructura del poder en Venezuela, a partir de los sucesos del día de esa sublevación, cuando era conmemorado el 34 aniversario de la derrota de Marcos Pérez Jiménez.

Hoy, a 34 años del 4F, ¿ha quedado lejos o en el olvido la euforia, alegría y esperanzas de la gente en el objetivo insurreccional de aquella asonada que prometía la transformación de las condiciones socioeconómicas y de bienestar en la calidad de vida de los venezolanos?

Principales razones

Los sublevados del 4F justificarían la acción del objetivo original —similar a un acta de nacimiento o de presentación— en cuanto a que el levantamiento militar debió su insurgencia a los errores y vicios no corregidos en la IV República. Eso, decía la narrativa, derivó en hambre, pobreza, desempleo, impunidad, miseria, corrupción, carestía de la vida, malos sueldos, salarios, servicios públicos y la expoliación de los recursos naturales del país.

Venezuela recuerda ese episodio un día como hoy, 34 años después, que forma parte de nuestra historia contemporánea cuando un alto componente de oficiales de distintos rangos, jerarquías y orígenes de las llamadas en ese momento Fuerzas Armadas Nacionales (FAN), mayormente del Ejército, decidieron romper el hilo constitucional para deponer al desaparecido expresidente nacido en el estado Táchira.

Lo arropó la confianza…

Carlos Andrés Pérez fue quizá demasiado confiado o de los pocos que en su gobierno desconocía o no le atribuía importancia y veracidad al “ruido de sables” que sonaba en los cuarteles venezolanos. Una orquesta sinfónica estaba preparada y lista para un concierto que resultaría estar dirigido por el teniente coronel (Ej.) Hugo Rafael Chávez Frías, autor de la célebre frase “Por Ahora” que lo catapultó a ser ganador, años después, cuando a través del voto popular llegó al Palacio de Miraflores.

La asonada golpista que había comenzado la noche del 3 de febrero de 1992 en Caracas y en las guarniciones de algunas de las ciudades más importantes del país sería derrotada al siguiente día por tropas leales al juramento de la Constitución de la República y a su circunstancial comandante en jefe, según la Constitución de la República de 1961.

El 4F controló el Zulia

Por cosas o no del destino, Maracaibo fue el último bastión rebelde en rendirse pasado el mediodía del 4F, cuando unidades de la Fuerza Aérea Venezolana (FAV) volaron rasantes el cuartel El Libertador de manera intimidatoria en advertencia a que los sublevados depusieran las armas, porque de lo contrario había la orden de CAP y del Alto Mando Militar de reducir a cenizas la instalación militar.

En Caracas, las acciones golpistas provocaron fuertes enfrentamientos que arrojaron muerte de tropas y oficiales de lado y lado, además de víctimas civiles inocentes, sorprendidas ese aciago día cuando el país amaneció de golpe. Suficiente registro audiovisual y fotográfico existe de los enfrentamientos armados con saldos de muertos y heridos.

El teniente coronel (Ej.) Francisco Javier Arias Cárdenas dirigió la asonada militar hace 34 años en el estado Zulia. (Foto: Humberto Matheus)

Uno de ellos ocurrió en la sede de Venezolana de Televisión (VTV), donde trabajadores de ese medio de comunicación fueron víctimas mortales, masacrados por la furia del fuego desatado entre los bandos. Ese mismo año, pero el 27N, cuando el segundo intento contra CAP, el periodista Virgilio Fernández, del diario El Universal, perdió la vida durante la cobertura del levantamiento.

Contrariamente, en el Zulia, afortunadamente, la toma del principal estado petrolero del país, a cargo del teniente coronel (Ej.) Francisco Javier Arias Cárdenas, no arrojó decesos ni daños a la infraestructura pública o privada de consideración, salvo los efectos de disparos a algunas sedes de seguridad del gobierno, entre ellas la Disip y el viejo edificio de la Guardia Nacional en el centro de Maracaibo.

No me lo dijeron, estuve ahí

No me lo dijeron sino que fui testigo en primera línea en el momento que cumplía la cobertura por el diario La Columna, cuando además, en el vehículo de mi propiedad, el jefe de la asonada militar en el estado Zulia, teniente coronel (Ej.) Francisco Arias Cárdenas, conducía la unidad hasta la base militar “Gral. Rafael Urdaneta”, donde me regresó el Fiat Mirafiori 131.

Ese día, la tropa y oficialidad de la Guardia Nacional resistió y repelió el intento de la toma del CORE Nro. 3, que tenía su asiento en el viejo edificio del correo. Los periodistas de la región, en distintos escenarios, fuimos testigos presenciales de la primera intentona golpista de 1992, cuando en la Venezuela de ese año se habían cumplido, unos días antes, 34 años del derrocamiento de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.

En esta nueva fecha del 4F han transcurrido otros 34 años —¿cifra enigmática, misteriosa o cabalística?— llegando a otro aniversario que nos separa de 1992. Asimismo, el 23 de enero reciente, Venezuela recordó el 68 aniversario de la caída de Marcos Pérez Jiménez, o lo que es lo mismo: nuestra historia política contemporánea está dividida cada una en dos tiempos de 34 años.

“Por Ahora”

En el episodio violento del 4F de 1992 no cabe la frase que dice que «muerto el perro se acaba la rabia». A partir de allí, los principales líderes de los alzados, ya derrotados militarmente, rendidos y entregados, depusieron sus armas y quedaron detenidos en el cuartel San Carlos en Caracas. Luego de dos años recuperarían su libertad, cuando el expresidente Rafael Caldera Rodríguez decidió el sobreseimiento de sus causas.

La historia registra un borrón y cuenta nueva que, al paso de los años, a los venezolanos nos ha costado sangre, sudor y lágrimas. Caldera, en los debates del Congreso de la República —la misma tarde del 4F de 1992—, supo sacar provecho, ventaja y rédito político en la defensa del movimiento golpista. Esa conducta lo llevó por segunda vez a Miraflores en diciembre de ese mismo año.

Ocho años después

Ganado el poder político en diciembre de 1998 a través del voto, Hugo Chávez Frías asumió la conducción del país en febrero de 1999. El principal líder golpista del 4F inició el proceso de cambio del estamento legal que regulaba el manejo de los poderes públicos del Estado. Llamó a un referéndum consultivo para crear una Constituyente que después le daría paso al nacimiento de la actual Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999.

Todo era, al principio, una especie de luna de miel que llegó a la exaltación, emoción y frenesí desbordante de alegría en millones de venezolanos. Sus seguidores, envueltos en un inédito y ciego paroxismo, estaban confiados, seguros y esperanzados de que el cambio social iba a ser posible. Solo era cuestión de tiempo en aquella Venezuela que estaba por entrar al siglo XXI.

Francisco Arias Cárdenas regresaría al Zulia, dos años después. (Foto: Ferpin (+)

Eso estaba asegurado por la bonanza petrolera caída del cielo con el incremento de los precios del principal producto de exportación generador de los mayores ingresos. El precio del barril petrolero subió en 2008, por primera vez, a cien dólares. Un verdadero chorro de divisas entró al país, superior a cualquier otra época.

Ya la Venezuela de AD, Copei, otros partidos menores y toda sospecha del puntofijismo tenían decretada su aniquilación y desaparición cual “polvo cósmico”. Los “errores y vicios” atribuidos al poder desplazado de ser responsables del desempleo, corrupción, miseria y hambre, entre otros, quedarían enterrados en la nueva sociedad revolucionaria prometida de “justicia e igualdad social”, según decía la narrativa oficial.

Sin embargo, no todo lo que brillaba era oro cuando la confrontación inevitable tenía que llegar entre oposición y gobierno, por el rumbo que tomaba el país, que provocó la huelga petrolera de diciembre de 2001.

Golpe del 2002

La paralización del país extendió el conflicto a los primeros meses de 2002, que desembocaría después en los sucesos del 11, 12 y 13 de abril. Esa acción desalojaría de Miraflores a Hugo Chávez Frías al ser depuesto por un golpe de Estado dirigido por oficiales y tropas sublevadas que alcanzaron un éxito efímero, gracias a la torpeza, ambición y errores desmedidos de intereses oscuros y egoístas de gente cercana a Pedro Carmona Estanga, la figura civil que dirigía el movimiento golpista.

Por breves horas, Carmona Estanga asumió la Presidencia de la República. Es recordado con el apodo endilgado por el chavismo de “Pedro el Breve”. Su error, y el de la junta provisional de Gobierno, precedida de movilizaciones multitudinarias en la calle nunca vistas en Venezuela, especialmente en Caracas, arrojó decenas de muertos, entre ellos el reportero gráfico Jorge Tortosa, del Diario 2001.

El equivocado viraje desató el descontento en la oficialidad militar que había acompañado o tenía simpatías con el levantamiento. El presidente encargado procedió por decreto a anular, borrar y desaparecer “de un plumazo” los poderes del Estado, un error que llevaría al regreso de Chávez Frías a la silla de Miraflores, luego de ser rescatado en la isla La Orchila por comandos de oficiales dirigidos, entre otros, por el desaparecido general de división (Ej.) Raúl Isaías Baduel.

Regresando al lugar de donde días antes había sido depuesto, recordamos a través de la televisión a un Chávez Frías sosegado, tranquilo y calmado, sin su característico verbo agresivo, sino más bien conciliador, sereno y reflexivo. A través de las cadenas de televisión, los venezolanos y el mundo lo observaron teniendo en sus manos un santo rosario.

Sin embargo, con el transcurrir de los días, semanas y meses, la situación tomaría otros matices.

Ganó el radicalismo

El discurso del jefe de Estado tornaría a ser cada vez más radical, virulento y agresivo, desatándose en insultos, amenazas, señalamientos, acusaciones y menciones de traidores, vendepatria, lacayos del imperialismo y “pitiyanquis” contra figuras del empresariado, Iglesia católica, periodistas, políticos, sindicalistas y medios de comunicación, entre otros.

La polarización estaba en su nivel más alto. Teníamos un país dividido que había entrado hasta nuestros propios hogares. En adelante, la euforia popular del impacto del proceso revolucionario nacido con la acción del 4F poco a poco iría a desvanecerse, no a desaparecer con el transcurrir del tiempo, sin negar que políticas públicas dirigidas a dotar de mejores condiciones de vida fueron adelantadas en favor de la gente.

A partir de esa fractura nacieron las misiones sociales y se abrió el chorro de dinero para amarrar y asegurar el respaldo político popular.

Los mismos vicios

Sin embargo, paralelamente, a mayor velocidad y perversidad, mañas, vicios, impunidad, errores y actos de corrupción criticados en el pasado comenzaron a manifestarse. Asimismo, delirios de grandeza y protagonismo internacional llevaron a Chávez Frías a despilfarrar los ingentes recursos públicos, dentro y fuera de Venezuela, provenientes de la renta petrolera.

Dinero en el colchón

Era tanto el volumen de dinero que administró que hasta “debajo del colchón” decía tenerlo a manera de chiste. Por eso nunca fue exagerado aquello que gritaban sus seguidores acerca de la existencia de una “chequera que camina por América Latina”.

Millones de dólares que han faltado para pagar mejores sueldos, salarios, pensiones, dotar hospitales y mejorar servicios públicos salieron para nunca regresar. Los venezolanos sabemos que en momentos de bonanza no ha dejado de haber chulos, aprovechados y vividores en América Latina, el Caribe y el mundo.

De esa manera, la insurgencia del 4F aseguraba la indispensable lealtad a punta de billete. Además, no olvidemos el desacierto que significaron las múltiples expropiaciones, invasiones, cierres e intervenciones de empresas en plena producción.

Hoy sus efectos los sentimos en menos empleos y producción de bienes. Acreedores internacionales buscan recuperar su dinero de activos venezolanos en el exterior, como Citgo, en riesgo de perderse producto de expropiaciones sin sentido.

“Liderazgo” de opositores

También es triste el papel de algunos “líderes” opositores en el exterior que administraron recursos venezolanos a través de un llamado gobierno de transición que no ha rendido cuentas claras.

La huida de millones de venezolanos es el mejor ejemplo del costo social de esos errores. Empresas grandes, medianas y pequeñas pasaron a ser cementerios de inversión y trabajo.

Qué decir de la millonada de dólares perdidos o desviados por obras inconclusas, pagadas y no terminadas. En el Zulia, el puente Nigale duerme el sueño de los justos, esperando que algún día arranque.

Los vicios, errores, corrupción e impunidad criticados hace 34 años no solo no desaparecieron, sino que crecieron y se multiplicaron.

Destino de PDVSA

El colmo de lo insólito fue permitir la destrucción de PDVSA, que alimentaba al país. El despilfarro y la corrupción terminaron por matar a la gallina de los huevos de oro.

Nuestra industria matriz, que cumplió medio siglo este 1.º de enero, está en terapia intensiva después de haber sido una de las primeras del mundo.

Esta crónica es apenas la punta del iceberg. El 4F de 1992, después de tres décadas, quedó al desnudo: quiso ser y no fue. Del dicho al hecho, hubo mucho trecho.

José Aranguibel Carrasco
CNP-5003

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