Durante las fiestas de Fin de Año, los cinco sentidos se activan, pero hay uno que destaca por su poder emocional: el olfato. La Navidad no solo se ve ni se escucha; también se huele. Está presente en la comida, en las velas, en el pan recién horneado y en esos aromas que, sin previo aviso, nos llevan directo a un recuerdo.
A diferencia de otros sentidos, los olores tienen una conexión directa con la memoria y las emociones. Por eso, en esta época, junto a la alegría también puede aparecer la nostalgia: una silla vacía, una ausencia que duele, pero cuyo perfume sigue flotando en el aire. El cuerpo recuerda incluso cuando las palabras no alcanzan.
El vínculo entre el olfato y la nostalgia
Durante mucho tiempo se creyó que la nostalgia estaba asociada únicamente a estados depresivos. Hoy se sabe que puede activarse por estímulos externos, especialmente por los olores. En el cerebro, el hipocampo, la amígdala y el hipotálamo —estructuras que forman parte del sistema límbico— almacenan recuerdos y emociones que pueden reactivarse con un simple aroma.
El olfato actúa sin pedir permiso. Un instante basta para atravesar años, revivir escenas, personas o lugares. Los olores funcionan como un puente invisible hacia el alma, capaz de despertar ternura, melancolía o esperanza.
Un sentido antiguo, pero poderoso
El olfato es uno de los sentidos más antiguos de la humanidad. En sus orígenes, el ser humano dependía de él para interpretar su entorno. Con el paso del tiempo y la postura erguida, otros sentidos como la vista y el oído ganaron protagonismo, relegando al olfato a un segundo plano.
Sin embargo, hoy se reconoce su enorme importancia en la vida cotidiana. Aporta cerca del 80 % de la percepción del sabor, influye en el estado de ánimo y cumple una función de alerta frente a peligros.
Desde el nacimiento hasta la vida adulta
Este sentido se desarrolla en las primeras semanas de gestación. Al nacer, el bebé identifica a su madre y busca alimento guiado por el olor. A lo largo de la vida, el olfato condiciona conductas, genera bienestar o rechazo y nos protege del entorno.
Un aroma agradable puede transmitir calma; uno desagradable, activar una señal de alarma. Cada olor tiene la capacidad de evocar experiencias profundas.
Factores que pueden afectar el olfato
Aunque representa cerca del 5 % del genoma humano, el olfato suele ser subestimado. Su deterioro puede comenzar de forma natural a partir de los 65 años, pero también puede verse afectado por la contaminación, el cambio climático, enfermedades respiratorias crónicas, exposición a sustancias químicas, tabaquismo, vapeo y patologías neurodegenerativas como el Parkinson o el Alzheimer.
Por eso, cualquier alteración persistente debe ser consultada con un especialista.
Aromas que nos devuelven a casa
En Navidad, el olfato se convierte en protagonista. El aroma del pan dulce, el agua de azahar, los turrones, el asado o incluso el perfume de alguien durante un abrazo pueden transportarnos a la infancia, a las abuelas, a los encuentros familiares que dejaron huella.
Un solo olor puede hacernos sonreír, emocionarnos o llorar sin aviso. No es debilidad: es biología emocional en estado puro. El olfato es el único sentido capaz de atravesar el tiempo y recordarnos quiénes somos y de dónde venimos.
MorfemaPress/NotiPrimicia/Infobae
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