El papa León XIV, a través de la Limosnería Apostólica, envió medicamentos de emergencia y cientos de radiadores eléctricos para aliviar las duras condiciones de la población afectada en Ucrani, especialmente en la región de Zaporizhzhia.
La ayuda llega tras la solicitud calificada de «desesperada» por parte de algunos obispos ucranianos, quienes se hicieron eco del sufrimiento de civiles tras recientes bombardeos.
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Según el comunicado del Dicasterio para el Servicio de la Caridad, la carga enviada, valorada en más de un millón de euros, incluye medicamentos esenciales y fue posible gracias a la colaboración de la Fundación Banco Farmaceutico ETS.
Una respuesta a la emergencia humanitaria
El conflicto, que ya cumple cuatro años, ha dejado ciudades destruidas, familias separadas y poblaciones atrapadas en medio de ataques constantes. El obispo de Kharkiv-Zaporizhzhia, monseñor Pavlo Honcharuk, alertó sobre más de 800 familias sin calefacción tras los ataques a la infraestructura energética.
La Limosnería Apostólica respondió comprando y enviando desde Italia más de 1.000 radiadores eléctricos que permitirán a estas familias mantenerse calientes, incluso en condiciones de frío extremo.
«Pese a las dificultades logísticas y operativas, los productos serán distribuidos rápidamente en los amplios territorios bombardeados», aseguran desde el Dicasterio.
El llamado del Papa
El Papa hizo eco de la situación durante el Ángelus del 22 de febrero, en el que recordó el aniversario del inicio de la guerra, las familias destruidas y el sufrimiento de la población. Insistió en la urgencia de buscar la paz y establecer un alto al fuego, recordando que la oración puede también aliviar las heridas y preparar los corazones para la reconciliación.
El nuncio apostólico en Ucrania, monseñor Visvaldas Kulbokas, señaló que la guerra intensificó los ataques con misiles y drones, y que ahora incluso zonas alejadas del frente registran víctimas civiles. La evacuación de heridos se hizo extremadamente difícil, con esperas de hasta siete días y temperaturas que alcanzan los -20 °C.
A pesar de la devastación, monseñor Kulbokas destacó la resiliencia de la población. «La gente busca no centrarse sólo en el sufrimiento, sino en los gérmenes de esperanza, como se ven en las negociaciones de paz y en los gestos concretos de ayuda humanitaria», explicó. Señaló que los esfuerzos de asistencia incluyen desde prótesis para niños y militares heridos hasta brindarles momentos de descanso fuera del país.
Vatican News / NotiPrimicia
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