Cuando Ahmad regresó a Irán en mayo tras cinco años de ausencia, no reconoció su propio país. En el aeropuerto de Teherán, su sobrina lo esperaba con una coleta y sin rastro del velo, mientras su hermana vestía una blusa blanca con el pañuelo apenas apoyado en los hombros.
«Me pregunté si realmente estaba en Irán», confesó. Su asombro refleja la profunda transformación que vive la sociedad persa. Tras las revueltas por la muerte de Mahsa Amini en 2022, el miedo ha cambiado de bando y una «revolución social» se ha apoderado de las calles.
Según Azadeh Kian, socióloga y experta en estudios feministas, el cambio es definitivo: «Hoy en día, las mujeres están ocupando los espacios públicos como les parece oportuno. Han conquistado su libertad y este movimiento es irreversible«.

Una mujer iraní, sin llevar el hiyab obligatorio, en una calle de la capital, Teherán, el 12 de diciembre de 2024. | AFP
Una generación valiente y escuelas rebeldes
El cambio es impulsado por la ‘Generación Z’. Sepideh, una madre de 40 años, relata con alivio cómo su hija de 14 años vive una realidad escolar muy distinta a la suya.
Las adolescentes han abandonado el uso estricto del maqnaé (el velo con capucha del uniforme). «Ella y sus amigas simplemente lo llevan colgado al cuello. La administración de su colegio no dice nada», explica.
En el transporte público y los barrios acomodados, la escena se repite: camisas de colores, faldas largas, cabello teñido y mujeres conduciendo motocicletas, algo prohibido por el régimen desde 1979.

Unas iraníes pasan frente a las tiendas del Gran Bazar de Teherán, el 13 de agosto de 2025. | AFP, Atta Kenare
La Policía «mira para otro lado»
Aunque las leyes siguen siendo draconianas, su aplicación se ha relajado por temor a un nuevo estallido social. El presidente reformista Masoud Pezeshkian suspendió recientemente la aplicación de la polémica «Ley de la castidad y el hiyab», calificándola de ambigua.
«La Policía las ve, a veces hace algún comentario molesto y luego mira para otro lado«, señala Sepideh sobre los grupos de chicas que ríen sin velo en el metro.
Sin embargo, el peligro persiste para las activistas de alto perfil. Mujeres como la Premio Nobel Narges Mohammadi siguen encarceladas o bajo amenaza, y el Código Civil continúa discriminando legalmente a la mujer en herencias y custodias.
A pesar de ello, la brecha entre el gobierno y la sociedad se ensancha. Como resume Darya, una residente de la capital: «Tras la muerte de Mahsa Amini(…) nunca volví a llevar el velo fuera de casa. No estoy dispuesta a hacer concesiones«.
France24 / NotiPrimicia
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