»Seguramente me criticarán por lo que les voy a decir, pero tenemos que aprender a convivir. El chavismo no va a desaparecer: seguirá ahí, porque representa a una parte del país. Y nosotros (la oposición) tendremos que saber enfrentarlo en las urnas, reconociéndole sus derechos, garantías políticas y eventuales victorias: todo lo que el adversario político nunca nos reconoció en la práctica».
Quien habla en exclusiva para Avvenire y NotiPrimicia es Ramón López, diputado de la Asamblea Nacional venezolana electa en 2015, quien regresó tras ocho años de exilio para formar parte de las conversaciones mediadas por Estados Unidos con el gobierno de Caracas.

Recorrido por La Guaira
La primera sesión concluyó el 12 de agosto
«Tenemos que crear instituciones para todo el país y no para una sola facción política», afirma López, citando las transiciones ocurridas en Chile, España y Sudáfrica.
«No se construye una nación sobre la venganza ni repitiendo los males contra los que hemos luchado durante décadas». Lo contactamos a su regreso de una visita a La Guaira, zona afectada por el terremoto del 24 de junio.
—López, ¿qué fue lo que más le impactó de La Guaira?
—Que alguien haya sobrevivido ya es un milagro; ahí tuvo que intervenir Dios. Lo digo como creyente. Se cayeron edificios enteros, un piso sobre otro. Mientras estábamos allí, los rescatistas sacaban tres víctimas de entre los escombros. Los puntos de referencia quedaron borrados del mapa.
Entre los sobrevivientes —unos en carpas, otros frente a lo que fue su casa— todavía hay quienes siguen esperando a sus familiares.
—No ha sido sólo el terremoto: todo el país atraviesa una grave crisis. ¿Qué le dice a la población?
—No nos vamos a rendir hasta lograr resultados importantes para el país. En la primera semana (de las conversaciones con el gobierno) alcanzamos logros significativos respecto a la atención a los damnificados, la reforma de la justicia y la liberación de 131 presos políticos. De aquí a diciembre se liberarán otros más.
Del otro lado (en la delegación gubernamental) también hay interés en superar décadas de crisis y división.
—¿Por qué la negociación se enfocó en el sistema judicial y no apuntó de inmediato a nuevas elecciones?
—De nada sirven las elecciones si a la vuelta de la esquina hay un Tribunal Supremo dispuesto a anular el resultado, como ya ha pasado antes. Además, el tema de la justicia toca la vida cotidiana de los ciudadanos, que suelen ser víctimas de persecución política y afecta la recuperación de la economía, porque nadie invierte sin garantías jurídicas. Las futuras elecciones las convocará el nuevo Consejo Nacional Electoral.
—¿Cómo se va a reformar el Tribunal Supremo?
—Se van a nombrar 32 nuevos magistrados mediante concurso público (algo que no se hacía desde hace décadas) y una comisión examinadora de 23 miembros. Los resultados luego se someterán a una comisión de verificación que velará por la transparencia del proceso de selección. Todo esto previa reforma del Tribunal Supremo.
—Las 131 excarcelaciones: ¿son una señal de reconciliación?
—Traen alegría y dan confianza, pero todavía faltan más de doscientos. Para nosotros el tema de los presos políticos es un punto de honor y, como ya le dijimos al Departamento de Estado de EE. UU., no se deben tratar como fichas de negociación.
—Usted le agradece a EE. UU., ¿pero no le preocupa su injerencia?
—Estados Unidos se quedará el tiempo que sea necesario. Yo entiendo la postura de quienes critican el operativo estadounidense del 3 de enero (la captura de Maduro) como una violación del derecho internacional. Pero Venezuela ya estaba invadida por fuerzas extranjeras, entre ellas, Hezbolá, la guerrilla colombiana y mafias internacionales que nos convertían en un Estado paria. Sin tomar en cuenta ese contexto es imposible entender por qué el pueblo venezolano estaba a favor del operativo.
—¿Pero qué tiene que ver el pueblo en esto?
—Tiene que ver, porque el pueblo luchó durante 27 años y hasta el Movimiento Estudiantil fue desarticulado. Quienes negociaban con el gobierno en el pasado estaban en desventaja, porque enfrentaban a un régimen autoritario que no respetaba los acuerdos. Tras la intervención estadounidense, la situación cambió y ahora quienes gobiernan tienen que escuchar.
—Sin embargo, la oposición está dividida. Y hay quienes atacan al Parlamento electo en 2015 diciendo que ustedes no son legítimos…
—Aun así, preservamos la riqueza del país: gracias a nuestra gestión, Citgo (la refinería en el exterior más grande del país, con sede en EE. UU.) no está en manos de los acreedores y el oro custodiado en el Banco de Inglaterra quedó protegido de la corrupción del Estado. Nosotros, que sufrimos el exilio en carne propia, no podíamos eludir la responsabilidad histórica de reconstruir las instituciones.
—¿Pero ahora los pondrán a disposición del Estado…?
—Sí, en un acto de buena fe y siguiendo mecanismos de auditoría y transparencia. Se destinarán a la reconstrucción de las viviendas destruidas en cinco regiones del país, para que la gente pueda salir de los campamentos de carpas, y a la reparación de las escuelas inhabilitadas antes del reinicio de clases en septiembre. Cada fase de la reconstrucción tendrá que ser monitoreada.
Hace falta un gobierno de unidad nacional, capaz de recuperar la economía sin abandonar a los sectores más vulnerables. El nuestro tiene que ser un país con movilidad social, donde quepamos todos.
NotiPrimicia/Cortesía: Estefano Tamburrini/periodista
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