El almirante Frank «Mitch» Bradley, un venerado oficial de los SEAL conocido por su intelecto y estoicismo, se enfrenta a la tormenta más peligrosa de su carrera. Este jueves, comparecerá a puerta cerrada ante el Capitolio para responder por el ataque del 2 de septiembre en el Caribe, donde murieron dos supervivientes que se aferraban a los restos de una supuesta «narcolancha».
Lo que comenzó como una operación contra el narcotráfico bajo la administración de Donald Trump, se ha transformado en un pantano legal. Bradley ordenó un segundo ataque para rematar el objetivo, una decisión que ahora lo deja expuesto a posibles cargos criminales, después de que sus superiores políticos decidieran marcar distancia.
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La Casa Blanca lo deja solo
El presidente Trump declaró públicamente que «no habría querido» un segundo ataque contra los náufragos. Por su parte, el Secretario de Defensa, Pete Hegseth, afirmó que él «no se quedó» a ver el desenlace de la operación y negó haber ordenado esa acción específica, a pesar de que la Casa Blanca sostiene que Bradley actuó «dentro de su autoridad».
Expertos militares califican la situación como un abandono del mando. «Que los dos civiles de más alto rango del Pentágono y de la Casa Blanca se laven las manos y no reclamen ninguna responsabilidad, al tiempo que afirman que apoyan la decisión, va en contra de cualquier idea de mando responsable«, criticó Carrie Lee, exdirectora de estrategia de la Escuela de Guerra del Ejército.
El problema de fondo es el marco jurídico. Trump ha «determinado» que existe un conflicto armado con los cárteles («narcoterroristas»), pero el Congreso no ha declarado la guerra ni autorizado el uso de fuerza letal internacional.
Bajo las reglas normales, el ejército no puede atacar deliberadamente a presuntos delincuentes que no representen una amenaza inminente, y mucho menos a supervivientes indefensos en el agua.
Peter Feaver, profesor de la Universidad de Duke, resume el dilema: «¿Cómo se enfrentan los oficiales a una orden que un gobierno dice que es legal, pero que la mayoría de los juristas ajenos al gobierno dicen que no lo es?».
De proteger a Karzai al banquillo
La situación contrasta brutalmente con la hoja de vida de Bradley. Graduado en física y exlíder del Equipo SEAL 6 (la unidad antiterrorista más secreta), Bradley protegió al expresidente afgano Hamid Karzai y es descrito por sus compañeros como «tan inteligente como ético».
«Si ha habido alguna vez un SEAL que esté por encima de cualquier reproche, ese es Mitch», aseguró Dave Cooper, un SEAL retirado.
Irónicamente, el mes pasado, Bradley dijo a estudiantes de la Escuela Naval: «Llevar nuestros valores al campo de batalla y aplicarlos con precisión es lo que nos distingue». Ahora, esos valores y su libertad serán juzgados por legisladores preocupados por la legalidad de la guerra personal de Trump contra las drogas.
NYTimes / NotiPrimicia
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