La Gran Manzana ha sobrevivido a muchas crisis, pero hoy el peligro viene desde adentro. Por primera vez en su turbulenta historia, Nueva York no enfrenta una amenaza externa sino una autoinducida. La elección de Zohran Mamdani como alcalde promete transformar la ciudad más importante de Estados Unidos en un laboratorio de políticas fracasadas.
El espejismo socialista promete congelar rentas para los apartamentos con precio estabilizado, hacer gratuito el transporte en autobuses y el cuidado infantil gratis desde las 6 semanas hasta los 5 años. Suena bien, ¿verdad? Chicago también lo creyó.
Los votantes neoyorquinos fueron advertidos; hemos visto la película y el final es feo. El ejemplo desastroso del alcalde Johnson, cuyas políticas progresistas hundieron a la Ciudad de los Vientos. Su aprobación ciudadana está por el suelo y es catalogado como el peor alcalde de Estados Unidos.
La conexión es innegable. Establecimientos de comestibles operados por la ciudad, servicio de ómnibus gratuito, aumentar los impuestos a las corporaciones e incrementar de manera desmedida el salario mínimo. Chicago intentó lo mismo. El resultado, fracaso, frustración, desengaño.
La trampa fiscal está en los números que no cuadran. El plan requiere millones en financiamiento estatal, según estimaciones del propio recién electo alcalde. Y, para pagarlo, propone un impuesto para residentes de Nueva York que ganen más, y aumentar la tasa de impuesto corporativo estatal. Muy fácil prometer con bolsillo ajeno.
El gobierno estatal expresó temores de que los aumentos de impuestos forzarían a residentes adinerados a salir de la ciudad, y sin el apoyo, sus planes son fantasías costosas, oportunismo inviable y demagogia desmedida.
Nueva York está en la puerta de una contracción fiscal. La era de gasto sobrefinanciado apoyada por ingresos fiscales excedentes y la ayuda federal por la pandemia está llegando a su fin. El islámico socialista heredará una ciudad que necesita recortes, no expansiones masivas del gasto.
Sus propuestas no solo son fiscalmente irresponsables, son catastróficas. Las tiendas de comestibles públicas, se comparan con el plan de racionamiento de la era soviética. El salario mínimo desmedido pondría a muchos trabajadores poco calificados sin trabajo y los forzaría a buscar otros destinos. Y el nuevo Departamento de Seguridad Comunitaria, en lugar de modelos policiales tradicionales, sería temerario. En junio de 2020 tuiteó: «No necesitamos una investigación para saber que el NYPD es racista, homofóbico, y una amenaza a la seguridad pública. Lo que necesitamos es desfinanciar a la policía de New York».
La lección de Chicago importa. La mayoría sufre «remordimiento del comprador» y advierte a los neoyorquinos que investiguen quiénes respaldan al comunista islámico de Manhattan. El socialismo no ha funcionado para la gente negra, ni para la blanca ni para nadie. El mañana es un potencial «desastre».
Nueva York está ante un futuro sombrío, ha permanecido a pesar de la bancarrota de los años setenta, el crimen de los ochenta y noventa, el 11-S, la crisis financiera de 2008 y la pandemia. Pero todas fueron crisis externas o coyunturales. Esta vez, la ciudad está eligiendo su propia ruina.
La mayor amenaza para Estados Unidos es autocreada y centrada en las áreas urbanas. En lugar de enfrentar sus desafíos en calidad de vida y viabilidad económica, Nueva York y otras ciudades están cayendo en manos de progresistas de espectro completo.
Aquellos que pueden permitírselo ya están mirando hacia Florida, Texas y otros estados donde el sentido común prevalece sobre la ideología. Las victorias socialistas podrían resultar una bendición para lugares como Palm Beach, Boca Raton, que se han convertido en faros para personas que huyen de lugares como Nueva York y Chicago. Dallas está desarrollando una bolsa de valores para rivalizar con Wall Street y ve una alcaldía islámica socialista comunista como un dispositivo de marketing ideal.
La elección de Mamdani marca un punto de inflexión. No es solo otro político progresista, es un experimento radical que convertirá a Nueva York en escombros. Los números no mienten, la experiencia habla por sí misma y las advertencias están ahí para quien quiera escucharlas. Nueva York eligió su destino. La pregunta ya no es si habrá consecuencias, sino qué tan ruinosas serán.
¿Cómo ganó un comunista musulmán? ¡Sencillo! De la misma forma que ganan todos, engañando a los que creen, las cosas en la vida pueden ser gratis, y nada lo es. Los recursos son finitos y los servicios tienen un costo que deben pagarse, ya sea directa o indirectamente.
A Nueva York le esperan tiempos complicados. La Gran Manzana no se está pudriendo desde afuera. Se está carcomiendo desde adentro, y lo eligió democráticamente.
@ArmandoMartini / El Nacional
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