¿Qué es la fascia y cómo afecta a tu salud?

Expertos explican cómo funciona el "traje interno" del cuerpo.

por Nilson Ramirez

La fascia, el tejido conectivo que mantiene unida la estructura interna del cuerpo, ha pasado de ser ignorada a convertirse en una palabra de moda en el mundo del fitness. Hasta los años 80, los anatomistas la consideraban un simple envoltorio desechable; hoy, sabemos que es un sistema complejo que influye en todo, desde el dolor hasta el rendimiento atlético.

Natasha Kilian, fisioterapeuta especialista, ofrece la mejor analogía para entenderla: la mandarina. «Tienes la piel exterior y, debajo, esa parte blanca que separa los gajos y los mantiene unidos. La fascia funciona igual: es una red continua que envuelve y conecta todo, desde músculos y nervios hasta órganos».

Esencialmente, actúa como un «traje interno», manteniendo todo el cuerpo integrado y soportado.

Físicamente, la fascia está compuesta de colágeno, pero el 70% es agua. Se hidrata a través del movimiento compresivo, lo que permite que las capas se deslicen suavemente entre sí.

Más allá de ser un soporte, Kilian destaca que es un órgano sensorial masivo: contiene terminaciones nerviosas que le permiten sentir movimiento, presión y temperatura, comunicándose constantemente con el cerebro sobre cómo se siente el cuerpo.

El enemigo: El sedentarismo

La naturaleza de la fascia es adaptarse a lo que hacemos repetidamente. «Nuestros cuerpos son inteligentes», explica Kilian. Si pasas horas encorvado sobre un teclado, la fascia se tensa y se «bloquea» en esa postura para hacerla más eficiente, lo que causa rigidez.

El anatomista Julian Baker lo llama el «círculo de potencial»: a medida que envejecemos y dejamos de movernos en rangos amplios, ese círculo se reduce, limitando nuestra capacidad de movimiento (como alcanzar una taza en un estante alto).

Estirar las extremidades en diferentes direcciones es una buena forma de mantener la fascia sana.

Muchos entrenadores sugieren usar un rodillo de espuma para «romper» la fascia tensa, pero los expertos son escépticos. «La comprensión actual es que realmente no puedes ‘romper’ la fascia de esa manera», aclara Kilian.

Aunque el rodillo puede mejorar el flujo sanguíneo, el verdadero beneficio podría ser simplemente el acto de moverse. Baker señala: «Si te tiras al suelo y ruedas sobre tus muslos, el hecho de bajar al suelo y volver a levantarte es el movimiento que marcará la diferencia».

Moverse distinto

Para mantener la fascia sana, la clave no es necesariamente un masaje agresivo, sino la variedad de movimiento.

Actividades que mueven el cuerpo en rangos inusuales, como la escalada, la natación, el baile o el pilates, son ideales. Incluso acciones simples, como estirarse instintivamente como un gato o un perro al despertar, ayudan a liberar la tensión y permiten que este sistema vital funcione libremente.

The Guardian / NotiPrimicia

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