En los últimos días, Rusia ha aprovechado fallas en la defensa aérea ucraniana para lanzar ataques con misiles y drones de largo alcance. Entre la noche del 7 y 8 de enero, Ucrania reportó 97 drones rusos dirigidos a infraestructura civil y energética de Zaporiyia y Dnipropetrovsk, dejando casi sin electricidad a ambas provincias y paralizando la producción de la siderúrgica Zaporizhstal.
Además, dos misiles Iskander-M impactaron en edificios residenciales de Krivói Rog, mientras que la infraestructura portuaria de Odesa también sufrió daños, según autoridades locales.
En respuesta, Reino Unido ha suministrado sistemas de defensa aérea Raven y prototipos Gravehawk para reforzar la protección de Ucrania.
En el terreno, Rusia ha logrado avances limitados en Sumy, Andriivka y alrededores de Járkov, aunque Ucrania mantiene la resistencia y neutraliza infiltraciones rusas. En Donetsk, los combates continúan sin cambios significativos en Siversk y Kostyantynivka-Druzhkivka.
Este contexto refleja la guerra de desgaste que Moscú mantiene en el Dombás, donde controla cerca del 90% del territorio, mientras la resistencia ucraniana impide que los avances rusos se traduzcan en victorias estratégicas.
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