Camilo Castro, el francés de 41 años, no salió sin que antes el ministro de Relaciones Exteriores, Jean-Noël Barrot, hiciese un llamado al «respeto del derecho internacional» en medio de la escalada llevada a cabo por la administración de Donald Trump en el área sur del Mar Caribe.
Luego de dichas declaraciones, hechas en la última edición del G7, las cosas se fueron dando: alguno entre Colombia, Brasil y México habló con Venezuela y en menos de una semana Castro fue liberado. Funciona así la diplomacia de los rehenes. Do ut des, dame y te doy. No hay alternativas. Menos aún cuando la vida está de por medio. Castro salió el mismo día en el cual su compañero de la celda de al lado, Alberto Trentini, cumplía un año tras las rejas, el pasado 15 de noviembre. Probablemente se saludaron, con las palabras que se atascan en la garganta, pues la alegría puede ser compartida, pero hasta un cierto punto. Castro, estando fuera, todavía busca palabras para reelaborar el trauma vivido. Y desea que Trentini y los demás salgan pronto.
Italia ya ha cedido en parte. Ha recibido a las delegaciones de Venezuela en Roma, dos veces, sin tomar en cuenta sanciones y demás, pero ha optado por una relación furtiva – a escondidas – con Venezuela, que en cambio quiere oficializar las cosas. Ya lo hizo Francia, además de Alemania, que llamó al diálogo, y Reino Unido, que puso en entredicho parte de su colaboración en materia de Inteligencia con el Pentágono. Italia lo ha hecho en parte. La presidente del Consejo de Ministros, Giorgia Meloni, tiende a ser más proactiva por los rehenes de familia millonaria, famosos o ambas – como era el caso de Cecilia Sala, secuestrada en Irán –. Clásico en la derecha de casta italiana, que en Latinoamérica se conoce muy poco.
Sin embargo hay esperanza que surtan comunicaciones por parte del Consejo de Ministros. Si a ver vamos, Italia ya se ha manifestado: el presidente la República, Sergio Mattarella – que acá no ejerce el poder Ejecutivo, sino de garante de la Constitución – ya mostró una posición crítica ante la presencia de nuevos «Dr. Stranamore» que apuntan a que «amemos la bomba atómica». Además, los Partidos de oposición en Italia ya han emplazado a Giorgia Meloni, para que se mueva tal como lo hizo Francia, desde Alleanza Verdi Sinistra hasta el Partito Democratico.
Incluso los medios de comunicación se han mostrado solidarios, exhortando al gobierno italiano al ejercicio de la diplomacia. «Son días complicados para Venezuela. Existe el riesgo de una guerra, tal como lo decía el presidente Maduro. Sin embargo nosotros creemos, con insistencia, en la paz. Y queremos actuarla. Somos un País que en su Constitución repudia la guerra», dijo el famoso presentador Fabio Fazio en uno los programas televisivos con más audiencia en Italia, «Che tempo che fa». «Esperamos por ende que este mensaje de paz llegue fuerte y claro, y que sea correspondido con otro mensaje de paz», añadió aludiendo al regreso de Alberto Trentini.
«Es hora de que el Gobierno italiano actúe de forma clara y concisa. Pues lo que le pasó a Alberto no ocurrió en Corea del Norte, donde Italia no tiene vínculos, sino en Venezuela, país en el cual está operativa la Eni (la petrolera italiana, ndr.) y casi 200 mil conciudadanos italianos viviendo en allí», acotó otro periodista.
Y ahora que los vientos de guerra abren espacio a conversaciones entre Caracas y Washington – que jamás dejaron de colaborar, entre Chevron y repatrio de migrantes – la opinión pública italiana pide la liberación del operador humanitario, inocente, sin imputaciones, que permanece lejos de casa.
Nada nuevo bajo el sol, como se lee en las escrituras. Es lo mismo que hizo la Casa Blanca, que parece dictar menos que antes la agenda de los demás Países occidentales, recuperando uno a uno a sus conciudadanos, ahora libres. ¿Por qué renunciar entonces a un conciudadano, inocente, en el nombre del orgullo?
A propósito: en tres días, el 23 de noviembre, el presidente Nicolás Maduro cumplirá otro año de vida. Lo hará también la abogada de Alberto, Alessandra Ballerini – conocida por haber defendido víctimas de injusticia entre las cuales Giulio Regeni y Mario Pacciolla –, quien nació el mismo día. Sería hora de que dicha coincidencia astral lleve a un indulto, por lo menos, para que la paz no se quede solo en palabras y pueda encarnarse en algún lado.
Por: Estefano Tamburrini
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