Venezolanos en Florida divididos ante posible intervención militar en el país: «Que pase lo que tenga que pasar»

El despliegue de un operativo militar estadounidense en el Caribe, reavivó un debate entre la comunidad venezolana que se desarrolla en voz baja, en pequeños círculos, por temor a represalias o por la prudencia migratoria.

por Nilson Ramirez

En Doral, Florida, conocida por albergar la mayor concentración de venezolanos en Estados Unidos, la comunidad exiliada se encuentra profundamente dividida y en un silencio inusual ante la posibilidad de una intervención militar internacional en Venezuela.

El despliegue de un operativo militar estadounidense en el Caribe, presentado oficialmente como una acción contra el narcotráfico, reavivó un debate que se desarrolla en voz baja, en pequeños círculos, por temor a represalias o por la prudencia migratoria.

Según reseñó El País, el murmullo habitual de cafeterías icónicas como El Arepazo ha dado paso a la cautela. Clientes entran y salen sin detenerse en discusiones políticas, y la palabra «intervención» es evitada en voz alta.

Osmán Aray, residente de Doral, resume el sentimiento de incertidumbre. «No sabemos formalmente qué está pasando. Solo sabemos lo que han dicho las fuentes oficiales: que hay problemas con el espacio aéreo, cancelaciones de vuelos y presencia marítima estadounidense para desarticular grupos armados vinculados al narcotráfico«, dijo para el medio español.

¿Intervención «quirúrgica» o diálogo agotado?

Periodistas como Gaby Perozo, con más de una década en el exilio, defienden abiertamente la necesidad de una operación internacional. Descarta una ocupación prolongada, abogando por una «intervención quirúrgica» rápida y decisiva. Ella sostiene que, tras 15 años de crisis y con un gobierno al que califica de «criminal», esta es la «única posibilidad de recuperar la democracia».

Además, argumenta que la acción es de carácter hemisférico, ya que la consolidación de la administración venezolana pone en riesgo a países como México, Colombia y Estados Unidos.

En el otro extremo, hay quienes, como el empresario Francisco Poleo, de 35 años, aún apuestan por una última vía diplomática, conscientes de las graves consecuencias de una guerra.

Poleo considera que el escenario ideal sería que Nicolás Maduro «reconociera los resultados de las elecciones del 28 de julio de 2024, que perdió abrumadoramente, y se fuera». Aunque admite la dificultad de esta solución, descarta una invasión al estilo de Irak o Afganistán, viendo más posible las operaciones militares puntuales de presión, utilizando el despliegue ya existente en el Caribe.

Un tercer grupo, que pide anonimato, refleja el dilema moral que muchos enfrentan: no quieren una guerra, pero al mismo tiempo admiten que, tras haberse agotado todas las vías como el diálogo y las elecciones, «ya no quedan caminos» para la salida. La conclusión es que, en la «Doralzuela» de Florida, la esperanza y la resignación conviven en un ambiente de tensa expectación.

Mientras tanto, las opiniones se siguen cruzando en voz baja entre mesas, llamadas y mensajes que luego muchos borran. Nadie sabe qué ocurrirá. Pero todos coinciden en una cosa: “Que pase lo que tenga que pasar, pero que sea rápido”.

El Nacional / NotiPrimicia

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