Cómo sobrevivir a la infoxicación sin perderse en el intento

La cotidianidad se ve sujeta a la digitalización y la información, cada vez más polarizada, se convierte en saturación estándar. Los algoritmos cargados de información, venden la idea de que el usuario es quien decide el contenido que aparece en pantalla o no, pero a su vez, se convierten en aliados para la desinformación masiva y el consumismo compulsivo.

por Evelis Borjes

AEn un mundo gobernado cada vez más por la tecnología, esta se vuelve parte integral de él. La rutina diaria incorpora su uso, acentuándolo en esta era digital. Desde electrodomésticos comunes (que cada vez aparecen más modernos y con más funciones automáticas digitales) hasta el uso constante de redes sociales o plataformas de streaming.

La cotidianidad se ve sujeta a la digitalización y la información, cada vez más polarizada, se convierte en saturación estándar. Los algoritmos cargados de información, venden la idea de que el usuario es quien decide el contenido que aparece en pantalla o no, pero a su vez, se convierten en aliados para la desinformación masiva y el consumismo compulsivo.

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En este sentido, términos como “infoxicación”, “infodemia”, “doomscroling”, “brainrot”, entre otros, surgen para darle sentido a esas consecuencias que deja la digitalización masiva y el efecto que esta causa.

La infoxicación es un término acuñado originalmente en 1996 por Alfons Cornella, físico, escritor y consultor en innovación. Cornella define este término como exceso de información que genera angustia y parálisis en la toma de decisiones. Sostiene que este es el resultado de intentar consumir más información de la que podemos procesar simultáneamente, una intoxicación intelectual producida por el ruido informativo. La infoxicación es el resultado de la infodemia.

La era de la infodemia

La infodemia es, entonces, un término que cobró relevancia mundial ya que está avalado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y se define como un exceso de información, sin discernir entre lo veraz y falso que se propaga durante una crisis o emergencia. Según la OMG, la infodemia no solo incluye desinformación, sino también la abrumadora cantidad de datos que dificulta la veracidad de las fuentes confiables cuando más se necesitan. En este sentido, la infodemia es la causa y la infoxicación el efecto.

Por otro lado, el doomscrolling es un término en inglés que no tiene traducción literal, pero este se entiende como consumo de contenido trágico y desplazamiento compulsivo. Empezó a utilizarse cerca de 2018, convirtiéndose en un fenómeno global avalado por la universidad de Oxford durante la pandemia en 2020. Este es el sencillo acto de deslizar la pantalla compulsivamente para consumir cualquier tipo de contenido sin intención, a pesar de que este acto pueda generar malestar o ansiedad.

El brainrot, por su parte, se puede traducir como podredumbre cerebral, este tiene una base sociológica que describe el deterioro de la capacidad de atención y pensamiento crítico debido al consumo excesivo de contenido digital “basura”, fragmentado, altamente estimulante. El cerebro se acostumbra a estímulos tan rápidos y superficiales que olvida como procesar ideas complejas, mantener atención o conversaciones profundas. Viene acompañado de esa sensación de vacío o aturdimiento que ocurre después de horas navegando sin sentido, siendo consecuencia de la infoxicación.

Presencia digital

La presencia digital que ha evolucionado exponencialmente, le da uso a estos términos ya que afectan a todas las generaciones. Sin embargo, mientras que la generación X (nacidos entre 1965 y 1980) o los millenials (generación Y, nacidos entre 1981 y 1996) siguen presentando un proceso de adaptación del mundo analógico al digital, la generación Z (Gen Z, nacidos entre 1997 y 2012) desarrolló su arquitectura cerebral e identidad, su capacidad de socialización y sistema de creencias directamente bajo la presencia digital.

Pew Reserch Center, el organismo más citado en el mundo para estudios demográficos divide a la generación en estos años, por lo que para cuando la Gen Z comenzó a nacer, ya existía el internet por todo el mundo, clasificándose así como Centennials o Nativos digitales.

Para un Gen Z, el smarthphone es parte integral de su día a día, porque no lo usan solo para llamadas telefónicas, lo usan mientras comen, como despertadores, para distraerse, para investigar, leen, etc. La infoxicación en la Gen Z viene como un efecto en cadena, por lo que no existe una desintoxicación natural ya que están acostumbrados a los estímulos digitales que crecieron con ellos.

Gen Z

Sin embargo, múltiples usuarios de la Gen Z entre los 26 y los 18 años, manifestaron en una encuesta realizada, que son más capaces de discernir que es real en redes y que no, más que otras generaciones. Afirman que pueden ser más críticos a la hora de consumir contenido digiriendo solo de medios confiables para ellos y no creer en lo primero que ven.

No obstante, los Gen Z suelen ser más vulnerables ante la infoxicación, debido a que la conexión digital que se vive hoy en día es la consecuencia de una serie de procesos que dan comienzo en 1991 con la creación de la World Wide Web (www) y la primera página web en el mundo de acceso público. Quiere decir que la Gen Z aún no existía en esos inicios donde acceder a la información digital era más difícil, las generaciones anteriores no tenían tanta diversidad de contenidos simultáneos por lo que los procesos eran menos inmediatos.

Aunque esta saturación digital tiene nichos en la llegada del internet y la web, Nicholas Carr escritor y periodista estadounidense, en su libro “The Shallows” (publicado en 2010) indica que la real saturación comienza su auge aproximadamente en 2007 con la llegada del primer Smartphone, en el lanzamiento del iPhone, que permitía la conectividad diaria.

Estructura neural

En síntesis, Carr en “The Shallows” afirma que la web no es un canal neutro de información, sino un ecosistema completo que altera la estructura neuronal. Carr argumenta que el individuo pasa de ser “buceador de conocimiento” (de lectura profunda y comprensiva, capaz de digerir la información con análisis crítico) a “surfista de información” (deslizándose rápidamente por la superficie informativa dentro de la marea digital, sin profundizar en el criterio propio).

demás, cita a neurocientíficos como Michael Merzenich para demostrar que la plasticidad del cerebro cambia, deformándose para adaptarse a la distracción y recibimiento del dopamina rápida, desestimando la contemplación crítica y la serotonina a largo plazo. Carr explica que el cerebro tiene un límite de información que puede procesarse simultáneamente, la sobrexposición digital limita este límite, impidiendo que la información pase a la memoria de largo plazo almacenándose como conocimiento real, que perdure en el tiempo.

Según, el Dr. Reimundo Labarca, neurólogo venezolano, los constantes, variables y rápidos estímulos que existen en redes sociales generan una sobrecarga cognitiva, y el cerebro se acostumbra a no crear redes neuronales profundas, desencadenando mayor fatiga neuronal a largo plazo. Sin embargo, estas consecuencias pueden ser reversibles si se equilibra el uso de dispositivos digitales, redes sociales y pantallas, sobre todo antes de la maduración completa de la corteza prefrontal del cerebro, es decir, alrededor de los 25 o 30 años.

Redes sociales

También explicó que el consumo fragmentado de contenido en las redes sociales interrumpe la integración de información en las redes frontales y temporales del cerebro, reduciendo la activación del hipocampo, que es el órgano que se encarga de guardar la memoria. Si esta pequeña estructura del cerebro no se activa, genera menor capacidad de retención y mayor dificultad para recuperarla.

Además, el Dr. Labarca, indicó que la sobreexposición a estímulos digitales, a largo plazo, compromete las áreas del cerebro que regulan los impulsos, la regulación de emociones y la atención sostenida, dependiendo de la cantidad y el tiempo de exposición, lo que quiere decir que con la regulación necesaria no debería desencadenar consecuencias graves que perduren en el tiempo.

La dopamina, en este contexto, juega un papel fundamental ya que esta es una hormona que se asocia con el sistema de placer del cerebro. Según el Dr. Labarca, ella se traduce a la sensación de recompensa y anticipación liberando ese químico cerebral que impulsa al individuo a continuar navegando en redes para obtener más entretenimiento y más estímulos, generando lo que se conoce como adicción.

Por otro lado, la serotonina es un neurotransmisor relacionado con el control de las emociones, el estado de ánimo y el bienestar a largo plazo. Este neurotransmisor funciona como la sensación de saciedad y tranquilidad prologada en el cerebro, que se ve afectada por el exceso de dopamina “basura” inhibiendo su producción y sustituyendo el efecto de la serotonina, es decir, cuando más se busca el placer inmediato (dopamina), la sensación de infelicidad e insatisfacción perdura en el tiempo (faltando serotonina).

En este sentido, si la Gen Z está acostumbrada a los estímulos digitales ¿no deberían sentirse menos infoxicados que otras generaciones?

Según, la Psicóloga Clínica Rosdelys Tirado, de la mayoría de sus pacientes pertenecientes a la Gen Z, aproximadamente 8 de cada 10 siente adicción a las redes sociales o se sienten sobrecargados de ellas, ocasionando que se distraigan y que procrastinen sus actividades.

La Psicóloga Tirado también agrega que hoy en día la Gen Z prefiere estar presente en redes sociales desde las sombras, es decir, solo consumiendo contenido. Esto es debido a que sienten una vergüenza internalizada (a dar cringe) hasta con sus propias amistades. Ella también explicó que los Gen Z tienen baja tolerancia a sentirse incómodos, aburridos o frustrados, por lo que su cuerpo como respuesta automática busca escapar de esa sensación con contenidos que no los haga pensar mucho o que sean lo suficientemente rápidos como para olvidarse de ellos, dándoles una descarga de dopamina que pueden manejar.

En este sentido, la psicóloga Tirado agrega que a pesar de que la mayoría de la Gen z son fantasmas en redes al mismo tiempo son los más interesados en, por ejemplo, buscar ayuda psicológica, en reconocer el problema que sienten o consumir contenido en concordancia con sus intereses, los primeros interesados en educarse online, a diferencia de generaciones anteriores.

Patrones

Por otro lado, existe la creencia de que los Gen Z no poseen patrones de búsqueda crítica ya que la información llega a ellos, no por investigación activa, sino porque lo vieron en su algoritmo aleatoriamente. La disparidad en la información puede verse en un post noticioso seguido de un video absurdo y gracioso.

Aunque en la encuesta realizada a 10 personas pertenecientes a la Gen Z, los usuarios afirmaron que su principal fuente de información es a través de las redes sociales y no de medios convencionales, porque la mayoría de los encuestados no se sienten identificados con ellos, todos coincidieron en que buscan por su propia cuenta más información para confirmar que lo que ven es cierto, sin quedarse con una sola fuente.

“La distinción viene en la utilización del pensamiento crítico. Antes compartir o hablar sobre algo intento verificar la procedencia y fuente de esa noticia. ¿Es un portal reconocido, una persona desconocida o un sitio con prestigio? El uso del sentido común y el pensamiento crítico es sumamente crucial para distinguir una noticia falsa o un titular amarillista” Declaró Jesús Carlos Castillo, uno de los usuarios encuestados.

Encuesta

En este sentido, otros encuestados afirmaron que tanta información los hace más conscientes y precavidos con la realidad que los rodea, volviéndose más empáticos, esto les permite saber qué es lo que realmente sucede en el mundo a diario.

Sin embargo, también existió la diferencia de opiniones: “También creo que esta crudeza sin filtro de la realidad en redes sociales ha creado una capa de resistencia en nosotros como mecanismo de defensa para poder seguir adelante con normalidad después de haber presenciado una noticia aleatoria, y es ahí donde puede entrar el verdadero cinismo.” Añadió Maria de las Nieves Tirado, una de las encuestadas.

El argumento entonces, es que, si bien es cierto que de las redes sociales se puede obtener información al instante, que los medios de comunicación convencionales no ofrecen, esta información no siempre es real o verídica. Además, el fenómeno de la infoxicación los lleva verse afectados en la vida cotidiana por el malestar que este genera.

Ahora, la pregunta es: ¿Qué se puede hacer para evitar la infoxicación sin perderse en el intento?

Aunque la mayoría de los usuarios encuestados manifestaron su malestar por la saturación de información en redes, se llegó a la conclusión de que en esta era es difícil volver a lo analógico cuando el sistema mundial impulsa a mantenerse en lo digital. “A veces me desconecto por tanta saturación, he llegado a eliminar instagram, por ejemplo, una vez al mes para disminuir el ruido, pero al mismo tiempo siento que me estoy perdiendo de algo que sucede en el mundo”. Afirmó Ariadna Bermúdez, participante de la encuesta.

En este sentido, no se trata de eliminar por completo las redes porque se convierte en una lucha imposible de ganar, pero sí de llegar a un punto de equilibrio. Blanca Rincón, Psicóloga clínica, explica que para esto, es importante entender que el mundo no se detiene por dejar las redes sociales y que, en la vida en general, es necesario discernir qué tiempo invertir en cada cosa para evitar la saturación.

La psicóloga Rincón, indica que crucial entender que existen otras alternativas para todo eso que se atribuye a las redes sociales (entretenimiento, distracción, búsqueda de información, etc) para no sentirse abrumado por ese sentimiento de “siento que me pierdo de algo” que muchas personas experimentan. Buscar estas otras alternativas e incorporarlas a la vida cotidiana puede ayudar a disminuir la saturación digital diaria.

Alternativas

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) sugiere, en su manual titulado “Periodismo, ‘Fake News’ y Desinformación” publicado en 2018, que el exceso de información se combate con una “dieta informativa” que básicamente consiste en no dejar consumirse por el algoritmo, sino consultar diversas fuentes e ir directamente a ellas para poder contrastar la información. El manual también indica que antes de compartir o reaccionar a algún contenido en redes se haga una pausa activa para analizar dicha información conscientemente.

Siguiendo este camino, prevenir la infoxicación de manera equilibrada es posible si se usan de manera inteligente las redes, siendo conscientes de lo que se consume y manteniendo el control de ellas:

Selección de fuentes: Es clave elegir al menos 3 fuentes de calidad fijas para el consumo de noticias y descartar el resto. La sobrecarga de nichos informativos fomenta la infoxicación.

Gestión de estímulos: Como el cerebro regularmente reacciona a estímulos visuales, se recomienda configurar el teléfono de tal manera que las notificaciones sean realmente las importantes, desactivando todas aquellas que no provengan de personas reales.

Entrenamiento de la atención: La atención se fortalece de mejor manera ejecutando una sola tarea a la vez. Al leer, por ejemplo, es preferible evitar revisar las redes, buscando lograr la concentración plena en esa tarea.

Tiempos de desconexión: Es necesario determinar periodos de desconexión para realizar actividades alternativas al scrolleo infinito y que generen serotonina (salir a caminar, tomar el sol, realizar alguna manualidad o ejercicio, etc) Buscar algún nuevo hobby ayuda a encontrar ese entretenimiento consciente.

Conciencia corporal: El cuerpo humano es sabio. Aprender a escucharlo es clave para manejar la ansiedad que genera la infoxicación, hacerle caso en el momento preciso puede ayudar a evitarla.

Soluciones

Cada persona y cada algoritmo es diferente. La solución no reside en huir de la tecnología y las pantallas, sino aprender a ejercer buen control sobre ellas. El secreto está en tomar de la mano a la consciencia y convertirse en curadores de la propia vida digital.

En un mundo inundado de datos, la invitación ya no es a generar más conexión ni procesar mayor cantidad de información, sino de saber cómo informarse sin perderse en el intento.

Por: Paula Acero estudiante de la cátedra de Redacción y Estilo Periodístico II

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