Día Mundial contra la Depresión: señales de alerta de una enfermedad que no es solo tristeza

En muchos países del mundo el 13 de enero es el día señalado para conmemorar la “lucha contra la depresión”, organizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Federación Mundial de Salud Mental, y llevado a cabo por diversas asociaciones, entre ellas el proyecto Opade de la Unión Europea.

por Evelis Borjes

No toda depresión es tristeza. En muchos casos es una combinación más silenciosa: el cuerpo se desregula afectando el sueño, la energía general y la mente pierde su capacidad de tracción, un ejemplo evidente es la pérdida de motivación.

En muchos países del mundo el 13 de enero es el día señalado para conmemorar la “lucha contra la depresión”, organizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Federación Mundial de Salud Mental, y llevado a cabo por diversas asociaciones, entre ellas el proyecto Opade de la Unión Europea.

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El rol de los antidepresivos

En la página inicial de esa última asociación, aparece un dato que llama la atención a quien no está al tanto de la literatura y de la clínica actual y que obliga a reflexionar profundamente. Bajo el título de “El problema”, se plantea: “Entre los pacientes con prescripción de antidepresivos, solo el 40% muestra una respuesta eficaz; ¿qué pasa con el 60% restante?” La afirmación no es casual sino sustentada por múltiples referencias en diversos trabajos científicos, como “Prediction of remission among patients with a major depressive disorder” y “Efficacy and Safety of Ammoxetine in Major Depressive Disorder”.

Esa eficacia relativa no implica discutir la importancia de la medicación ni negar que en casos muy específicos y desde ya los de riesgo, es necesaria.

El punto es otro: ese planteo señala algo claro y es que la palabra depresión se usa como si nombrara una cosa única, pero en la práctica clínica nos encontramos con una presentación semiológica muy diversa.

Así, distintas personas, con causas y mecanismos distintos, pueden terminar bajo el mismo rótulo, aun cuando lo que sea común sea un solo elemento como por ejemplo la tristeza o la anhedonia.

Por eso, la definición “de manual” en base a criterios sindrómicos como los del DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales o Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) o del ICD (Clasificación Internacional de Enfermedades o International Classification of Diseases) de la OMS sirve para ordenar y comunicarse, pero no siempre para entender.

El precio de esa simplificación es muy concreto: dos pacientes con “depresión” pueden requerir estrategias casi opuestas pero, basado en un pensamiento inductivo, recibir la misma. La pregunta ya no es solo por qué pasa esto, sino qué cuadro, qué vivencia personal estamos tratando cuando decimos “depresión” en 2026.

Si bien la concepción clásica académica y la perpetuada por guías de clasificación es útil para comunicarse, no lo es necesariamente para ayudar y comprender el sufrimiento de quienes padecen esa condición única y personal, pero que se entiende de manera difusa.

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