El Twerk como medicina: sanación, empoderamiento y equilibrio 

En una sociedad que juzga por naturaleza, donde se ve con rareza lo que no se entiende y se humilla a lo diferente, es casi un reto tener una expresión corporal libre

por Evelis Borjes

Una conversación con la instructora que transforma el baile en una herramienta de empoderamiento, desafiando prejuicios con resiliencia y autenticidad.

En una sociedad que juzga por naturaleza, donde se ve con rareza lo que no se entiende y se humilla a lo diferente, es casi un reto tener una expresión corporal libre. No es el caso de Juliette Valesca Andrade, que desafía los prejuicios a través del baile y la alimentación sana y balanceada. Con solo 30 años, Juliette Andrade, oriunda de Maracaibo, encarna el bienestar y el balance entre una salud mental y física.

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Es instructora de twerk y ve dicha actividad física como herramienta de sanación y empoderamiento. Todo empezó con el vacío pospandemia. Esta creadora de contenido e instructora de twerk ha forjado una filosofía de vida donde la salud es un acto de amor propio y el movimiento, una poderosa herramienta de sanación.

En una entrevista exclusiva, Juliette no solo comparte detalles de su trayectoria, sino que desarma con aplomo los prejuicios que rodean a la disciplina que hoy define gran parte de su propósito: el twerk.

Perfeccionismo conciente, muestra de reciliencia

El diálogo con Juliette Andrade muestra su amor propio y cómo ha evolucionado como mujer en esta trayectoria de cuidar su cuerpo, su mente y su espiritualidad. Hace cinco años, tras la pandemia.

Este período sirvió como un «mirar hacia adentro» que la llevó a una conclusión vital: «el cuerpo refleja lo que callamos». Desde ese momento, su iniciativa de vida saludable se volvió integral, conectando el entrenamiento, la nutrición, el descanso y, fundamentalmente, la gestión emocional. “Es en este contexto de sanación personal donde el twerk irrumpe en la vida, hace dos años. Lo que comenzó como una forma de liberar emociones se convirtió rápidamente en una herramienta de empoderamiento”, alega Andrade.

¿Liberación o vulgaridad?

El mayor desafío que enfrenta Juliette como instructora es la percepción social que tacha al twerk de «vulgar» o «no-disciplina». Su respuesta es contundente y pedagógica:

«Creo que quienes piensan así lo hacen desde el desconocimiento y los prejuicios. No me lo tomo personal… El twerk no es vulgar: es fuerza, libertad y expresión.»

Para ella, esta disciplina va «mucho más allá del baile». Es una vía para sanar, reconectar con tu cuerpo y celebrar lo femenino sin culpa. Enumera sus beneficios (Pros): tonifica, mejora la postura, eleva la autoestima, genera confianza y fomenta la conexión con la sensualidad. Solo advierte sobre sus contras para personas con lesiones en rodillas o la zona lumbar, debido a la exigencia física.

En su visión, la limitante para practicar twerk no es la edad ni el sexo (es apto para todos), sino el miedo al juicio ajeno.

Viviendo sin traumas ajenos

Juliette Andrade espresa que muchas veces cargamos traumas ajenos, no hacemos cosas por miedo del que diran, por miedo a vivir; aunque sune un poco repetitivo es cierto, siempre estara quien juzgara y tratara mal porque el desconociiento es asi, pero no es una razon validad parar cerrarce y abrir la mente a una diciplina fisica que mejora tu salud.

El mensaje que Juliette Andrade se esfuerza por transmitir a su público es claro: bienestar, amor propio y salud mental. Quiere que el movimiento sea visto como una herramienta de sanación.

Su consejo final es un llamado a la valentía para todas aquellas mujeres que se cohíben por la presión social:

«Les diría que la gente siempre va a hablar bien o mal, pero la vida es muy corta para vivir con miedo. El twerk no es solo un baile, es una forma de sanar, de reconectar con tu poder y disfrutar de ser mujer. Cuando te permites moverte libremente, algo dentro de ti también se libera.»

Juliette Valesca Andrade (@juliettevalescaa en Instagram) no solo enseña a mover el cuerpo; está enseñando a las personas a reclamar su poder y a vivir con autenticidad, usando cada sacudida como un paso firme hacia la autoaceptación.

La Reconstrucción Después de la Batalla

Para validar el impacto transformador de esta disciplina, conversamos con Lidys Méndez, alumna de twerk, cuya experiencia personal es un testimonio viviente del poder de este baile. Méndez, sobreviviente de cáncer, describe su participación en las clases como una vivencia liberadora y sanadora. Para ella, el estudio es un espacio de integración y sororidad entre mujeres, «Aquí no nos importa la celulitis, nos importa pasarla bien,» alega Lidys Méndez.

Lindy Méndez confiesa que, tras su enfermedad, se había sentido como una «flor marchita,» perdiendo la percepción de sí misma como una mujer linda, sexy y sensual. Gracias a las clases, ha recuperado no solo la elasticidad y ha visto cesar algunos dolores corporales, sino que ha reconstruido su autoestima, si siente alegre feliz, ella misma alega “Sigo siendo bonita”, dicho concecto pripio de si misma que ya su mente lo había olvidado.

“Recomienda la práctica del twerk al 100%”, alegando que ahora se siente con mucha más vitalidad y ganas de vivir, y asegura que lo seguirá practicando «hasta que pueda,» mientras reitera el llamado a no verlo como algo vulgar, sino como una práctica de vida.
La Sociología Explica Por Qué el Twerk Sigue Siendo un Acto de Liberación Femenina.

Investigando nos topamos con una entrevista realizada por la periodista Diana Suárez en 2020, para el medio “La Cadera de Eva”. En dicha entrevista, la socióloga y coreógrafa estadounidense Kim Jordan expresa su opinión sobre una de las disciplinas que más le gusta: “trabajar las zonas donde se desarrolla la sexualidad del ser humano las libera y las convierte en una zona normalizada, en un espacio de autoconocimiento, diversión, diálogo y salud. Aprender a gestionar, controlar y sentirnos bien con nuestros cuerpos nos puede liberar. No hace falta que sea el gran símbolo de la liberación femenina, ni el único, pero seguirá siendo revolucionario para las mujeres”.

Ante las críticas de que es un baile para erotizar, Jordan responde que este pensamiento emana de la cosificación del cuerpo de las mujeres.

“Además, me pregunto, ¿por qué la mujer es la que tiene la responsabilidad de no tentar al hombre, de no convertirse en objeto? El hombre debería tener la habilidad de no lastimar mis libertades”. Plantea Jordan.»

¿De dónde viene el twerking?

La sociologa Kim Jordan cuenta la historia del Twerk, ya que hay mucho desconocimiento y se piensa que es un baile nuevo, insentivado por lo generos urbanos.

“Las mujeres siempre han movido el trasero, antes de que el arte lo hiciera famoso o se crearan campeonatos nacionales. Latfem reporta que (las negras africanas batían sus caderas en una danza muy parecida al twerking, se llamaba Mapouka en Costa de Marfil). En los 90’s el movimiento Bounce de Nueva Orleans bautizó ese estilo con la palabra twerking, una mezcla de twist, que significa retorcer, y werk, una expresión afromeriana derivada del work, se usa para movimientos de baile donde se despliega actitud. Aunque se viralizó en 2013, cuando lo bailó Miley Cyrus en los premios MTV”. Expreso Jordan.
La Revolución de la Cadera

En este reporteja se refleja una convergencia, desde la instructora que encontró su pasión y bienestar en la crisis, hasta la alumna que recuperó la vitalidad tras la enfermedad, pasando por la diciplina de Twerk que sin duda demuestra que desmantela el prejuicio; y si aunque muchos lo vean como un simple baile erótico, es una disciplina de autoconocimiento y salud fisica y mental.

Puede tener mucha criticas y ser tildado como una vulgaridad, cosas que no resiste el análisis de la experiencia. Cuando Lidys Méndez se percibe nuevamente «linda, sexy y sensual» después de una batalla que la marchitó, está dando un testimonio poderoso: el movimiento libre es una herramienta para reconstruir la identidad y el amor propio. Como señala Juliette Andrade, la verdadera limitante no es física, sino el miedo al juicio ajeno.

En última instancia, la resistencia social al twerk no es contra un paso de baile; es contra la liberación de la mujer sobre su propia sexualidad y cuerpo. Al normalizar y dignificar las zonas donde reside la energía sexual, el twerk se convierte en un acto político y personal simultáneo. La lección final es clara: mover el cuerpo con libertad es un acto de amor propio y de rebeldía. Es la reivindicación de que la vida es demasiado corta para bailar al ritmo de los prejuicios de otros, mientras su salud interna tambalea.

Texto: Adalí Correa estudiante de la URBE

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