Mi fraternal amigo Gilberto Urdaneta Besson está de cumpleaños y okey no son 39 pero si 93 por la gracia divina de Dios y el espíritu forjador y soñador de este gran zuliano.
Recientemente publiqué el libro “Entre palabras con Con GilbertoUrdaneta” y por estar de cumple celebro sus mas de noventa velitas dejandoles la introdución de las primeras conversas con Gilberto.
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El Nieto de Besson
Para entender el peso de un legado, a veces hay que volver al punto de partida. Y el punto de partida de esta conversación con Gilberto Urdaneta Besson nos lleva a un Maracaibo de 1933 que aún olía a pueblo grande y conservaba el brillo de su época de esplendor.
En ese entonces, Maracaibo ya había vivido la fiebre inicial del petróleo. El descubrimiento del campo “Los Barrosos” y la actividad en la Costa Oriental del Lago habían sacudido la modorra de antaño, atrayendo compañías extranjeras y una nueva oleada de inmigrantes que enriquecieron su mezcla cultural.
La ciudad se debatía entre las conversaciones con el idioma del buen maracucho y el inglés apretao de los técnicos petroleros, entre los tranvías eléctricos que Juan Besson ayudó a gestionar y los primeros automóviles que comenzaban a desafiar sus calles adoquinadas.
Era una ciudad de contrastes, donde nuestros barrios como El Saladillo o El Empedrao conservaban se enorgullecían de ser de los primeros en surgir, mientras que sectores como Las Delicias, donde por cierto años después se mudaría la familia Urdaneta Besson, comenzaban a expandir-se más allá del casco central.
La vida social e intelectual bullía en las redacciones de los periódicos, especialmente en un duelo particular: el diario “Panorama” que ya empezaba a con-solidar su poder, y “La Información” el periódico de su abuelo, Juan Besson, que desde su sede cerca de la iglesia Santa Bárbara representaba la voz de un Zulia ilustrado y fajador por su futuro.
Fue en ese contexto, un lunes 2 de octubre de 1933, en un sector conocido como El Monte, frente a la Iglesia de las Mercedes, donde nació Gilberto. Un niño que llegó al mundo en una zona anegadiza y palúdica, de esas que obligaban a los maracuchos a convivir con el lago hasta en sus entrañas. Y aunque la conciencia le llegaría después, su cuna ya mecida por las historias de su abuelo: el hombre que investigó el Zulia desde 1499 hasta mediados del siglo XX.
Aquel niño, sin saberlo, estaba destinado no solo a cargar con el orgullo de ese apellido, sino a vivir la política y el desarrollo de la misma tierra que su abuelo se dedicó a inmortalizar en letras. Pero dejemos que sea el propio Gilberto el que nos hable y nos eches los cuentos a viva voz en este conversatorio al que amenamente damos inicio.
Por Douglas Zabala
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