Hecatombe en el partido, terror en la granja

El miércoles, JD Vance atribuyó la derrota republicana a la guerra con Irán y cuestionó si había valido la pena pagar semejante costo. Trump reconoció que el conflicto había perjudicado electoralmente a su partido, especialmente por el precio de la gasolina, pero sostuvo que volvería a tomar la misma decisión, según Reuters. Una curiosa manera de administrar el desastre: el vicepresidente explica por qué perdieron y el presidente responde que lo volvería a hacer

por Evelis Borjes

Los republicanos perdieron el Congreso y, antes de que se asentara el polvo, empezó a moverse el gallinero. Donald Trump seguirá en la Casa Blanca hasta enero de 2029, pero sus posibles herederos ya tienen un problema doméstico: cómo quedarse con la finca sin heredar todas las deudas.

El miércoles, JD Vance atribuyó la derrota republicana a la guerra con Irán y cuestionó si había valido la pena pagar semejante costo. Trump reconoció que el conflicto había perjudicado electoralmente a su partido, especialmente por el precio de la gasolina, pero sostuvo que volvería a tomar la misma decisión, según Reuters. Una curiosa manera de administrar el desastre: el vicepresidente explica por qué perdieron y el presidente responde que lo volvería a hacer.

Puede leer: El partido de Gobierno en Paraguay respalda juicio político contra Santiago Peña

Vance había anunciado que decidiría sobre sus aspiraciones presidenciales de 2028 después de las elecciones legislativas, según Reuters. Ya pasaron. Y aquí entra Marco Rubio, con la advertencia de que lo que sigue es una hipótesis, no un pronóstico.

Rubio dijo a Vanity Fair que, si Vance se presentaba, sería el nominado y él estaría entre los primeros en respaldarlo. Axios recogió esa posición. En septiembre añadió que por entonces no planeaba postularse y que estaba dedicado a su trabajo como secretario de Estado, según informó NBC. Un hombre sin apuro. La palabra importante es «si». No hay una renuncia perpetua, sino un respaldo sujeto a una condición que todavía debe cumplirse.

¿Estará esperando que Vance se retire? No hay pruebas de ello. Tampoco las hay de que Rubio haya decidido competir. Lo comprobable es que dejó una puerta entreabierta y que las circunstancias políticas han cambiado.

Los «si» tienen la costumbre de depender de otros. Trump llamó a Vance en agosto su sucesor «más probable» y el 21 de octubre evitó confirmar su respaldo, pidiendo concentrarse en las legislativas, según Europa Press. En una reunión de condominio, «lo más probable» no pasa por acta aprobada.

Hay un problema mayor que la nominación. Rubio, hijo de inmigrantes cubanos, podría convertirse en el primer presidente hispano de Estados Unidos, pero necesitaría votos fuera del trumpismo más fiel. Una encuesta de Pew Research Center publicada en octubre encontró que siete de cada diez votantes hispanos registrados consideraban perjudiciales para los hispanos las políticas de Trump. El 62 % opinaba que el gobierno estaba haciendo demasiado en materia de deportaciones.

Las elecciones del martes confirmaron que algo se movió. Según la encuesta AP Voter Poll, aproximadamente un tercio de los votantes hispanos apoyó al candidato republicano a la Cámara de su distrito, mientras seis de cada diez respaldaron al demócrata. Trump había conseguido cerca de cuatro de cada diez votos hispanos en 2024 sin ayuda de ningún apellido castellano. El apellido, evidentemente, no basta para explicar las preferencias políticas.

Miami ofrece un caso de laboratorio. María Elvira Salazar, que ganó cómodamente en 2024, terminó las legislativas con una ventaja extraordinariamente estrecha sobre el demócrata Eliott Rodríguez. Al cierre de esta columna, Axios informaba que Associated Press todavía no había proyectado un ganador.

Salazar llevaba meses advirtiendo sobre los efectos de las deportaciones y había expresado públicamente sus diferencias con la política migratoria de Trump. Atribuir su retroceso electoral exclusivamente a ese asunto sería irresponsable. También pesan la economía, el costo de la vida y las circunstancias del distrito. Lo que consta es que una congresista de origen cubano, respaldada por el presidente, terminó peleando voto a voto su permanencia en Washington después de reclamar cambios en la política migratoria.

Salazar puede pedir ese giro arriesgando un escaño. A Rubio le tocaría pedirlo siendo el jefe de la diplomacia de un gobierno cuya guerra acaba de ser señalada por el vicepresidente como una causa de la derrota. Y necesitaría después los votos de un partido cuyos simpatizantes aprobaban mayoritariamente los ataques contra Irán: el respaldo alcanzaba el 75 % entre republicanos en una encuesta Reuters/Ipsos de marzo.

¿Qué tendría que ofrecer Rubio a los hispanos descontentos? ¿Una política de deportaciones diferente? ¿Alguna vía de regularización migratoria? ¿Qué explicación daría a los venezolanos que confiaron en el gobierno republicano y después vieron desaparecer sus protecciones migratorias?

No bastaría con hablar español ni recordar sus raíces cubanas. Tendría que presentar propuestas concretas y explicar qué cambiaría respecto de las políticas que hoy representa.

Y allí está la trampa: para acercarse al centro político podría necesitar distanciarse de Trump. Para ganar unas primarias republicanas, en cambio, podría necesitar su bendición.

Ron DeSantis, gobernador de Florida y antiguo rival de Trump, también forma parte de las conversaciones sobre 2028. Su historial de políticas migratorias restrictivas plantea otra posibilidad: ofrecer continuidad ideológica bajo un liderazgo distinto. Rubio tendría que decidir si compite por ese mismo espacio o intenta recuperar votantes que se han alejado del Partido Republicano.

Los demócratas, por su parte, tampoco tienen resuelta la sucesión. Ganaron el Congreso, pero todavía deben encontrar un candidato presidencial y una propuesta capaz de mantener unidos a sus electores y atraer a otros. Gavin Newsom, Josh Shapiro y varios dirigentes más figuran en las conversaciones. Ninguno tiene garantizada la nominación.

En el corral republicano se oyen cacareos y se revisan las cercas, aunque nadie ha disputado abiertamente el mando. Trump conserva una influencia considerable sobre su partido y todavía puede intervenir en la elección de quien pretenda sucederlo.

Rubio nunca anunció una renuncia definitiva a competir. Dijo que respaldaría a Vance si este se presentaba, y Vance anunció que decidiría después de las legislativas.

Las elecciones ya pasaron.

La cláusula, que hasta el martes era una cortesía entre amigos, acaba de adquirir fecha. Rubio podría encontrar abierta la puerta de 2028, pero tendría que explicar cómo pretende representar un cambio después de haber defendido la continuidad.

Y el gallo viejo todavía está cantando.

Por Luis Felipe Montiel

Manténgase conectado e informado en cada una de nuestras plataformas:

Instagram: notiprimicia

WhatsApp: NotiPrimicia

Telegram: NotiPrimicia

YouTube: @NotiPrimicia

 TikTok: @notiprimicia

Lea también