Jorge Roig: Estoy absolutamente seguro que la recuperación económica está en camino

Aliado del consenso y la negociación asegura que de producirse una constituyente laboral tienen que estar todos los sindicatos y gremios representados para así diseñar un nuevo sistema laboral

por Evelis Borjes

Para Jorge Roig Venezuela está en transición. La economía va abriendo el camino y será mucho más rápida; mientras que la política irá más lentamente, pero llegará. Ingeniero, empresario, gremialista, expolítico y hoy representante del Consejo de Administración de la Organización Internacional del Trabajo, es un hombre que nunca ha dejado de estar presente en la esfera venezolana. Por primera vez en décadas percibe que los vientos de cambio llegaron y que la tarea más retadora y urgente es mejorar el ingreso de los trabajadores.

Aliado del consenso y la negociación asegura que de producirse una constituyente laboral tienen que estar todos los sindicatos y gremios representados para así diseñar un nuevo sistema laboral. En tiempos en los que se espera que las empresas trasnacionales lleguen al país asegura que debe haber reglas claras y equilibro para garantizar que cada trabajador según el sector devengue un salario acorde con la actividad que desarrolla.

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Sin complejo alguno asegura que es el petróleo el motor de la economía y quien no lo entienda es un ingenuo; y es este el que debe impulsar lo que describe como el andamiaje vertical y horizontal compuesto por las empresas conexas al sector. Está de acuerdo en que le haría bien al gobierno de Delcy Rodríguez llamar a su gabinete a un economista opositor, que no está tan seguro de cuanto caso le hace a los asesores ecuatorianos y que lo que sí sabe es que ella está escuchando los mensajes del mercado.

-Pareciera que este es un nuevo capítulo para Venezuela. ¿Tiene la esperanza de que haya una recuperación económica, sobre todo en el sector empresarial, en el sector privado?

-Sí, lo mío ya pasó de esperanza a seguridad. Yo estoy absolutamente seguro que la recuperación económica está en camino. Otra cosa va a ser la recuperación política, que eso va a llevar un poco más de tiempo. A pesar de que hemos tenido una recuperación en el crecimiento en los últimos años, me suena que ha sido con un PIB que no es sano. Crecemos 5%, pero eso no llega, no penetra a las clases más abajo. Es un 5% que se queda en que el Estado venezolano creció en un 5% y ya.

Creo que el crecimiento que vamos a tener ahora, será a través de un sector privado mucho más riguroso, mucho más participante, con transnacionales y con las empresas venezolanas participando. Va a ser mucho más equitativo. El crecimiento que tengamos va a ser de mejor calidad. Así que yo, en lo personal, no tengo la menor duda de que viene una etapa mucho más interesante de crecimiento para el sector económico y empresarial.

-Se ha colocado mucho el foco en el sector petrolero, y en realidad no hemos escuchado nada que tenga que ver con una reforma macroeconómica ¿Puede lograrse ese crecimiento sin un plan estructurado de rescate de la economía?

-Sí se puede lograr, pero la locomotora va a ser el sector petrolero. Aquí todos lo demás somos vagones. En este momento, decir que hay algún sector que pueda halar a la economía -distinto del petrolero- me parece una ingenuidad. Esa frase de que el petróleo se estaba terminando y que teníamos que aprovecharlo no era verdad y tampoco será verdad en los próximos 20 años. Entonces, tenemos que aprovechar el petróleo para impulsar una locomotora que hale a otros sectores.

-¿Cuáles son esos otros sectores?

-El crecimiento donde nosotros tenemos para apostar es en todas aquellas empresas relacionadas con el sector petrolero en una primera instancia, como las empresas metalmecánicas, productoras de válvulas, de conexiones, de accesorios, empresas de perforación venezolana. Todo lo que es el andamiaje. La industria petrolera tiene un andamiaje vertical que es la perforación. Eso va a ser privado e internacional, pero el andamiaje horizontal que es cómo llevas ese petróleo, cómo lo transportas, dónde lo llevas, cómo lo refinas, eso puede ser privado.

-En medio de todo este nuevo capítulo ¿Qué tipo de protección del salario debe impulsarse, luego de haber vivido una época de hiperinflación y de inflación crónica? Hago esta pregunta porque todo el mundo en este momento de lo que habla es del salario.

-Hay un razonamiento lógico que conduce a pensar -como lo dije al principio, que va a mejorar la economía. Va a haber más inversión petrolera -como yo lo acabo de garantizar- y ergo tienen que mejorar los salarios. Eso ha creado una expectativa que el propio gobierno ha incentivado porque ha dicho últimamente que viene una reforma en el sistema laboral que permitirá unos mejores salarios.

Es decir, que es absolutamente razonable pensar que los trabajadores del país -después de cuatro años sin aumento salarial- tengan alguna esperanza de que viene un incremento del salario. Se ha hablado de esa reforma laboral, pero llama la atención que no se sabe exactamente hacia dónde debe dirigirse y cómo deben ser esos beneficios que los trabajadores deben tener. Este es un país que -además- se ha acostumbrado a tener prestaciones sociales que se fueron acabando con la crisis.

-¿En esa reforma laboral qué tipo de beneficios debería haber? Y se lo pregunto porque usted representa al patrón.

-Sí, y como bien señalas te voy a dividir el tema laboral en dos vertientes que se están presentando en estos momentos: La primera es la llamada constituyente laboral, de la cual te confieso en esta entrevista que no tengo la menor idea de qué va. Voy a especular. Ahora, sí te digo que celebro profundamente el hecho de que se esté constituyendo una reforma laboral. El sólo hecho de que el gobierno con sus sindicatos esté pensando en un nuevo sistema laboral, para mí es un motivo de celebración. Digo esto porque desde hace muchos años que hace falta una discusión desapasionada, despartidizada sobre cuál es el nuevo sistema laboral que beneficie a los trabajadores, a los empleadores y al gobierno.

La palabra constituyente me hace un poco de ruido porque para mí la constituyente es reformar la Constitución, pero en el contexto que tenemos en Venezuela la doy por buena. Constituyente laboral debe significar, digo yo, para mis adentros, que es revisar todos los estamentos básicos que tiene en este momento el sistema laboral venezolano sin prejuicios, sin ortodoxia, y sin pensar que esa ley de Chávez -que en 2012 pudo haber sido beneficiosa- hoy en día con una inflación tan alta y después de una hiperinflación es válida. Se tiene que repensar eso. La segunda vertiente es el sistema salarial.

La Organización Internacional de Trabajo (OIT) predica, favorece e incentiva este tipo de discusiones que son las que estamos teniendo en el Ministerio del Trabajo. Ahí estamos reunidos tripartitamente. No nos olvidemos que en la constituyente laboral no entran las otras tres centrales laborales (ACI, CTV, CGT), solo entra la Central Bolivariana de Venezuela. En cambio, a las reuniones que estamos teniendo en el ministerio para la fijación de los métodos del salario mínimo asisten todas las centrales sindicales.

La semana pasada tuvimos la segunda reunión que discurrió en una agradable conversación, de discusión, donde cada grupo está presentando su propuesta. Los sindicalistas de ACI están proponiendo algo, la CTV propone algo, el gobierno propone algo, nosotros estamos proponiendo algo, y estamos cerrando en este momento una brecha para llegar a ver si tenemos acuerdos de consenso sobre los métodos de fijación del salario. Pero es muy importante que el salario lo fije el presidente de la República. No hay ni ministro, ni viceministro, ni empleadores, ni Fedecámaras, ni un sector sindical que pueda opinar sobre el salario mínimo. Esa es una potestad exclusiva del presidente de la República, y en este caso de la presidenta encargada. Entonces, lo que nosotros podemos es favorecer un método de cómo determinamos un salario mínimo, que no es una cosa sencilla.

-¿Y cómo se fijaría?

En algunos países se determina por la canasta básica. En Venezuela, la Constitución dice que el salario mínimo debería ser la canasta básica que se ubica en 900 dólares mensuales aproximadamente. No es posible un salario mínimo de esa cantidad. Entonces, tú tienes que aterrizar un poco las expectativas de cumplir con la Constitución en un primer paso, acercando la brecha de hoy al salario mínimo de la canasta básica que lo obliga la Constitución. Otro método podría ser fijarlo según la inflación. Pero no se conoce la cifra, tampoco sabes cómo va a ser la tasa de cambio. En este país no se puede calcular un estimado de inflación para diciembre de 2026.

-¿Qué tan complicado es calcularlo entones?

-Yo te contrato a ti hoy, te pongo un salario, pero te vas, por las razones que sean, y te vas con base al último salario que yo te adjudiqué a la tasa de cambio que esté en ese momento; lo cual es imposible yo haberlo predicho en mis estados financieros ni en mi precio.

Cuando cambiamos la ley de 1997, y digo cambiamos porque yo estaba en el Congreso y era jefe de la fracción parlamentaria de la Causa R, la ley se cambió para eliminar la retroactividad de las prestaciones sociales. Hubo mucho ruido. La ley que determinamos fue mucho más costosa que la ley que teníamos. El empleador tuvo que subir de 30 días a 60 días. Pero la diferencia estuvo que para esa época todo era predecible.

Lo peor que le puede pasar a un inversionista es que no sepa cuál es el costo laboral. Se trata de que, en estos momentos de incertidumbre, de alta inflación, de bloqueo, de sanciones económicas, el sistema que se determinó para el 2012 no es válido para los trabajadores, ni para los empleadores, ni para el gobierno. Se trata de que juntos busquemos un mejor sistema. Creo que el gobierno está en eso, creo que los empleadores estamos en eso, y creo que los trabajadores están en eso.

-¿Tienes alguna idea de cuántos trabajadores formales e informales hay en este momento en Venezuela?

-Yo voy a dar las cifras del sector público, que son el patrono, porque la gente cree que el patrono es solo el privado y es el Estado el más importante. En el sector privado en trabajadores en nómina podemos ser tan importantes como el público. Ahora bien, el sector público tiene tres millones de trabajadores, pero cuando le sumas los cinco millones entre jubilados y pensionados, resulta que tienes una carga económica grandísima.

¿Por qué el salario mínimo es importante? No tanto porque sea una referencia fundamental para el trabajador, sino porque con base al salario mínimo se calculan las prestaciones, se calculan las vacaciones, se calculan las utilidades, se calcula tu pensión. Todos esos factores son los que influyen y le dan calidad de vida a la gente. El 90% de lo que recibe el trabajador hoy en día es en bonos y 10% es solo el salario. Ese mecanismo hay que voltearlo. Hace 20 años era lo contrario.

El tema es que tenemos cómo pasar a que el salario mínimo sea mayor y los bonos sean menores; que los bonos sean un atractivo complementario, no que los bonos sean el delimitante con el cual tú calculas todas tus prestaciones. En estos momentos, todo el mundo paga bonos porque no tienes cómo pagar las prestaciones sociales. Vamos a estar claro, el primer patrón es el gobierno. El gobierno, con estos 8 millones de empleados, le cuesta mucho aumentar el salario porque si sólo aumenta 10 dólares tendría que multiplicar por 8 millones por cada mes, por 12 meses. Eso sin calcular antigüedad. Es difícil y yo entiendo que el gobierno está en una circunstancia muy compleja. Dejó cuatro años que no se moviera el salario y en estos momentos, ¿cómo le sacamos de las patas del barro a todos? Este problema es para todos.

-¿Cómo se llega a ese equilibrio donde todos se beneficien?

-Hay varias opciones. No voy a adelantar unas específicas, pero la opción más complicada para el trabajador es convencerlo que este sistema no lo está ayudando. Es muy fácil, que calcule sus prestaciones sociales y que vea cómo le está yendo ahora. No está recibiendo nada. Hay que mentalizar al trabajador de que no se trata de eliminar las prestaciones sociales, sino de tener un sistema mucho más justo para él.

Las prestaciones sociales son un derecho adquirido que no puedes quitar. Tú tienes que compensarlos por el tiempo que no han tenido aumento salarial. Vamos a compensar esta circunstancia y de ahí arrancar con un juego nuevo, con una ley que sea voluntaria. El que no se quiera meter no se meta como fue en el año 1997. Creo que la mejor fórmula para el trabajador es que tú tengas opción de decir, me quedo con el sistema viejo por las razones que sean. O me quedo con un sistema nuevo que me garantice los mayores ingresos ahora este mes.

Esa discusión es muy complicada, sobre todo para el gobierno. El sector privado lo puede hacer a través de contratos colectivos, lo puede hacer a través de sus trabajadores en discusiones desapasionadas, pero para el gobierno es una discusión muy complicada. Desde el 2013 nunca habíamos tenido la posibilidad de discutir un nuevo sistema laboral que sirva para los tres actores sociales tripartitas. Este es el momento.

-Las petroleras extranjeras van a requerir trabajadores venezolanos ¿Cómo garantizar los mismos beneficios y las condiciones que tienen otros trabajadores en otros países? ¿Qué es lo adecuado en esos casos?

-La pregunta tuya es fundamental porque, además, me da doble miedo. Eso que tú acabas de plantear y cómo garantizar que el trabajador nacional que no trabaja en la industria petrolera también tenga un acceso parecido a eso. ¿Qué es lo que pasa? Las industrias petroleras extranjeras ponen una barra que después el resto del empresariado no puede pagar. Vienen ahora, el petróleo es un excelente negocio, y ponen una escala salarial que es difícil de alcanzar por el resto de las empresas venezolanas. Entonces, ahí complica un poco la situación.

El tema tiene que ser un tema de equilibrio. Primero, discusiones de contratos colectivos en los cuales cada sector tenga su propia realidad. Hay sectores que pueden pagar más salarios que otros. Por ejemplo, ahora hemos determinado que la pequeña y mediana industria es evidentemente la que está pagando menos salario porque no puede pagarlo. Las grandes industrias pagan muchos más bonos y muchos más complementos de lo que puede pagar la pequeña industria. Creo que ha llegado el momento de una legislación para la pequeña industria que no tenga tantas cargas impositivas laborales y otra legislación para las grandes empresas. Esto se aplica para todo.

Una gran empresa puede tener capacidad de pago que no puede tener la pequeña empresa. Entonces, para las empresas internacionales en el sector petrolero es otra diferencia. Es un tema para discutir sobre cuál es el contrato colectivo para el sector petrolero y si todas las empresas petroleras van a poder pagar esas cargas. Ya PDVSA pagaba antes mucho más que todas las demás empresas. Las empresas básicas pagaban mucho más antes y sin embargo no hubo distorsiones en el mercado.

¿Observa un compromiso verdadero por parte de la presidenta Delcy de Rodríguez con los empresarios y los trabajadores?

-Totalmente. Tengo que confesar que estoy gratísimamente sorprendido con estos primeros dos meses en materia económica. No me voy a referir para nada al tema político en esta entrevista. Pero en la materia económica lo que ocurrió en dos meses ha sido increíble. Pero además desde ella viene cultivando la relación con el sector empresarial desde hace mucho tiempo, no es de ahora.

Se ha cultivado una relación con los últimos presidentes de cámaras estrechamente cercanas. Ha asistido a nuestras asambleas, ha formado parte de nuestras discusiones económicas, nos invitan a los consejos de economía productiva a los últimos presidentes. Tú puedes ver que ha habido un espacio que ya estaba abierto. No es que ahora llegó y descubrió que el sector empresarial es importante. Me da la sensación que hace rato que ya sabía cuál es la importancia del sector empresarial. Tenemos una muy buena comunicación actual.

-¿Podríamos decir que el actual capítulo más que una transición política es una transición económica o no?

-Sí, sí. La transición política la veo mucho más lenta. La transición económica también tiene sus pasos, pero va a un ritmo mucho mayor. La política, igual que los salarios los salarios tienen que tener estabilización, normalización, y después viene la transición. Un cambio completo de las leyes del trabajo en Venezuela vendrá más adelante. Hoy tenemos que buscar cómo mejorar el ingreso de los trabajadores.

¿Es necesaria una reforma a la Ley del Trabajo?

-No. Sería deseable. Esa es mi opinión absolutamente particular. Pero entiendo que políticamente no es un momento para una reforma laboral compleja. Lo entiendo. Eso es un comentario absolutamente personal. Creo que en este momento no están dadas las circunstancias para una reforma laboral compleja. Pero, así como no hace falta una reforma laboral, sí hace falta una voluntad política de las partes para los cambios que hay que hacer dentro de esta ley del trabajo que tenemos actualmente. Se le pueden buscar muchas fórmulas de salida de estas dos trabas que yo veo que son el cálculo de las prestaciones sociales, y la seguridad social.

-Pero seguimos dependiendo de un plan macroeconómico para lograr esa estabilización en el plano laboral.

Sí, absolutamente.

-¿Y ve algo que le haga pensar que esa estabilización puede venir pronto?

-Bueno, el pronto es tan relativo. Yo creo que es todo un proceso. Yo lo que siento es que estamos mejorando y va a ser un proceso paulatino y que esto no es una cosa que de la noche a la mañana vamos a encontrar soluciones. Lo que pasa es que el proceso es atractivo. No hace falta que lleguemos a la producción de 1.600.000 barriles diarios de petróleo para que los trabajadores ganen mejor. Pero sí, yo veo que evidentemente tenemos que acompañar todo esto y la calidad de los salarios tiene que ser en relación directa a las mejoras económicas que tenga el país.

-¿Crees que la presidenta Delcy Rodríguez estaría abierta a llamar a algún economista opositor para que formara parte de su equipo?

-No puedo especular con eso. Creo que le haría mucho bien. Pero no puedo especular si ella está dispuesta a hacerlo. Lo que sí te puedo confirmar es que ella escucha muy bien las voces diferentes a las del gobierno en materia económica. Muchos dicen que solo escucha a los ecuatorianos. Yo no sé cuánta influencia siguen teniendo los ecuatorianos. Creo que ella está escuchando los mensajes del mercado también.

-Si ella le pidiera -que no se la ha pedido-, alguna recomendación en materia laboral ¿Cuál le daría?

-Creo que hay gente mucho más capacitada que yo en materia laboral para hablar de lo técnico. Sin embargo, sí le diría que es necesario que esa asamblea constituyente laboral sea efectiva e inclusiva de otros sectores que no están participando en ella. Hoy en día es una asamblea constituyente para ellos. Ahí hace falta incluir a otros sectores laborales, a las demás centrales sindicales y a los empresarios. Ahí es donde podríamos tener una discusión; en ese seno es donde podríamos convertir las mejores alternativas que nos van a presentar.

-Usted que has estado presente en la escena empresarial y política en los últimos 30 años. Le quiero preguntar ¿Estamos en una transición económica y política?

-Si, estamos en una transición económica. En la política lentamente, pero sí.

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