Arabia Saudí, Qatar y Emiratos Árabes Unidos. Giorgia Meloni vuela al corazón de la crisis en Oriente Medio con una prioridad clara: la energía.
La misión de la primera ministra italiana en los países del Golfo se ha mantenido en secreto hasta el último momento. Sin comunicación a los socios europeos y de la OTAN, ni siquiera a sus ministros: solo el presidente de la República estaba informado. Vuelos protegidos y un anuncio que llegó solo una vez aterrizada en Yeda, en Arabia Saudí. “Motivos de seguridad”, explican fuentes de Palazzo Chigi, recordando que “solo hoy en los Emiratos han llegado 47 drones y 17 misiles balísticos”.
En este viaje previo a la Pascua, “el primero en la región de un líder del G20”, subrayan con orgullo desde el Ejecutivo, Meloni se ha reunido con el príncipe heredero Mohamed bin Salman y este sábado con el emir de Qatar, el jeque Tamim bin Hamad Al Thani. La última etapa está prevista en Abu Dabi.
El viaje se mantuvo en secreto hasta el último momento por motivos de seguridad
El viaje se presenta como un gesto de solidaridad con países golpeados por la reacción iraní. Con las monarquías de la región, Meloni había tejido relaciones sólidas en los meses previos al ataque contra Irán. Pero detrás del gesto hay preocupaciones muy concretas. La primera, obviamente, es la energética: de estos países Italia obtiene cerca del 15% del petróleo y el 10% del gas. Suministros ahora en riesgo por el conflicto, aunque “no estamos en emergencia”, matizan desde Roma.
Tras la derrota en el referéndum, Meloni busca marcar distancias con Donald Trump
A cambio, como reconocen fuentes oficiales del Gobierno italiano, además de inversiones de la empresa estatal Eni, estos países piden ayuda en defensa aérea, es decir: armas. Italia se ha mostrado disponible, “con fines puramente defensivos”, subrayan los diplomáticos de Meloni, pero tiene un problema de existencias, también por el apoyo prestado a Ucrania. “Les ayudamos a defenderse, estamos aquí tanto para proteger a nuestros compatriotas como para garantizar los suministros energéticos”, explicó Meloni en una entrevista a la Rai. En Roma insisten en que no hay emergencia, pero la carrera por asegurar suministros ya está en marcha.
Pero la cuestión del gas y del petróleo es la que más preocupa a la jefa del Gobierno, que antes de partir hacia el Golfo aprobó un decreto para prolongar tres semanas el recorte de impuestos sobre la gasolina y contener las subidas. La urgencia es máxima, como demuestra la agenda: a finales de marzo Meloni viajó a Argel para intentar aumentar las importaciones de gas y, con el mismo objetivo, viajará próximamente a Azerbaiyán.
A esto se suma el distanciamiento de Donald Trump, que avanza lentamente, quizá de forma inexorable. La derrota en el referéndum sobre la reforma de la justicia ha expuesto los riesgos de su cercanía al presidente estadounidense. “Cuando no estamos de acuerdo con él, lo decimos”, afirmó Meloni al comentar las últimas declaraciones de Trump sobre la OTAN.
La primera ministra también necesita relanzar la acción de Gobierno tras el terremoto político provocado por la derrota en las urnas. El clima en Roma ha cambiado: el Ejecutivo se ve sacudido por escándalos —el último afecta al ministro del Interior, Matteo Piantedosi, implicado en un affaire con una mujer que obtuvo contratos públicos vinculados a ministerios—. Meloni ha descartado elecciones anticipadas y busca recuperar la iniciativa.
La Vanguardia / NotiPrimicia
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