Hay hombres que, al partir de este plano terrenal, dejan un vacío difícil de llenar, pero su vida permanece como un testimonio de lo que puede alcanzar un ser humano cuando convierte el trabajo, la honestidad, la disciplina, «su vida toda puesta al servicio de un ideal colectivo», parafraseando al ilustre maestro don Rómulo Gallegos.
Ayer, falleció Néstor de los Santos Ferrer Yancen, un hombre profundamente vinculado a las luchas del movimiento sindical venezolano y a la defensa de sus trabajadores.
Su ausencia física enluta al sindicalismo zuliano y venezolano, pero al mismo tiempo nos convoca a reconocer una trayectoria que constituye un verdadero ejemplo de superación.
De nuevo, como suelo escribir cuando se ausenta un amigo, un ser querido, se nos presenta la gran paradoja de la vida: la tristeza porque el negro Yancen no está, no veremos más a nuestro querido Néstor, pero a la vez alegría porque se fue con el deber cumplido.
Néstor no llegó al liderazgo sindical desde los privilegios. Comenzó como obrero. Desde allí, conoció directamente las necesidades, aspiraciones y dificultades de la clase trabajadora.
Desde allí, construyó paso a paso una trayectoria admirable que lo llevó a convertirse en líder sindical, llegando a la presidencia de FETRAZULIA, máxima central obrera del estado, demostrando que el origen humilde no constituye impedimento para alcanzar las más altas responsabilidades cuando existe voluntad, principios y, sobre todo, vocación de servicio para lograr ese ideal colectivo.
Así llegó a la presidencia de la Asamblea Legislativa, por cinco años consecutivos. Una responsabilidad en la cual se convierte en un protagonista de la vida pública.
Néstor de los Santos Ferrer Yancen, fue expresión de una visión sindical vinculada a la SOCIALDEMOCRACIA y al estado de bienestar. Entendió que la lucha de los trabajadores no debía quedar atrapada en la confrontación permanente, ni en una visión de la sociedad determinada por el conflicto de clases. Su convicción como ideal se orientaba a la verdadera reivindicación del trabajador y alcanzarla cuando una sociedad es capaz de generar bienestar, progreso, oportunidades, seguridad social, educación, salud, empleo digno y todas las condiciones que permitan al ser humano vivir con dignidad. Esa fue su lucha; por eso podemos decir que murió para seguir viviendo con «las botas puestas». Hasta última hora lo vimos en marchas, caminatas, concentraciones, como símbolo de protesta debido a la severa crisis que afecta a todos los venezolanos y en especial a la clase obrera.
Por eso, al hablar hoy de Néstor, es hablar también de una generación de dirigentes sindicales que entendió que la conquista de derechos laborales debía estar acompañada por la construcción de instituciones democráticas y de un Estado social capaz de proteger al trabajador y a su familia.
Néstor, demuestra que se puede comenzar desde abajo y llegar lejos sin renunciar a los principios, ni a su origen o procedencia humilde… Esa fue su verdadera grandeza…!!
Su vida, además, constituye un poderoso mensaje para las nuevas generaciones.
Hoy, podemos decir, se despide de este plano terrenal con el deber cumplido, con sus pasos rectos y su honestidad a toda prueba.
Hoy, pasas a formar parte del panteón de la eternidad, donde yacen los hombres de buena voluntad.
Hasta siempre, querido Néstor, te seguiremos queriendo con todo y todo… ¡¡COMO EL CLAVEL DEL AIRE!!
Julio Urribarri Fonseca, politólogo
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