Este 31 de octubre, el cielo se llenará de oraciones chiquinquireñas desde todas las latitudes. Los cánticos de la solemne misa estarán acompañados por ese pueblo que bordea su ermita y por quienes espiritualmente le acompañarán para agradecerle tanto amor y desvelo por cada hijo que hoy está ausente, pero a quienes siempre llevará en sus brazos.
Lo que durante años fue una vivencia íntima del Zulia, hoy se desborda en el mundo como la gran devoción a Nuestra Señora de Chiquinquirá. Cada marabino que emigró llevó consigo la sagrada imagen —en una estampita o en un bendito retablo— como refugio, fe y compañía en sus sueños y proyectos. En Chile, esta devoción echó raíces en 2015 a través de la Parroquia Latinoamericana, donde se constituyó la «Comunidad Chiquinquireña» para difundir la fe mariana. El 21 de noviembre de 2017, tras superar complejos trámites aduaneros, arribó la primera réplica a suelo chileno, siendo entronizada formalmente el día 24. Desde entonces, la feligresía cumple fielmente los protocolos eclesiásticos, celebrando su fiesta central desde el último sábado de octubre.

En Perú, el comité organizador Chiquinquireño y la parroquia Jesús Nazareno (Cercado de Lima) se engalanan en un ambiente de amor y fe, con toda su programación lista para este sábado 31. Asimismo, en Ecuador —específicamente en las ciudades de Guayaquil y Quito—, la iglesia de Cristo Resucitado acogerá la misa solemne en su honor, enmarcada por gaitas y tradiciones zulianas que cruzan fronteras.
En ciudades de Estados Unidos como Miami y Orlando también se preparan para su encuentro chiquinquireño; por su parte, en Madrid (España), bajo el lema ‘Nos une Venezuela, nos une La Chinita’, llevan cerca de 20 años acompañando con fe al migrante zuliano. En esta oportunidad, la celebración se desplegará en cuatro templos de distintas localidades de la comunidad madrileña. Asimismo, con nuestros hermanos colombianos nos une la veneración a Nuestra Señora de Chiquinquirá desde hace cientos de años. Aunque su advocación mariana posee una historia propia, en sus altares también resplandece el milagroso lienzo que consuela a esa nación vecina y acoge a los zulianos que han emigrado a tierras colombianas.
Cada iglesia y cada corazón de los millones de venezolanos —y muy especialmente zulianos— en el mundo se convierten desde hace años, producto de la migración, en una extensión del templo de San Juan de Dios. Es un mismo sentir y una misma esperanza con la que le pedimos humildemente por cada uno de nosotros; un fervor que derriba muros, acorta distancias y sana las heridas que deja el haber partido de nuestra tierra fértil. Una tierra sagrada y bendecida que este 2026 celebra con júbilo los 317 años del milagro de la renovación y aparición de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá en la tablita, junto a los 125 años de entrega de la sociedad religiosa de los Servidores de María.

Con cada año, sus bendiciones, oraciones, gaitas y festividades han dejado huella en cada territorio; quienes la han llevado por todos los caminos donde andan van renovando su fe con más fervor, con el mismo sentimiento con el que hoy lo hacemos desde su casa bendita. Ese mismo sentir con el que han llenado nuestros corazones las magistrales letras y oraciones hechas canciones de Los Chiquinquireños, bajo la dirección desde hace 38 años de Reinaldo Cubillán y sus gaiteros, quienes han traspasado fronteras con sus composiciones que narran la historia viva de un pueblo que tanto adora y venera a la Madre Bendita de Dios.
Hoy estarás frente a tu pueblo y, aunque algunos te acompañen desde ese altar que llevamos en la mochila —cruzando selvas, lagos, cielos y mares—, te seguiremos venerando con el mismo amor. Le pediremos a Dios, tu Hijo amado, por todos tus hijos del mundo que te nombran en sus oraciones. Porque estamos seguros de que muy pronto la Plazoleta se colmará de nuevo para cantarte las mañanitas el 18 de noviembre, para acompañarte en tu celestina Aurora recorriendo nuestras calles, barriadas y para que el cielo marabino vuelva a ser testigo de una hermosa multitud pidiéndote la bendición frente a frente, arrullándote en tu nido de amor, siempre con fe, pasión y mirada hacia adelante. ¡Bendición, Chinita! ¡Bendición, Madre de Dios!»
Silvia Barboza / CNP-7.788
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