¿Por qué Venezuela ha vuelto al centro del discurso de Donald Trump en la ONU?

Es el efecto "victoria" ante las elecciones de mitad de mandato de noviembre

por Dennys Bracho

Venezuela está al centro del Palacio de Vidrio. No por mérito alguno, sino como ejemplo de disuasión exhibido por los Estados Unidos ante China, parte de América Latina y el resto del mundo.

Para ser sinceros, llegados a este punto, Donald Trump habría preferido exhibir otro premio, es decir, una contundente victoria ante Irán que en cambio se ha convertido en el revés internacional más grande de su segunda administración; la capitulación –negociada o no– del régimen cubano, el cual sigue allí entre sanciones y amenazas militares; la paz en Ucrania, que Washington creyó alcanzar cediendo terreno a Vladimir Putin, el cual en Alaska entendió las fragilidades del tycoon.

Sí, es cierto, Trump obtuvo un gran acuerdo con Dinamarca para garantizar la seguridad de Groenlandia. Construirá allí un par de bases militares y nadie podrá invertir allí si él no lo autoriza. Sin embargo, jactarse del monopolio sobre el petróleo venezolano es la propaganda más «grotesca» que un jefe de Estado pueda hacer:

Afirmó en la ONU que «juntos representamos el 60 por ciento del petróleo de todo el mundo». También ha reivindicado el valor del acuerdo petrolero tras el cual los EE.UU. garantizan para sí 65 mil millones de barriles. «Tal vez este es el mayor trato jamás firmado», ha dicho.

«El vencedor se lo lleva todo». Luego advierte: «Nuestras acciones en Venezuela demuestran que Estados Unidos no permitirá que haya ninguna amenaza contra Estados Unidos en ningún lugar del hemisferio Occidental y si es necesario utilizaremos nuestro poderío militar para responder».

El mensaje tiene doble destinatario, principalmente, dirigido al electorado estadounidense en vista de las elecciones de mitad mandato de noviembre y, China, desde siempre en el epicentro de la competencia por los recursos naturales del hemisferio y primer tema de conversación en la reciente gira del secretario de Estado, Marco Rubio, en la región.

No faltó la reivindicación de la captura de Nicolás Maduro, cuyo ejemplo sigue siendo usado como «escarmiento» ante la opinión pública internacional. Trump habla ahora por Venezuela, dejando en segundo lugar la presencia de Delcy Rodríguez, que es más simbólica que cualquier otra cosa. El mismo Luiz Inácio «Lula Da» Silva, presidente de Brasil, ha reconocido la situación.

«La soberanía del país se acabó», dice el presidente de Brasil acerca de Venezuela. «Eso no es bueno para Estados Unidos, no es bueno para Venezuela y tampoco es bueno para la democracia». Lula ha declinado la invitación a reunirse con la presidente encargada, alegando problemas organizativos. «Por la forma en que los Estados Unidos tratan a Delcy pareciera que fuera su jefe», añadió.

Siendo Venezuela la única victoria política de Trump en su segundo mandato, el país ha sido catapultado al centro del debate mundial, como precedente de los que los EE.UU. pueden hacer en su propio hemisferio. Y no es para convencer a una comunidad internacional en la que cada cual ha elegido su parte, sino atraer al electorado norteamericano, profundamente decepcionado ante la situación económica interna a los EE.UU. Trump no pierde las esperanzas de llegar a un acuerdo con Irán en vista del voto. Ha quedado lejos aquella promesa de aislamiento ante los problemas del resto del mundo.

Trump se ha metido de lleno en ellos, haciendo de la política exterior el señuelo que compense el gran problema interno de los EE.UU, cuya clase media sigue en caída libre junto a lo que un tiempo fue el «Sueño Americano».

NotiPrimicia/Especial Estefano Tamburrini

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