Rafael Bolívar Coronado, creador del Alma Llanera, nació en aquella Venezuela del 6 de junio de 1884 en Villa de Cura, estado Aragua, justo el mismo año cuando el presidente Antonio Guzmán Blanco viaja hacia el campo de Carabobo para encontrarse con el artista Martín Tovar y Tovar, a quien ha encargado pintar un lienzo sobre la batalla de Carabobo. Fue hijo del escritor costumbrista Rafael Bolívar Álvarez y de Emilia Coronado.
Su formación fue breve, pero intensa. Siendo un niño llega con sus padres a la capital en 1890. En su azarosa juventud recorre todo el país. Con 28 años de edad se incorpora a la vida intelectual de Caracas en 1912, donde sus dotes como cronista y articulista pronto brillaron en las páginas de El Cojo Ilustrado, El Universal y El Nuevo Diario.
El 19 de septiembre de 1914, y en colaboración con el maestro Pedro Elías Gutiérrez, estrenó en el Teatro Caracas la Zarzuela «Alma Llanera». El público quedó cautivado por aquel joropo que con el tiempo se convertiría en nuestro segundo himno nacional, un canto que clama con orgullo:
«Yo nací en esta ribera del Arauca vibrador.
Soy hermano de la espuma,
de las garzas y de las rosas.
Y del sol, y del sol».
A raíz de este éxito, el general Juan Vicente Gómez le concedió una beca para viajar a España. Sin embargo, el escritor, que no era afecto al dictador, no dudó en gritar «¡Muera el dictador!» desde el vapor que lo llevaba al viejo continente.
Debemos recordar que en España, Rufino Blanco Fombona, contrata a Coronado para trabajar en su Editorial América, y le encomienda la tarea de transcribir manuscritos antiguos sobre la conquista de América en la Biblioteca Nacional. Lejos de cumplir con su cometido, Bolívar, con su pluma genial y osada, creó un caos en la crítica literaria al «descubrir» y publicar cinco «crónicas inéditas» firmadas por autores ficticios de la colonia, como fray Nemesio de la Concepción Zapata o el maestre Juan de Ocampo.
Bolívar Coronado obtuvo trabajo como corresponsal de guerra en África. Sin embargo, fiel a su estilo, nunca pisó el continente: desde un puerto español se limitó a inventar las crónicas con datos que lograba recoger de otros. Jamás dejó de escribir, creando una vasta obra que firmaba bajo más de 600 seudónimos y heterónimos.
Alma Llanera está considerada como el segundo himno nacional de Venezuela, una pieza que trasciende modas y se ha convertido en un símbolo patrio. La letra refleja la conexión espiritual del compositor con la grandeza del llano y su gente.
Hoy, en el Siglo XXI, es necesario que las nuevas generaciones conozcan creadores como Rafael Bolívar Coronado. Nuestra venezolanidad debe ser un refugio donde florezca el espíritu de nuestra nación.
La historia de Bolívar Coronado, nos recuerda que la expresión artística es inmortal y que, más allá de la controversia, quienes construyen el alma de un país merecen ser recordados.
“Me arrulló la viva diana de la brisa en el palmar
Y por eso tengo el alma
Como el alma primorosa
Y por eso tengo el alma
Como el alma primorosa
De cristal de cristal”.
Textos tomados de mi libro VI
“Venezuela en Crónica”
Edición: Editorial Sultana del lago Editores.
Douglas Zabala
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