Trujillanos celebran a su Patrona La Virgen de la Paz

por Nilson Ramirez

La Virgen de la Paz es una de las advocaciones marianas más significativas en América Latina, reconocida principalmente como patrona del estado Trujillo en Venezuela y de El Salvador. Su figura simboliza esperanza y reconciliación, valores que han sido fundamentales en la historia de ambos países. La veneración a esta imagen comenzó en el siglo XVI en Venezuela, específicamente en el año 1568, cuando se empezaron a registrar las primeras apariciones de la Virgen.

Según la tradición, en el año 1568, una joven mujer comenzó a ser avistada caminando sola por las tardes en el pueblo de Carmona, ubicado en el estado Trujillo. Los pobladores, intrigados por su presencia, decidieron seguirla. Al hacerlo, descubrieron que en realidad era la Virgen María, quien elegía la «Peña de la Virgen» como su lugar de aparición. Este sitio, cargado de espiritualidad, se convertiría en un lugar de culto donde muchos fieles comenzaron a rendir homenaje a la Virgen de la Paz.

La imagen de la Virgen de la Paz no solo es un símbolo religioso, sino que también representa protección y amor maternal. A menudo se le representa sosteniendo una paloma en su mano derecha, lo que simboliza la paz mundial, un mensaje relevante en contextos de conflicto y discordia. Esta representación busca inspirar a los creyentes hacia una vida de armonía y entendimiento.

La devoción a la Virgen de la Paz tiene sus raíces en una advocación antigua que data del siglo VII, vinculada a San Ildefonso de Toledo en España. Esta relación se consolidó aún más en 1085, tras un milagro de reconciliación que reforzó el nombre y la importancia de la Virgen en la religión católica. Con el paso de los años, la Virgen de la Paz fue proclamada patrona espiritual de Trujillo desde 1568 y de la diócesis del mismo estado desde 1960.

Uno de los aspectos más emblemáticos relacionados con la Virgen de la Paz es el monumento que se erige en su honor. Inaugurado en 1983, este monumento mide 46,72 metros de altura, convirtiéndose en la escultura habitable más alta de América. Este imponente monumento no solo es un atractivo turístico, sino también un símbolo del amor y la devoción que los trujillanos y muchos otros sienten por la Virgen de la Paz. Su historia y significado continúan inspirando a generaciones, reafirmando su rol como un faro de esperanza y un llamado a la reconciliación en tiempos de adversidad.

Diario El Tiempo / NotiPrimicia

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