OnlyFans permite a creadores de contenido pornográfico vender su material en forma de suscripciones mensuales a una cantidad prácticamente ilimitada de usuarios. La sensación de exclusividad e intimidad al poder chatear con los modelos hace que los clientes estén dispuestos a pagar por este material. Pero estos sujetos no saben, o deciden ignorar, que detrás de la pantalla no responde esa modelo, sino un equipo rotativo de personas dedicadas a responder decenas de chats de forma simultánea.
En algunos casos, estas modelos ni siquiera son reales, pues son creadas con motores de Inteligencia Artificial (IA), lo cual maximiza las ganancias de quienes dirigen estas agencias de OnlyFans.
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El volumen de tráfico que estas cuentas tienen ha llevado a la creación de agencias que contratan personal con un único trabajo: hacerse pasar por las modelos de estos perfiles para tener conversaciones íntimas con los suscriptores y, así, venderles contenido.
Estos trabajadores, conocidos como chatters, tienen un alto dominio del inglés y deben enmascarar la personalidad de la modelo que interpretan para así sostener un negocio multimillonario.
Cosificación, inseguridad salarial, burnout y estafas son algunos de los señalamientos que circundan al trabajo de chatter de OnlyFans dentro de una industria que, según The Business Research Company, estuvo valorizada en 71 mil 360 millones de dólares para 2025.
Esta industria del nuevo trabajo sexual, ahora electrónico, es el caldo de cultivo perfecto para aprovecharse económicamente de las necesidades de los involucrados: los compradores, que no saben que conversan con alguien que no es la modelo o si quiera si es real; las modelos, quienes venden su imagen a las agencias; y los chatters, quienes se hacen pasar por estas mujeres para poder trabajar.
Todo detrás de una pantalla y a un clic de distancia.
Las ofertas
Las agencias de OnlyFans suelen contratar personal de países con sueldos bajos en comparación a los europeos y norteamericanos. Así, suelen reclutar personas de sitios como Filipinas y Venezuela.
Para algunos venezolanos, el subreddit de JobsVenezuela (Trabajos-Venezuela) es una fuente milagrosa de empleo remoto. El subforo, que se encuentra dentro de la red social Reddit (parecida a X), cuenta con distintas ofertas laborales, entre las que proliferan las posiciones de chatter de OnlyFans.

Publicación de oferta laboral de Chatter de OnlyFans en el subreddit de JobsVenezuela. Foto: Internet.
Sueldos base de 600 dólares, pagos vía USDT por Binance y la libertad de poder alcanzar un salario ilimitado gracias a un buen desempeño son los beneficios que estas publicaciones ofrecen. Algunas agencias ni siquiera requieren de experiencia, pues ofrecen entrenamiento. ¿Los requisitos?: una conexión de internet estable, excelente inglés escrito, una computadora con mínimo ocho gigabytes de RAM y, claro, no tener problemas con la exposición continua a material pornográfico.
Las publicaciones no lo explican, pero dentro del foro los usuarios saben exactamente de qué se trata el trabajo: mantener conversaciones con los compradores de cuentas de modelos de OnlyFans, haciéndose pasar por estas, para así poder venderles contenido exclusivo de índole sexual. Los usuarios comentan “Interesado” para así obtener más información, pues, en un país donde el sueldo mínimo legal ronda el medio dólar*, estas vacantes parecen maná del cielo para quienes buscan dinero rápido.
Tras responderles “DM” (iniciales de “mensaje directo” en inglés), estos empleadores llevan a los candidatos al chat privado de Reddit, donde comienzan el proceso de aplicación para, lo que todavía no saben, es una de las últimas formas de explotación laboral que se ha proliferado en el internet.
Sueldos inexistentes
OnlyFans, la plataforma donde modelos ofrecen su contenido de carácter sexual por suscripciones mensuales y ventas particulares por medio de chats, generó por sí sola 7,2 mil millones de dólares en 2024, según el portal Hypebeast.
Sin embargo, solo una ínfima parte de estas ganancias llega realmente a los chatters, quienes no tienen un sueldo base, pues generan sus ganancias únicamente con las comisiones de sus ventas.
Para Fernanda Cabrera, estudiante residenciada en Maracaibo y que, para efectos de este reportaje escogió un nombre ficticio, esto es altamente peligroso para quienes trabajan de chatter, como fue su caso.
“Puedes tener malos turnos donde no haces absolutamente nada de dinero”, explicó, pues su ingreso dependía de cuántos clientes suscritos a la cuenta de su modelo le compraban videos o imágenes exclusivas.
Durante los dos meses que trabajó como chatter, generó 260 dólares en total. Solo trabajó durante su primer mes, pues tuvo problemas al recibir el dinero luego de que su cuenta de Paypal fuese bloqueada tras obtener su pago, por lo que nunca pudo retirar sus ganancias.
Cabrera explicó que, por ejemplo, si lograba vender un vídeo de cinco dólares, su comisión era de tres, por lo que tenía que “vender mucho para poder ver la ganancia”. Afirmó que había personas que lograban esto y que percibían un beneficio considerable, pero que, para ella, no era un trabajo rentable, pues es incierto el dinero que al final se ganará.
La estudiante explica que, así como había días en los que hablaba solo con dos clientes, había otros en los que conversaba con hasta 50 usuarios, pero que eso no era garantía de que todos le compraran contenido.
Sin embargo, Cabrera sí cree que haya personas que en efecto ganen los 600 dólares mensuales que predican las publicaciones de trabajo e incluso más, pues atestiguaba movimiento en las cuentas de hasta mil dólares por día.
“Me imagino que mis jefes ganaban demasiado dinero, porque estas agencias no solamente se encargan de contratar a los chatters, sino todo lo que es el advertising de la modelo a través de redes sociales, a través de Reddit, etcétera”.
También refirió la aparición de “unicornios”, usuarios raros y muy ocasionales que “se enamoran de la modelo” y están dispuestos a pagar altas cantidades de dinero por sus contenidos.
“Para mí, esto se parece mucho en ese sentido a lo lives de TikTok”, afirmó en referencia a las personas que aseguran hacer en vivos en esa red social y ganarse mil dólares en regalos de usuarios.
“Lo más tentador de este tipo de trabajo para las personas jóvenes es que lo venden como que tu sueldo va a ser lo que tú decidas que sea, cuando no es así”.
Reclutamiento
Cabrera no pudo recordar cuál era el nombre de la agencia para la cual trabajó, pero lo consideró irrelevante debido a que estas suelen cambiar de nombre. No obstante, relató que consiguió su trabajo por medio de una amiga cuyos ingresos le ayudaban durante sus estudios universitarios. En ese entonces la IA no estaba en tendencia, por lo que sus modelos eran reales.
“Lo que me hizo aceptar el trabajo fue lo que representaba, que no era dinero fácil, pues ningún trabajo sexual, aunque esto no se vea como trabajo sexual, es dinero fácil, solo es dinero rápido”.
Bajo la promesa de generar cantidades considerables de dinero con un trabajo que, pensaba, era relativamente sencillo, aceptó la oferta y comenzó el proceso de aplicación. “Eran unas cantidades que sonaban bien para mí”.
Su entrenamiento consistió en un workshop (un entrenamiento breve e intensivo) de dos días seguidos por videollamada en las que se encontraban hasta 90 personas al mismo tiempo.
En su caso, no hubo una entrevista y la comunicación fue generalmente impersonal. “Rara vez (los gerentes) te hablan por privado”.
Su prueba consistió en un turno de cinco horas en las que le asignaron el perfil de una de las modelos, donde los encargados de su proceso evaluaron cómo se desenvolvía con los clientes.
Una vez la aprobaron, pudo comenzar a trabajar.
“Ellos están viendo todo lo que hacen en la cuenta
El turno de Cabrera consistía en entrar a la plataforma de OnlyFans, iniciar sesión y enviar una cadena a todas las personas que se acababan de suscribir a la cuenta de su modelo con una foto sugestiva que invitase a los compradores.
“Si la persona está en su teléfono, incluso si no está metida en la app, recibe una notificación y entra para ver, así se reciben los mensajes de los clientes”.
La disponibilidad horaria era de mañana, tarde, noche y madrugada. Cabrera solía trabajar por la madrugada y por las mañanas porque le resultaban convenientes.
Su turno era de cinco horas seguidas, en las cuales no podía comer, tomar agua, ir al baño o abandonar la actividad de chatear con los clientes bajo ninguna circunstancia.
La vigilancia a la que sus turnos estaban sometidos era digna de un relato orwelliano. “Ellos están viendo todo lo que hacen en la cuenta, todo lo que escriben, si te acabas de deslogear (salir de la cuenta), si un cliente escribió y tardaste dos minutos en responderle, todo lo monitorean y te llaman la atención por privado, ya sea por WhatsApp o Telegram”.
Materia prima
Los audiovisuales de las modelos que compraban los usuarios con los que Cabrera chateaba no eran generados por IA, pero sí eran contenido viejo, grabado con incluso años de anterioridad.
Estos videos, que funcionan como la materia prima de las agencias, están guardados en un Vault (baúl o bóveda), una especia de nube dentro del sitio web, de donde los chatters los extraen y los mandan a los clientes durante las conversaciones.
“OnlyFans es una app perfecta para eso porque se organizan y hay videos de pies, videos de orgías, videos de mamadas, videos de todo”, detalló Cabrera.
Los usuarios, totalmente crédulos, creen que estas fotos y vídeos son hechos con poco tiempo de diferencia o, incluso, minutos antes durante la conversación, lo que genera la ilusión de exclusividad y disponibilidad de las modelos para con los compradores.
Fetiches y violencia
Cabrera refirió que podía ver los nombres reales de sus compradores, todos masculinos, quienes era profesionales o padres de familia; y que las cosas que le pedían le parecían repulsivas: incesto, pedofilia, incluso fetiches de jugar con heces y desechos humanos. Recordó una ocasión en la que un cliente le dijo: “Me encanta comprarte contenido porque te pareces a mi hija”.
En su turno también había sujetos que Cabrera catalogó como timewasters (desperdiciadores de tiempo), que solo empezaban un diálogo con el motivo de ocupar a los chatters a propósito. Otros le trataban pobremente al momento de cobrarles, con comentarios como “Eres una puta” o “Nunca vas a conseguir la felicidad”.
“A pesar de que no eres esa muchacha, esas palabras te afectan, porque te las están diciendo a vos”, confesó la extrabajadora.
Cabrera sentía una presión enorme durante sus turnos, lo cual la llevó posteriormente a renunciar, ya que llegó a sentir ansiedad antes de entrar a su jornada. Sus jefes la presionaban para generar la mayor cantidad de dinero al día.
“Es un burdel electrónico, como a las víctimas de tráfico que les dicen ‘Hoy tienes que tener sexo con cincuenta hombres’, aunque nunca se comparará con ese nivel de desgaste físico y emocional que tiene una prostituta tratada en la vida real”.
La ex trabajadora explicó que los chatters que más ganancias generaban eran hombres, pues conocen los deseos de los clientes y qué tanto “están dispuestos a pagar para cumplir sus sórdidas fantasías”.
Cabrera renunció tras dos meses de trabajo a causa de que nunca pudo recibir su pago y el estado mental en el cual estaba como producto de la exposición al trato que recibía tanto de sus superiores como, principalmente, de los clientes.
“Esas semanas que trabajé allí me sentí miserable y al salir del turno me sentía desesperanzada por cómo la humanidad se está yendo al completo desastre”.
A Cabrera le han ofrecido trabajos de la misma índole desde entonces y, para ella, ha sido tentador aceptarlos, pues tiene amistades que ganan una cantidad considerable de dinero ejerciendo ese oficio.
Sin embargo, la estudiante prefiere priorizar su salud psicológica.
“Realmente no podría lidiar con la carga mental de este tipo de trabajo de nuevo”.
Las modelos
Sofía Morales, quien también eligió mantener su anonimato al utilizar un nombre ficticio, trabajó para una agencia de chat en vivo como modelo y, a su vez, como chatter, pues se representaba a sí misma, pero bajo el nombre de Cata.
Igual que Fernanda Cabrera, consiguió el trabajo por medio de la amiga de una amistad, quien la refirió a otra chica quien fue su reclutadora.
“Yo necesitaba el dinero, no me contrataban en ningún lado y dije: ‘No puede ser tan malo'».
Su plataforma no era OnlyFans, sin embargo, su servicio era el mismo: atender chats; con la adición de contestar videollamadas que los clientes pagaban por minuto con saldo recargado en el portal.
Morales nunca supo exactamente cuál era el sitio en el cual estuvo, pues en su teléfono, con el cual trabajaba, se llamaba MiaChat; para su amiga era LiveChat y, para un cliente con quien conversó, era LiveApp.
Desde que contactó a su reclutadora hasta que comenzó a trabajar pasaron solamente cinco días. No hubo un proceso de entrevista ni de capacitación. “A ellos no les interesa qué haces ni qué quieres, lo único que quieren son chicas bonitas que trabajen para ellos”.
Compensación
Morales tampoco tenía un sueldo. Trabajó por tres semanas, en las cuales generó 250 dólares que recibió vía Binance a través de la criptomoneda USDT. En su caso, su pago era por la cantidad de minutos de llamada que atendía, llegando a ganar un dólar por minuto de llamada. Los clientes recargaban monedas a la plataforma, las cuales tenían un equivalente de un dólar por cada 800 monedas que se transferían a su billetera de forma automática.
“Como principiante podrías ganar unos 20 dólares por semana, yo llegué a ganar 50”, aseguró.
Su reclutadora trabajaba también como modelo, por lo que tenía dos fuentes de ingreso: sus ganancias propias y las de las chicas que conseguía para la plataforma. Según Morales, esta le comentó que en una semana solía ganar alrededor de 200 dólares fácilmente.
Frente a la cámara
El turno de Morales consistía en entrar a la plataforma y activar el “En Línea” para empezar a recibir mensajes y llamadas. Los clientes, algunos de habla inglesa y otros hispanohablantes, solían pedirle que se quitara la ropa o pasease por la habitación, aunque ella evitaba dichas interacciones, pues, al momento de su contratación, le dijeron que debía estar dispuesta a ver fotos de penes, pero nunca que debía exponerse a sí misma sexualmente.
“Yo llegué a hablar con chinos, rusos, coreanos, gringos, españoles”, aseguró y explicó que una de las razones por las que recibía flujo de llamadas era porque hablaba inglés.
La violencia también estaba presente en sus turnos. En una ocasión en la que se negó a mostrar sus senos, un cliente le dijo: “You are a stupid bitch (eres una perra estúpida)”.
Sofía Morales abandonó paulatinamente su trabajo, a pesar de que sus superiores la presionaban para mantenerse en línea, lo cual, explicó, era difícil para ella debido a los cortes eléctricos que sufría en su sector. Finalmente, la despidieron sin ninguna compensación más allá de sus ganancias.
“No me gustó para nada ese ambiente, no es algo que vaya conmigo y no es un trabajo para nada digno, es simplemente dinero fácil”.
Los efectos del trabajo
Tanto Cabrera como Morales aseguraron que una de las consecuencias de haber sido trabajadoras sexuales fue la desensibilización al contenido pornográfico, incluso llegando a rozar el asco hacia el sexo masculino.
Para Cabrera, chatear con este tipo específico de hombres con fetiches puntuales e, incluso, violentos, terminó por generarle rechazo hacia el género masculino y, por otra parte, a desensibilizarse con respecto a los cuerpos desnudos, lo cual la llevó a ver a la pornografía como falsa.
“Soy mujer y para mí, obviamente, una mujer real no se comporta así sexualmente, pero verla en estos ámbitos me desensibilizó aún más”, afirmó.
Por su parte, Morales sintió igualmente repudio hacia el sexo masculino, lo cual incluso afectó la relación que tenía en ese momento. “Me sentía como sucia, a pesar de que yo no había hecho nada, porque, aunque me lo pedían, yo decía que no”.
Para Naidely Zambrano, psicóloga y terapeuta de jóvenes y adultos, el trabajo de chatter tiene consecuencias psicológicas complejas, pues hay un choque entre dos aspectos de la vida de sus trabajadores: el trabajo y el sexo.
La naturaleza misma del trabajo, que consiste en fingir ser alguien más, genera una disonancia cognitiva en quienes lo ejercen, pues tienen que llevar una historia, un tono y un hilo no solo con un cliente, sino con varios para, al final, poder venderles el contenido y así obtener remuneración económica, lo cual de por sí es un factor estresor.
El resultado es que los trabajadores terminen disociándose al dejar de ser ellos para interpretar a alguien más.
En cuanto al sexo, según la psicóloga, la exposición constante a la pornografía afecta el sistema dopaminérgico del cerebro, el cual se encarga de manejar el placer como recompensa para así repetir actividades esenciales, como comer. Desde la perspectiva conductual, si un estímulo se asocia con algo negativo, el cerebro automáticamente genera rechazo hacia él, lo cual explica el repudio que Cabrera y Morales sintieron hacia el sexo masculino al asociarse con un estímulo negativo como producto de la violencia y los fetiches específicos que estos clientes varones les manifestaron.
Así, el resultado es que el sexo termine asociándose con asco y no con placer como consecuencia de la exposición a este grupo específico de hombres en la plataforma, funcionando, también, como un mecanismo de defensa.
Consuelo emocional
Pero este trabajo, según la psicóloga, no solo genera estrés laboral y alteraciones con respecto al ámbito sexual, sino también emocionales, pues hay clientes que buscan confort al conversar con estas modelos.
“Puede haber personas que lleguen a intentar desahogarse y ser consoladas por quien trabaja, eso va a requerir un manejo adecuado del cliente para poder entonces mantener la venta”, explicó.
De esta manera, el estrés laboral de tener que generar ganancias a falta de un sueldo base, junto con la exposición continua a contenido sexual, la interacción simultánea con varios clientes y, además, el tener que consolar a los usuarios para así poder generar una venta, puede llevar a los trabajadores a un burnout.

Para Naidely Zambrano, psicóloga, el trabajo de chatter de OnlyFans tiene implicaciones psicológicas complejas tanto en los trabajadores como en sus compradores. Foto: Cortesía.
Burnout
El burnout, traducido como “trabajador quemado”, es un fenómeno que consiste en un agotamiento por parte de los trabajadores como resultado del estrés y el sentimiento de falta de realización.
Según Zambrano, esto viene del hecho de que el trabajo es una parte fundamental de la vida de los seres humanos. “Nosotros trabajamos quizás la mitad de nuestra vida o más”, puntualizó y añadió que el trabajo no solo impacta en lo económico, sino en la identidad de la persona y en cómo se identifica.
El trabajo ofrece un sentido de pertenencia y, cuando existen incentivos no solo económicos, sino también de retroalimentación y reconocimiento, el trabajo y el humano se relacionan de manera beneficiosa.
Sin embargo, esto no ocurre en el trabajo de chatter de OnlyFans. Pocos son los individuos que escogen este rubro de manera voluntaria y no por necesidad. Eso, sumado a la falta de reconocimiento, el estrés económico y la falta de crecimiento hace que los trabajadores se frustren y terminen desarrollando burnout.
“La persona se queda sin recursos, tanto emocionales como físicos, para poder responder a este trabajo. Pero necesita trabajar para vivir, lo que añade una carga de responsabilidad y obligación que desgasta más a la persona”, explicó Zambrano.
Esto desemboca en un estado de agotamiento extremo, desconexión e incluso ansiedad que lleva, en la mayoría de los casos, que las personas renuncien con afectaciones psicológicas que permanecen tiempo después de que finaliza el trabajo.
Del sexo vainilla a lo específico
Zambrano explicó así mismo que los consumidores de este tipo de servicio suelen llegar a ellos por dos razones: contenido hecho a la medida y conexión emocional.
El consumo de pornografía activa el sistema de dopamina en el cerebro, el cual se encarga de la motivación y del querer volver a repetir actividades, pero también es el mismo que se relaciona con el dinero y con las drogas.
Muchos, si no es que todos los clientes de perfiles de modelos de OnlyFans, ya han probado la pornografía genérica y gratuita, sin embargo, la resistencia que se genera por el consumo constante de contenido sexual hace que busquen estímulos distintos.
Así, la pornografía “normal” no es suficiente y el consumo de contenido sexual ya no solo es una fuente de placer, sino una necesidad. Esto lleva a que los usuarios estén dispuestos a pagar por acceder a contenido específico que satisfaga sus fetiches que quizá no puedan encontrar tan fácilmente en el internet.
“La posibilidad de moldear ese estímulo que van a tener debe ser bastante gratificante para ellos y están dispuestos a pagar por eso”, explicó Zambrano.
Por otra parte, los individuos también pagan por la interacción con las modelos. “La persona no solamente satisface un deseo sexual, sino también necesidades de conexión, necesidades emocionales y sociales”.
La cuestión es que una vez el comprador está dentro es muy difícil que pueda salir, pues desarrolla una adicción. Los compradores, al obtener gratificación por el contenido que obtienen y, además, validación constante por las que creen que son las modelos, se encuentran en un entorno que fomenta su consumo, pues no está recibiendo una respuesta desagradable a su acción.
“Todo lo contrario: está siendo aceptado por este mundo en particular”.
De esta forma, la industria se encarga de alimentar los deseos de estos individuos para, así, sostener un negocio millonario que se lucra de las necesidades de los tres agentes envueltos en esta actividad: los consumidores, las modelos y los chatters.
“Lo bueno cuesta”
Antonio Zavala, quien escogió un nombre ficticio y es intérprete médico y proveedor de idiomas, paga unos tres perfiles de OnlyFans al mes con precios que rondan los seis y nueve dólares, sin embargo, cancela los pagos automáticos para solo tener un mes de acceso y nunca compra contenido por medio del chat de las modelos.
Zavala afirma que “el 99% de los chats de OnlyFans no son las modelos hablando”, por lo que no compra fotos ni vídeos que le ofrecen por medio de la conversación, pues, financieramente, es una mala decisión: “¿Cómo sabes que es ella, que no estás pagando el sueldo de alguien más?”.
No obstante, sabe de personas que han pagado grandes cifras dentro de la plataforma, de “hombres que han gastado cinco mil dólares en esa basura, 10 mil dólares, 20 mil dólares”.
Zavala reconoce que el pagar por pornografía es “estúpido”, pues todo está gratis en el internet, pero que viene de esa noción de tener algo exclusivo y de la distorsión de una máxima de que “lo bueno cuesta”.
“Te envuelves en una dicotomía. ¿Qué es lo correcto, financieramente hablando? Hablamos de cómo te seduce esa noción de tener algo que otro no puede tener porque no lo puede pagar”, explica.
En su caso, Zavala comenzó a adquirir suscripciones de OnlyFans luego de una ruptura amorosa de hace años, por lo que busca esa misma sensación en otros lugares y reconoce que, si son los correctos, es debatible.
Afirma que en algún momento dejará de consumir este tipo de contenido y lo asocia a cuando retome una relación sexoafectiva, pues lo que sea que se está dando al otro lado de la pantalla, es su intimidad. “Es algo muy privado que estás compartiendo con alguien más, a pesar de que sea del otro lado de una pantalla”.
El placer ante la IA
Así como reconoce que hay chatters detrás de las cuentas de las modelos, también es consciente de que hay perfiles creados con IA. Sin embargo, eso no afecta su percepción de consumo, pues su “masculinidad supera esa idea”.
Según Zavala, las imágenes creadas con IA son perfectas, pero carecen de alma, lo cual es evidenciable en los ojos de las modelos y en cómo no gesticulan de manera humana; por lo que sabe identificarlas.
“Hasta el momento estoy seguro de que todas mis suscripciones han sido mujeres reales”, asegura y detalla que todos los perfiles que ha comprado los ha conseguido desde sus perfiles de Instagram: ese es su método de chequeo.
Sin embargo, no le sorprendería admitir “lo tonto que fue” si se da cuenta que uno de los perfiles que paga es generado con IA.
Zavala consume contenido con precaución en una época que ha demostrado que los vicios más antiguos del ser humano logran tener cabida dentro del avance de la tecnología y la desinformación. Así, las industrias se adaptan a los cambios tecnológicos, y la industria del porno no es la excepción.
Finalmente, se trata de un espacio en el que nadie está a salvo, en el que los compradores desconocen quién está detrás de la pantalla o si quiera si es real, y donde los chatters se exponen a condiciones deplorables bajo la promesa de una recompensa económica aparentemente rápida.
No obstante, solo una cosa es segura y es que solo hay dos ganadores seguros en esta nueva modalidad del trabajo sexual: los dueños de las agencias de OnlyFans y los desarrolladores de la IA generativa.
Los demás terminan siendo solo consumidores o trabajadores de esta nueva posverdad.
*Al momento en el que se escribió este reportaje, el sueldo mínimo vigente en Venezuela es de 130 bolívares, el equivalente a 0,28 dólares a tasa de cambio del Banco Central de Venezuela del 27 de marzo de 2026 (468, 51 bolívares por dólar)
Por: Walver Perozo, estudiante de Comunicación Social, mención Periodismo Impreso, de la Universidad Privada Dr. Rafael Belloso Chacín (URBE) para la cátedra de Periodismo de Investigación.
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