BAJADA SALADILLERA Por Douglas Zabala

por Nilson Ramirez

Había que ver cómo eran los tiempos cuando se acercaba el 31 de octubre, día de la “Bajada de La Chinita” en los tiempos del Padre Ríos, en mi barrio El Saladillo. Si caminabas por los lados de la VOC, por las calles Carabobo, El Tránsito, Ciencias, El Datti o por mi calle Los Biombos, todas olían a dulce de limonzón, lechoza, hicaco y manjar.

En la misa, el presbítero Ángel Ríos Carvajal o como le decían en el barrio, “el Padre Ríos” siempre recordaba cómo, a orillas del Lago, apareció una “tablita” que encontró una anciana, quien la llevó a su casa. Transcurridos algunos días, el 18 de noviembre de 1709, la viejita escuchó varios golpes en la pared sobre la que había colgado la “tablita” y, al acercarse, vio el resplandor de nuestra virgencita.

Hoy nosotros debemos recordar que un 16 de julio de 1917 el padre Antonio María Soto gestionó por primera vez, y obtuvo de Su Santidad el Papa Benedicto XV, el documento pontificio que ordenaba la Coronación Canónica de la imagen de Nuestra Señora de Chiquinquirá.

“Te conferimos el poder para que, el día que mejor te pareciere, coloques sobre la Sacratísima cabeza de la venerada imagen de La Chinita una corona de oro”. Fue la respuesta dada por el Papa en el referido Breve Pontificio, dirigido a Monseñor Arturo Celestino Álvarez, Obispo del estado Zulia.

Así fue como Marcos Sergio Godoy, Obispo de la Diócesis del Zulia, dispuso lo concerniente a la expresada coronación y fijó la fecha de tan magno evento para el 18 de noviembre de 1942. Quedó de este modo, y para siempre, como día de nuestra Excelsa Patrona, todos los 18 de noviembre de cada año.

Cuando ya eran como las cuatro de la tarde, las muchachas que vivían por los lados de San Isidro, Santa Rosalía, el Tránsito, la Monagas, Cambuleto, el Cine Boconó, calle La Paz y el callejón de los Palomos se veían venir bien bonitas y con la emoción de ver la bajada de La Chinita.

De todo el barrio se veía bajar la gente bien emperifollada, en medio de las griterías y jocosidades de nosotros, los muchachos del barrio, quienes siempre íbamos acompañando a los mayores que, colmados de emoción, aprovechaba la bajada pá pedirle a La Virgen de Chiquinquirá un milagrito lleno de amor y de su absoluta bondad.

Maracaibo noble y leal,
tu Chinita es nuestra guía
del sendero a transitar.
Del Empedrao al Saladillo,
nuestra gaita te engalana,
adornando con su brillo
nuestra gran fe mariana.
Gloria a ti, Casta Señora
de mi pueblo bravo y fuerte,
que en la vida y en la muerte
ama y lucha, canta y ora.

¡Nos vemos en la bajada de mi Chinita!

Douglas Zabala

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