La ruptura consecutiva de dos fallas geológicas habría sido la causa de la prolongada duración y la elevada intensidad de los terremotos que sacudieron Venezuela el pasado 24 de junio, de acuerdo con una investigación de científicos de la Universidad de Chile divulgada esta semana.
El estudio, elaborado por especialistas del Centro Sismológico Nacional (CSN), identificó un comportamiento poco habitual en el proceso de fractura de la corteza terrestre. Los investigadores concluyeron que la liberación de energía se extendió entre dos estructuras tectónicas, en lugar de quedar concentrada en una sola.
La primera ruptura se produjo en la falla de Boconó, desde donde se propagó hacia la falla de San Sebastián, ubicada parcialmente bajo el mar Caribe. Esta conexión permitió que el movimiento continuara a lo largo de distintos segmentos y alcanzara una duración aproximada de 70 segundos, según los resultados difundidos.
Los científicos describieron este mecanismo como una «ruptura multidoble», expresión utilizada para explicar la activación encadenada de diferentes fallas durante un mismo episodio sísmico. El fenómeno aporta nuevas pistas sobre el comportamiento de la zona donde interactúan las placas tectónicas del Caribe y Sudamérica.
Pero la duración no fue el único aspecto que llamó la atención de los especialistas. El análisis detectó que una parte de la fractura avanzó por la falla de San Sebastián a una velocidad cercana a 5,5 kilómetros por segundo, superando la velocidad de propagación de las ondas sísmicas de corte.
Este tipo de desplazamiento puede producir una onda de choque que concentra la energía del movimiento, de manera comparable a lo que ocurre cuando un avión supera la barrera del sonido. Los investigadores consideran que ese mecanismo ayuda a comprender la fuerza de las sacudidas registradas durante el episodio.
El trabajo fue encabezado por Sebastián Riquelme, jefe de operaciones del CSN, y sus resultados aparecieron en la revista científica The Seismic Record. A diferencia de investigaciones anteriores, centradas principalmente en la secuencia de los sismos y sus efectos sobre el terreno, este análisis buscó reconstruir la forma en que se desarrolló la ruptura.
Riquelme sostuvo que «estos resultados demuestran la importancia de actualizar los modelos de amenaza sísmica global y regional, incorporando de manera obligatoria escenarios de ruptura de múltiples fallas en lugar de evaluarlas de forma aislada».
Los hallazgos publicados el 27 de octubre en The Seismic Record indican que el proceso sísmico tuvo una magnitud de momento equivalente a 7,6 y se extendió a lo largo de aproximadamente 230 kilómetros. Para reconstruirlo, el equipo combinó registros de acelerómetros, información de estaciones sísmicas internacionales y mediciones satelitales de la deformación del terreno.
El análisis aporta una nueva interpretación de la secuencia que inicialmente fue registrada como dos terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5, separados por varias decenas de segundos. Mientras los registros oficiales los clasificaron como dos movimientos, el modelo desarrollado por los investigadores chilenos sostiene que las observaciones son más compatibles con una ruptura continua que pasó de una falla a otra.
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