El guión invisible de la primera cita

Una vez que llegan al lugar deciden qué ordenar y cuando el camarero se va Hernández pregunta: ¿Y cómo estuvo tu semana? De ahí comienzan a hablar y tras dos bebidas empiezan a interrogarse... Vega con: ¿Dónde estudiaste?, ¿Quiénes son tus amigos? y él con un: ¿Cuáles son tus hobbies?

por Evelis Borjes

Tras días de charla casual en la universidad y dejar varios “me gusta” en Instagram, Héctor Hernández invita a Nicole Vega a una primera cita, donde él la recoge en un carro moderno y en el camino rompe el silencio con un: ¿En dónde quieres cenar? Ella responde: Me gustaría el nuevo restaurante de sushi de la ciudad, a lo que Hernández acepta, dejando el volante lleno del sudor de sus manos.

Introducción mutua

Una vez que llegan al lugar deciden qué ordenar y cuando el camarero se va Hernández pregunta: ¿Y cómo estuvo tu semana? De ahí comienzan a hablar y tras dos bebidas empiezan a interrogarse… Vega con: ¿Dónde estudiaste?, ¿Quiénes son tus amigos? y él con un: ¿Cuáles son tus hobbies?

Puede leer: ¿Se adelantó el Cordonazo de San Francisco?

En esta parte de la cita el hombre normalmente está ansioso, debido a que tiene que impresionar sin hacer notar lo que piensa, tanto económicamente como personalmente.

En entrevistas realizadas a mujeres revelaron que quieren un hombre sea seguro, educado y considerado, una persona que “sepa resolver” situaciones incomodas sin perder la compostura, que sea discreto pero que no caiga en lo ambiguo, que no sea lanzado en la primera cita pero que sepa leer bien las señales que le lancen y que al mismo tiempo respete las fases de confianza con una mujer, que es conocerla, hacerle preguntas, darte a conocer tú también, que poco a poco vaya fluyendo hasta el romanticismo.

Según encuestas realizadas un 54,5% de los hombres consideran que una mujer debe proyectar un buen sentido del humor junto a una actitud positiva, mientras que un 18% considera que estabilidad y madurez son lo más importante.

La razón psicológica detrás de que un hombre busque esto en una primera cita es que son inexpertos en comunicar y son más propensos al rechazo debido que son los primeros en acercarse, por ello deben tener un ambiente seguro en el cual estar, uno donde la autenticidad no sea motivo de burlas o chistes.

Sumado que las mujeres tienen un nivel de expectativa más alto, esto se refleja en sus preguntas, mientras que la mujer interroga al hombre con su pasado, su entorno y evalúa su ambición, el hombre busca conectar desde lo que le gusta, preguntando por lo que le apasiona e interesa.

La primera cita y los primeros acercamientos son solo una prueba de la mujer hacia el hombre para saber si es competente, no es una coincidencia que la mayoría de personas piensa que él debe ser quien pague al menos las tres primeras citas. Ya después de meses de conocerse, según psicólogos, la dinámica cambia y pasa de ser “ganarse a la chica” a “no perder al hombre”, pero ese es otro tema.
Cero ambigüedades, varias indirectas

Entre tanto, se reían con sus anécdotas y crearon chistes internos llenando el ambiente con una complicidad silenciosa, como si se entendieran sin necesidad de explicarlo, en un momento Vega se queda mirando a Hernández y embobado suelta él: “Me encanta cómo te ves, tu perfume también”, su corazón empezó a latir rápido y su respiración a cortar, pero en eso ella responde “tu sonrisa me gusta”, él suelta una risa aliviada y remata con ¿Y mis labios qué tal?, a lo que ella solo sonríe con el corazón desenfrenado.

A la mujer se le ha quitado el derecho a la iniciativa erótica directa, ya que sería percibida como “lanzada” o “muy fácil”. Por ello, el cortejo en la primera cita es una responsabilidad que mayormente cae sobre el hombre, que si hace funcionar la interacción, será visto socialmente como alguien seguro y con estatus.

Este acto se aproxima tras percibir señales por parte de la mujer, como insinuaciones, contacto físico o miradas con doble sentido, a lo que los hombres responden con bromas insinuantes, comentarios circunstanciales y propuestas ambiguas para examinar la energía que hay entre los dos, esto sin arriesgar su imagen en caso de que la respuesta de la mujer sea negativa, de este modo, el humor les permite retirar la intención erótica sin sufrir un rechazo explícito directo.

¿Final insuficiente?

Ya pasadas tres horas de hablar y coquetear, llega la hora de pagar la cuenta, por lo que él se dirige a la caja sin imaginarse que su tarjeta no pasaría por falta de fondos, confundida ella dice: “Puedo pagar mi plato”, él responde: “Tranquila, yo resuelvo” dejándola sorprendida y tras llamar a varios de sus amigos recorre nervioso a su última opción, “Hola, mamá… ¿me podéis pasar 20 dólares? Después te los devuelvo”, Vega escucha esto y queda sin reaccionar, solo se pregunta: “¿Qué tan acertada era la imagen que tenia de él?

La mayoría de personas que laboran entre la edad de 17 a 23 años, obtienen su trabajo por parte de sus papás, contactos o conexiones que tienen, donde la mayoría tiene un sueldo casi suficiente para su edad y necesidades. Sin embargo, los costos de una primera cita (y de las siguientes) son demasiado altos, según encuestados una cena romántica en un restaurante sería de $100 en adelante, una cita tranquila en un café por la tarde varía entre $50 – $60, sin incluir que el costo puede subir por el uso de taxis en caso de que no tenga carro, o la gasolina en caso de que si tenga.

En el caso de las personas que consiguen trabajo de forma independiente, esta situación puede variar, porque hay trabajadores cuyos sueldos son buenos pero su jornada viene con horas de más y/o ambiente hostil, así como trabajos justos con sueldos miserables. En el caso de negocios propios/emprendimientos o trabajos freelance, los sueldos pueden variar aún más, en entrevistas a personas entre 17 y 23 años revelaron que pueden cobrar en un mes solo $15 y algunos $200.

Hay que destacar que muchos comienzan a trabajar desde temprana edad por necesidad personal o familiar, pueden ganar de $200- $3000 debido a esa misma exigencia de independencia, aunque en su mayoría tienen entre 26 y 30 años, sus ingresos se van en cubrir lo básico para su vida.

¡Necesitamos hablar!

El aire está un poco tenso de camino a casa de Vega, a pesar de que la charla sigue activa ya no está el mismo entusiasmo de hace rato, ambos sienten que esconden algo y necesitan comunicarlo, a lo que ella da el primer paso: “Sabes que pude haber pagado mi plato sin pena”, él responde: “Está bien, solo que… no lo sé…” ella insiste que le diga qué piensa, a lo que él solo evade con un: “no importa, me divertí contigo hoy”.

Al llegar a la puerta de Vega se despiden con beso en la mejilla y un abrazo informal. Sin embargo, ambos no dejan de pensar en lo que acaba de pasar, esa misma noche ella hace una larga llamada a su mejor amiga, para examinar si debería tomarse las cosas en serio con él o dejarlo como esta y no pasar al siguiente nivel.

Por otro lado, Hernández al llegar a su casa hace lo mismo, pero solo para examinar que tan bien actuó y lo que ahora Vega debe suponer sobre él, “¿Piensa que soy un estúpido?” o “¿Piensa que sigo siendo un niño?”.

El choque en la experiencia de la cita es bastante estúpido. Sin embargo, el machismo, el materialismo y la inmadurez vuelven el amor una labor, en el que debes cumplir con una serie de requisitos tangibles e intangibles para poder establecer una buena primera impresión y una relación duradera.

Eva Illouz (2009), en su libro “El consumo de la utopía romántica”, argumenta que enamorarse es una experiencia psicológica e íntima, pero que su significado se moldea a partir de lo social basándose en expectativas culturales, rituales de consumo y el estatus socioeconómico de las personas involucradas.

En una encuesta hacia mujeres que atraviesan su adultez temprana, se les preguntó a cuál de ellos le aceptarían una cita: un 76,9% escogió al hombre de traje, argumentando que transmite autoridad, seguridad, experiencia y madurez, muchas de ellas comentaban que lo escogían a pesar de parecer alguien egocéntrico y muy serio. Mientras, un 23,1% escogió al hombre de lentes y chaqueta, argumentando que transmite felicidad, sencillez, serenidad y gentileza, lo veían más auténtico.

Este tipo de conductas vienen de una herencia que basa en miedo y se remonta a la época de la conquista, donde las mujeres indígenas veían a los españoles como un peligro por la esclavitud que ejercían, pero recurrían a ellos para tener relaciones sociales basadas en la reciprocidad (dar y recibir protección, ayuda o bienes mutuos), Maria Rostworowski (1988), argumenta que buscar un líder protector armado en medio del caos fue un método de supervivencia común en aquel entonces.

Esto pasó a la crianza tradicional, donde el papá trae el pan y la mamá (que es la más presente por lo general) educa al hijo con un enfoque según su sexo: si eres mujer debes ser inteligente, precavida, rectada, “si sales con alguien lleva tu propio dinero por si acaso”. Si eres hombre debes ser atento, caballero, “lleva dinero extra e invítala.

Por lo que ahora, la mujer hace una evaluación en una primera impresión: si ese hombre es alguien en quien confiar, que provee y no la encierra con sus actitudes, con pobreza o en una jaula disfrazada de hogar, mientras el hombre se esfuerza por mostrarse como aquello que se espera de él.

El machismo no excluye a los hombres (a pesar de ser ellos los principales responsables de este), ambos sexos tienen que comportarse en base a un esquema impuesto por la sociedad, por lo que la primera cita termina siendo una actuación más que una presentación, es algo como: muestra quién eres, pero no tanto.

Pasa de estar en la colonia, a nuestro hogar y ahora en nosotros, y como nos relacionamos, de acuerdo con Peter L. Berger y Thomas Luckmann (1966/1968), en su obra “La construcción social de la realidad”: “un individuo nace con una predisposición hacia la socialidad, y luego llega a ser miembro de una sociedad”.

Las citas en la actualidad se convierten en una especie de prueba entre las expectativas del pasado y la realidad económica del presente, lo que dificulta la relación genuina a la que se aspira a tener, todo por un mundo lleno de filtros y exigencias sociales dictados por la inmadurez, además de una cultura que se niega a ser realista.

El trasfondo real

Hernández ahorró por un mes para sacarla a cenar, lo pensó desde el primer momento que habló con ella, así que pidió prestado ese carro y se limitó a ser como era naturalmente para proyectarse como aquello que la mayoría de mujeres desea, alguien poderoso, seguro y seductor, sin pensar que el teatro se le fuera caer tan rápido.

Vega realmente lo quiso y lo vio como un chico lindo, sintió que había un interés genuino por conocerla durante la cita y que sus intenciones eran buenas, solo que la idea de venir en un carro moderno pero no poder pagar la cena, así como no querer hablar de lo sucedido la confundieron mucho, le generaba disonancia y se convenció de que él no era lo que quería tener de novio.

Al final los dos siguieron hablando como amigos, Hernández se quedó pensando en que arruinó todo, se muere de ganas por volver a tener esa oportunidad. Vega por otro lado no está cerrada a la idea de volver a intentarlo, pero tampoco moverá un dedo para que suceda algo, pues eso no está en su papel.

Texto: Miguel Ávila estudiante de la cátedra de Redacción y Estilo Periodístico II de la URBE

Manténgase conectado e informado en cada una de nuestras plataformas:

Instagram: notiprimicia

WhatsApp: NotiPrimicia

Telegram: NotiPrimicia

YouTube: @NotiPrimicia

 TikTok: @notiprimicia

Lea también