Desde 1999, 1,15 millones de personas han muerto por sobredosis en Estados Unidos. El flagelo es de tal magnitud que el presupuesto anual para combatirlo ascendió en 2024 a 44,5 mil millones de dólares, el doble del gasto público total de un país como Uruguay.
La crisis no solo se mide en dinero, sino en el impacto social: el 51,2% de la población mayor de 12 años ha consumido drogas al menos una vez en su vida.
Aunque reportes recientes indican un descenso del 24% en las muertes por sobredosis, el psicólogo colombiano Miguel Bettin advierte a DW que el consumo de fentanilo sigue siendo un «grave problema de salud pública».

Fentanilo: 50 veces más adictivo
En los últimos años, el consumo de fentanilo se ha disparado en Estados Unidos. Sus precursores químicos llegan desde China a México, y de ahí a suelo estadounidense, cambiando el paisaje en algunos barrios urbanos.
«El fentanilo es una sustancia mucho más adictiva que la heroína… se calcula que 50 veces más«, explica Bettin. Jonathan Caulkins, investigador de la Universidad Carnegie Mellon, señala que el problema es nacional, aunque se hace más visible en las ciudades donde hay fácil acceso a la droga y servicios de apoyo.

Del castigo al tratamiento
Ante esta realidad, Estados Unidos ha modificado su estrategia. Según Caulkins, el país ha dejado atrás el enfoque puramente punitivo.
«Para los delincuentes no violentos… el objetivo suele ser utilizar el sistema de justicia penal para impulsarlos a recibir tratamiento», explica el experto, destacando la inversión masiva en medicamentos para el trastorno por consumo de opioides.
Bettin coincide en esta visión: «Penalizar al consumidor es una política absurda; debe ser tratado médica y psicoterapéuticamente».
Factores de riesgo
Los expertos concuerdan en que la solución no puede limitarse a «bombardear lanchas en el Caribe». Se requiere un enfoque multifactorial que ataque los capitales del narcotráfico a nivel global, pero que también atienda las causas sociales.
«La predisposición a la adicción se debe a una combinación de factores genéticos y experiencias vitales adversas», concluye Caulkins, advirtiendo que el peligro estalla cuando estas vulnerabilidades se encuentran con una «alta oferta y disponibilidad a bajo precio».
DW / NotiPrimicia
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