¿Hay vida después de la muerte? Estos científicos la estudian

¿La reencarnación es real? ¿Es posible la comunicación desde el ‘más allá’? Un pequeño grupo de académicos está intentando averiguarlo, caso por caso.

por Alejandra Pirela

En una oficina anodina del centro de Charlottesville, Virginia, hay un pequeño baúl de cuero encima de un archivador. Adentro hay una cerradura de combinación, sin abrir desde hace más de 50 años. Quien la puso está muerto.

Por sí solo, el candado no tiene nada de especial: es de los que se usan en el gimnasio. Tiene un código mnemotécnico de una palabra de seis letras convertida en números, y solo lo conocía el psiquiatra Ian Stevenson, quien lo estableció mucho antes de morir y años antes de jubilarse como director de la División de Estudios Perceptivos (DOPS, por su sigla en inglés), una unidad de investigación parapsicológica que fundó en la Facultad de Medicina de la Universidad de Virginia en 1967.

Stevenson llamó a este experimento la Prueba de la Cerradura de Combinación para la Supervivencia. Pensó que si podía transmitirle el código a alguien, desde la tumba, podría ayudar a responder las preguntas que le habían consumido en vida: ¿la comunicación desde el “más allá” es posible?, ¿la personalidad puede sobrevivir a la muerte corporal? O, simplemente: ¿la reencarnación es real?.

Este último enigma —la supervivencia de la consciencia tras la muerte— sigue estando en la primera línea de la investigación de la división. El equipo ha registrado cientos de casos de niños que afirman recordar vidas pasadas de todo el mundo, excepto de la Antártida. “Solo porque no hemos buscado casos allí”, dijo Jim Tucker, quien durante más de dos décadas ha investigado los reportes de vidas pasadas. Hace poco se jubiló tras haber sido director de la DOPS desde 2015.

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Para empezar, fue una trayectoria profesional inesperada.

“En lo que respecta a la reencarnación en sí, nunca tuve un interés especial en ella”, dijo Tucker, quien solo se propuso ser psiquiatra infantil y fue, en un momento dado, director de la Clínica de Psiquiatría Infantil y Familiar de la Universidad de Virginia. “Ni siquiera cuando me estaba formando se me ocurrió que terminaría en este trabajo”.

Ahora, a los 64 años, tras viajar por todo el mundo para registrar casos de posibles recuerdos de vidas pasadas, y luego de publicar libros y artículos propios sobre el tema de las vidas pasadas, ha dejado el cargo.

“Hay un nivel de estrés en la medicina y en el mundo académico”, reflexionó. “Siempre hay cosas que deberías estar haciendo, trabajos que deberías estar escribiendo, recetas que deberías estar prescribiendo. Disfrutaba de mi trabajo diario, tanto en la clínica como en la DOPS, pero llega un momento en que no estás dispuesto a tener tantas responsabilidades y exigencias”.

Según un anuncio de trabajo publicado por la facultad de Medicina, además de su reputación académica, el candidato ideal para sustituir a Tucker debe tener “un historial de investigación rigurosa de experiencias humanas extraordinarias, como la relación de la mente con el cuerpo y la posibilidad de que la consciencia sobreviva a la muerte física”.

Ninguno de los ocho miembros principales del equipo tiene la categoría académica necesaria para desempeñar el cargo, por lo que es necesario encontrar a alguien externo.

“Creo que existe la sensación de que sería rejuvenecedor para el grupo que viniera una persona de afuera”, dijo Jennifer Payne, vicepresidenta de investigación del Departamento de Psiquiatría, quien dirige el comité de selección.

A group of six people are seen in front of a series of bookcases. Three are seated and three are standing behind them.
El equipo de investigación de la DOPS incluye, en el sentido de las manecillas del reloj desde la parte superior izquierda, a Jim Tucker (quien se jubiló recientemente), David Acunzo, Marina Weiler, Elliot Gish, Marieta Pehlivanova y Philip Cozzolino. Credit…Matt Eich para The New York Times

Tucker dirigía una ajetreada consulta cuando se enteró de la existencia de la DOPS. Era 1996 y un periódico local, The Daily Progress de Charlottesville, había hecho un perfil de Stevenson tras recibir financiación para entrevistar a personas sobre sus experiencias cercanas a la muerte. Atraído por el trabajo pionero, Tucker empezó a trabajar como voluntario en la división antes de incorporarse como investigador permanente.

Cada uno de los investigadores de la división ha dedicado su carrera —y, hasta cierto punto, ha arriesgado su reputación profesional— al estudio de lo llamado paranormal. Esto incluye las experiencias cercanas a la muerte y extracorpóreas, los estados alterados de conciencia y la investigación de vidas pasadas, que se engloban bajo la “parapsicología”. Son científicos que se han desviado del camino habitual.

La DOPS es una institución curiosa. Solo existen unos pocos laboratorios en el mundo que tienen líneas de investigación similares —la Unidad de Parapsicología Koestler de la Universidad de Edimburgo, por ejemplo—, pero la DOPS es la iniciativa más destacada. La única otra unidad de parapsicología importante en Estados Unidos era el Laboratorio de Investigación de Anomalías de Ingeniería de Princeton, o PEAR, que se centraba en la telequinesis y la percepción extrasensorial. Esa unidad se cerró en 2007.

Aunque técnicamente forma parte de la Universidad de Virginia, la DOPS ocupa cuatro espacios similares a condominios dentro de un edificio residencial. Está notablemente alejada del frondoso campus principal de la universidad, y al menos a un par de kilómetros de la facultad de Medicina.

“Nadie sabe que estamos aquí”, dijo Bruce Greyson, de 78 años, antiguo director de la DOPS y profesor emérito de psiquiatría y ciencias neuroconductuales de la Universidad de Virginia, quien empezó a trabajar con Stevenson a finales de la década de 1970. “Ian era muy cauto al respecto, porque se había enfrentado a muchos prejuicios”, dijo Greyson. “Mantuvo un perfil muy bajo”.

Greyson recibió muchas críticas antes de unirse a la DOPS. Había trabajado en la Universidad de Michigan durante ocho años al principio de su carrera, pero su interés por las experiencias cercanas a la muerte empezó a irritar a otros, como le ocurrió a Stevenson.

“Me dijeron, sin rodeos, que no tendría futuro allí si investigaba las experiencias cercanas a la muerte, porque eso no se puede medir en un tubo de ensayo”, dijo. “A menos que pudiera cuantificarlo con una medida biológica, no querían oír hablar de eso”. Dejó Michigan por la Universidad de Connecticut, donde pasó 11 años, y luego encontró el camino hacia la DOPS.

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