Venezuela: una transición con prisa petrlera y pausa social

El nombramiento del Consejo de Revisión —que incluye a figuras como Rogelio Pérez Perdomo y María Bernardoni de Govea— ha sido resultado del diálogo entre las delegaciones del Gobierno nacional y de la oposición/Asamblea Nacional-2015, que ha cerrado un segundo ciclo de conversaciones con pocos reflectores a su alrededor

por Evelis Borjes

Destellos de transición —el nombramiento del Consejo de Revisión de Credenciales y Requisitos de postulados y postuladas ante el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y las excarcelaciones de algunos presos políticos— se asoman tímidamente en la larga noche que atraviesa el país, flagelado por la inflación, la pobreza y los apagones.

El nombramiento del Consejo de Revisión —que incluye a figuras como Rogelio Pérez Perdomo y María Bernardoni de Govea— ha sido resultado del diálogo entre las delegaciones del Gobierno nacional y de la oposición/Asamblea Nacional-2015, que ha cerrado un segundo ciclo de conversaciones con pocos reflectores a su alrededor.

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Han pesado más la 81ª. Asamblea General de las Naciones Unidas, los siete intentos de retorno de María Corina Machado, el acuerdo petrolero antes anunciado por los EE.UU. y otros contrastes entre sectores de la opinión pública y la administración Trump –que no ha sido lo que tantos esperaban–.

Otro compromiso es el levantamiento de «medidas administrativas a portales de noticias, páginas web y medios electrónicos». Otro camino a medias ante el cual Caracas todavía está en deuda, así como con el de los presos políticos —entre los cuales están aún el capitán Antonio José Sequea y el joven Oswaldo Castillo—, liberados a cuentagotas. Cierto, ya se ha dicho que la lucha por el país «no es una carrera de cien metros, sino un maratón de resistencia». Sin embargo, no es cuestión de prisa, sino de voluntad política. Pues, cuando esta última se da, incluso el Merey –crudo extrapesado– fluye con rapidez, como pudimos observar con el reciente acuerdo petrolífero reivindicado por los EE. UU., así como en las reformas exprés de las leyes orgánicas de Hidrocarburos y de Energía y Minas.

Dicha velocidad ha sido también aplicada en el restablecimiento de las relaciones bilaterales con los países occidentales, más allá de los EE. UU., entre los cuales están España, Italia y el Reino Unido. Sin embargo, al calar en la realidad social, el ritmo de la política se ralentiza: a más de nueve meses del tutelaje, el venezolano de a pie es tan o más pobre que antes de la captura de Nicolás Maduro; la inflación y el tipo de cambio entre el bolívar y el dólar se han disparado de forma despiadada; la salud sigue siendo inaccesible, tal como el derecho a la educación y los racionamientos han empeorado, pues la mayor parte de la producción petrolera —de la cual no se han visto frutos— está pegada al Sistema Eléctrico Nacional. Es una herida sobre todo para el zuliano que ha venido perdiendo la paciencia entre tantas promesas vacías. Se siguen llevando el petróleo y, junto al petróleo, la electricidad.

Sin embargo, esta vez no hay bonanza. Se siguen llevando el petróleo, esta vez con más prisa y en cambio queda la contaminación —los derrames de crudo, un lago sin biodiversidad— y una lista indiscriminada de enfermedades como paga a la población, entre asma, bronquitis crónica, leucemia y pare de contar.

Hablamos, por tanto, de dos países distintos: el de las élites de ayer y de hoy, siempre presentes en la mesa de la repartición, y el de los «nadies», como les llamaba Eduardo Galeano: los «hijos de nadie» y «dueños de nada», usados por cual caudillo –mestizo, catire, hombre y mujer– se engrille con la idea de pasar a la história a cuestas de Venezuela.

NotiPrimicia/Especial: Estefano Tamburrini

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