Visitando muertos, por Douglas Zabala

por Dennys Bracho

Cada 2 de noviembre celebramos el Día de los Fieles Difuntos. Igual se conmemora el diálogo sagrado entre dos mundos que chocaron y, a la fuerza, terminaron fundiéndose. Para entender esta celebración, hay que rastrear estas dos corrientes de creencias: la férrea doctrina católica traída por los colonizadores y las profundas cosmovisiones indígenas que se negaron a morir.

Hablando de fieles difuntos, aquí en Maracaibo en el año 1925 fue inaugurado el Cementerio Municipal San José. Poco caso le hicieron los maracuchos de entonces al presidente del Concejo Municipal Blas Menda, en eso de llamarlo Cementerio San José, porque cuando lo vieron más perfecto que el redondel del Sol, lo comenzaron a llamar Cementerio El Redondo.

La Iglesia Católica estableció esta fecha del día de los muertos en el siglo X. Los españoles trajeron esta tradición con la espada y la cruz, imponiendo sobre el «paganismo» un nuevo orden espiritual. Pero, esta semilla cayó sobre una tierra donde la muerte no era un fin, sino una transición.

Ese cementerio que está en la avenida La Limpia fue inaugurado en los días de abril de 1941. El Corazón de Jesús se convirtió en el primer Camposanto de la ciudad del siglo XX con ribetes de modernidad.

En México, los aztecas rendían culto a Mictecacíhuatl, la «Diosa de la Muerte», durante meses completos en festivales presididos por el cráneo de los ancestros. En los Andes, los incas momificaban a sus seres queridos y los sacaban en procesión para que siguieran participando de la vida comunal.

Ese Camposanto que está al bajar el Elevado Padilla lo llamaron el Cementerio Nuevo y apenas tenía doscientos metros de largo por doscientos metros de ancho. Quizás por esa precisión geométrica en su espacio, los maracuchos terminaron llamándolo El Cuadrado. Fue inaugurado el 12 de noviembre de 1879.

En Venezuela, este mestizaje adquirió sus propios matices. Si bien la tradición es más recogida que la vibrante celebración mexicana, posee una profunda calidez familiar. El 2 de noviembre, los cementerios en pueblos y ciudades se llenan de un ir y venir respetuoso visitando a sus muertos para llevarles flores y recuerdos.

Douglas Zavala

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